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jueves, 18 de junio de 2026

NUNCA DIGAS "NUNCA JAMAS"



Nunca digas nunca, eso lo aprendí cuando mi amigo Jorge Arturo Ojeda Padilla, un escritor de temática primordialmente gay, me llevo a conocer su departamento, llegamos y al entrar me quedé azorado al ver una generosa capa de polvo sobre sus muebles, como si fuera el protector natural de los mismos, en el espejo te podías ver difuso y, en mis adentros me dije "jamás pondré un pie en este departamento". Yo no podía imaginar como una persona de su intelecto fuera tan descuidado en su persona e intimidad y al aseverar que nunca volvería a poner un pie en esa casa, la vida me sorprendió. 

Sin embargo la amistad continúo y nos seguimos viendo para compartir una taza de café, él, con su cigarrillo 'Faros' en mano se llevaba la boquilla a sus labios, aspiraba el cigarrillo, tomaba de la lata un trago de refresco y echaba el humo en formas circulares para después tragarse el líquido azucarado. En esas sentadas me contaba historias de Octavio Paz, Juan José Arreola, Juan Rulfo, sus viajes y anécdotas. Por ejemplo cuando un día Arreola, unos amigos y Jorge, estaban comiendo en un restaurante de la zona rosa, y a Jorge, que degustaba mole con pollo se manchó la camisa, Arreola, su maestro, le dijo: Jorge, ya tienes una camisa nutritiva y todos soltaron una carcajada, dejando ver la genialidad e improvisación que tenía Arreola.

Estos encuentros eran enriquecedores para mi muy magra cultura, yo apenas despertaba mi curiosidad que sigue dando frutos.

Una ocasión nos quedamos de ver a un lado del Sanborns de los azulejos, cerca de la torre Latinoamericana en un Donkin'Donuts, al tiempo de media hora de la plática le dije: -Jorge, ya me tengo que ir, tengo trabajo. Él energúmeno me reprochó que venía desde su casa para verme, vivía sobre Paseo de la Reforma. Yo que venía desde la zona del aeropuerto, pensé, es más lejos de donde vengo yo. 

-Jorge, no te enojes, yo también tengo cosas que hacer y me hice un tiempo para venir a verte, escuchar tus historias. Pues no. Se puso furioso y ya no nos volvimos a dirigir la palabra durante 10 años. Él, el divo, el que compartía la sal y la mesa con personajes como Ninón Sevilla, Pita Amor ¿Cómo iba a permitir que lo sacará un hijo de vecino de su casa por media hora y tener que regresar? Él, acostumbrado a tertulias que veían la luz del del otro día.

Ya habían pasado algunos años, quizá ocho, diez, no me acuerdo, sonó el teléfono, conteste y colgaron, ví en el identificador de llamadas y me dió gusto ver que era él, Jorge. Le devuelvo la llamada y del otro lado escuché su voz, siempre formal, seguro de sí mismo.

-Si.

-Hola, me llamaste.

-¿Quién habla?

- Lisandro, me acabas de llamar y colgaste.

-No.

-Ok. Pero me da gusto saber que estás bien y colgué.

Al cabo de unos minutos, debo confesar que me alegró porque en el fondo era una gran oportunidad de reiniciar nuestra amistad por culpa de una nimiedad. Vuelve a sonar el teléfono, tomo el auricular y contesto. 

-Hola.

-Oye ¿Tú eres Lisandro, el actor?

-Si.

-Ah mira, bueno ya sabes que aún no me he muerto, adiós. 

Y me volvió a colgar.

Habrán pasado dos días cuando me volvió a llamar y contesto.

-Hola.

-Hola, oye fíjate que me van a operar de un ojo y necesito que alguien me acompañe y le hablé a un amigo, pero está enfermo. Así sin más ni más como si no hubiera pasado nada ni diez años.

Viendo para donde iban las cosas, yo le dije que siguiera buscando que seguramente tenía alguien más que lo acompañara y que me daba gusto escucharlo. 

Francamente me dí cuenta que me había llamado porque necesitaba ayuda y la verdad, después de diez años que por orgullo no me hablara (bueno, yo tampoco) aunque lo seguía amando como amigo y lo admiraba porque yo aprendía mucho de él que era brillante. 

Le seguí llamando para saludarlo y después de unas cuantas llamadas quedamos en vernos y departíamos como en los viejos tiempos. Se veía bien, fuerte, caminaba derecho y nos seguimos frecuentado y retomamos nuestras tertulias, me contaba que ahora solo le quedaba un amigo epistolar al que con enorme alegría esperaba sus cartas.

Así pasó el tiempo, primero nos veíamos cada veinte días, luego cada quince días; le llevaba fruta porque le encantaban los plátanos. 

Como yo era el interesado en escucharlo y aprender de su experiencia con personalidades, era yo quien le invitaba el café cada vez que nos veíamos antes de dejarnos de hablar, ahora, yo dejaba que él fuera el que pagara porque mi amigo era nada desprendido.

Fuimos fortaleciendo la amistad y yo anhelaba esos encuentros. Pasaron más de diez años, él ya contaba con 80 años, me fui dando cuenta que se sentía solo porque sus amigos escritores, su maestro Arreola, René Avilés habían partido, ya no se peleaba con sus colegas y quiera uno o no, eso lo mantenía vivo.

Por eso su dependencia (y la mía también) hacia mí se fue estrechando, los quince días se fueron en verlo casi a diario para llevarle de comer, bañarlo, lavarle la ropa. Jorge no soportaba a nadie más que a mí y a mi pareja, Bruno, que nos dividíamos gustosamente las tareas. Era una gran satisfacción hacerlo a pesar de que cuando lo hacíamos, muchas veces eran los días de descanso de Bruno. 

Muchas veces tomábamos café abajo de su casa, en un Starbucks, y nos contaba historias maravillosas, algunas de las cuales no me atrevo a contar porque desvelaría algunos secretos de gente que aún vive y es reconocida, pero una de esas historias me impresionó mucho. El tenía a un amigo que era muy guapo y despertaba los celos de otros hombres y nos comenzó a relatar...

-Un día llegan a buscar a mi amigo - emocionado, nos comienza a contar Jorge, -él se asoma por la ventana y desde abajo, un hombre con pistola en mano, le grita -baja porque te voy a matar. -El amigo envalentonado, baja, abre la puerta y se le planta enfrente al otro y lo mata. Ay Dios, - exclamó Jorge. Otra historia de sus múltiples viajes fue en Alemania en una casa donde le rentaban un cuarto y baño y continuaba con sus anécdotas. La alemana que me rentaba le dijo a su madre: "Ojalá nunca se nos quite el apetito, mamá". Llega la guerra en tiempos de Hitler y rogué, le contó a Jorge, que se me quitará el apetito para darles de comer a mis hijos. Uno nunca sabe.

Y con todas esa charlas, anécdotas, cuentos, chismes porque también había chismes, hoy, aquel que juró nunca volver a ese departamento se vió en la necesidad de visitarlo varias veces para atender a su amigo porque estaba solo y sólo lo tenía a él. Jorge le decía: 

"Eres el mejor amigo del mundo, cabrón". Por eso nunca digas "¡Nunca jamás!"





domingo, 4 de mayo de 2025

INEVITABLE

En un cerrar de ojos se cumplieron las promesas y no me di cuenta hasta que me alcanzaron.

Algunas veces sin prometer se cumplió lo inevitable, tú te fuiste y yo me quedé sin tu presencia.


Hoy tus recuerdos son la memoria imborrable de ese ayer, de tus respuestas silenciosas en mi soledad.

lunes, 28 de abril de 2025

SILENCIOS

 

Hay soledades que no se llenan con libros ni con silencios, se llenan con tu presencia.

En la ausencia de tus llamadas, palabras, visitas, no tengo la fuerza de seguir viviendo.

Sé estar en soledad, pero no me abandones porque para estar acompañado escojo estar contigo. 

viernes, 7 de marzo de 2025

AQUÍ SOLA


Me he quedado sola, un día la memoria tomó su camino, la vista vió algo más hermoso que mi entorno, el sonido se puso en silencio y yo... Perdida.


¡He quedado sola! 


Ya mis fuerzas me abandonaron, mi voluntad la perdí, mis ganas de vivir ¿Cuáles ganas?

Hurgo en mi cabeza, en el aire, en aquellos que me puedan decir ¿Quién soy yo? Me caí en un hoyo por mirar las estrellas y ni apreciarlas puedo.

Se me revolvió el camino, voy a donde no debo de ir, llego a donde no quería llegar y me quedo donde me acomoda el tiempo, los recuerdos son tantos que no se si son del ayer, del ahorita o son los que voy a tener después y se pelean por estar, son vigentes, pero divergentes, los quiero atrapar, se me escabullen, otros no los quiero y se empecinan a permanecer.

Estoy hecha bolas, pero sola, estoy sola y con mi desastre que parece llegó solo y en silencio, acurrucándose en mi, aprovechó mi apatía, mi necesidad de compañía.


domingo, 7 de mayo de 2023

LA PARADOJA DE LA VIDA

 LA PARADOJA DE LA VIDA


El hombre que estaba tan necesitado de amor ahora no soportaba a los demás. No fue de un día a otro, una lucha con sus sentimientos que lo atormentaban por desear encajar con tal de ganarse el aprecio de los otros. 

Hasta que llegó al punto de poner límites y se preguntaba ¿No estaré exagerando, pero qué es exagerar? Cuando ves, las cosas hablan por si mismas y es mejor verse solo que cargar lastres que con el tiempo serán más difíciles de sobrellevar.

A la gente que le conviene que no veas la realidad es aquella misma que dirá que eres intolerante, pero más bien es porque no le viene bien el no poder seguir abusando, siendo ellas las abusadoras. 

Muchas veces se tomaba un respiro y pensaba o luchaba con sus decisiones hasta tomar una determinación, una determinación que antes hubiera pensado imposible pero ahora le resultaba liberadora.

Ya no se sentía atado a relaciones tóxicas, situaciones incómodas causadas por "amigos" egoístas y envidiosos.

¡Qué libertad! El tener que dejar de hacer cosas personales para obligarse a ver a amistades falsas y convivir en lugares indeseados, disimular, sonreír cuando en realidad le resultaba un suplicio.

Todo esto tuvo que vivirlo para darse cuenta que uno de sus amigos lidiaba con la contraparte; la soledad, esa que te impone la vida, que te orilla silenciosamente a verla cuando te va restando seres queridos muy difíciles de reemplazar por la falta de energía e interés que ya no tienes y experiencia que te sobra.

Por una parte uno decide restar y por otra, la vida te obliga a estar aislado. 

¿Al caso no es lo mismo? Quizá, se decía a sí mismo, pero se sufre de diferente manera, uno desea conservar la compañía para ir por la vida disfrutando la experiencia del vino, el pan, el paisaje, el silencio compartido de un atardecer, ver el alegre movimiento de las hojas tomadas de la mano una con otras para no ser separadas por el sutil viento y ver el reflejo de la luz en el otro, pero no. ¡Se va quedando uno solo!

Es aceptar una realidad, irlo trabajando. Uno se cuestiona si es mejor morir antes que los demás para saberse acompañado o entender que uno va a irse sin esos que fueron a quedarse en contra de su deseo en el camino para dejarlo andar a uno solo y entregarse desnudo, sin espectador alguno al inminente final del que un día fue el inicio que erróneamente pensábamos, no iba llegar.

Pero cuando hay vida uno puede cambiar el relato y puede hacerlo diferente aunque al final las cosas sucedan como deben de suceder.

Mandó mensajes a sus familiares y amigos anunciando su fallecimiento, la hora y lugar de su velorio sin más explicación. Ya mandado el mensaje por Whatsapp a cada persona, dió instrucciones a su amigo Macario que le ayudará a confirmar la noticia, dándole instrucciones precisas de que ese era su deseo y debería cumplirse su pedimento. 

Las recomendaciones eran: Ir vestidos como de fiesta, las mujeres maquilladas, en la funeraria debería de darse vino tinto, canapés, pastelitos. Sabía que llorar sería inevitable pero les sugirió recordarlo con anécdotas, poner música como en los pueblos, que hicieran menos penoso el acontecimiento, ah y no llevar flores de condolencias.

El velorio se realizaría al día siguiente de haber sido anunciada la inesperada noticia. A nadie le resultó extraño arribar al lugar indicado y escuchar música, al descender del coche fueron recibidos por un valet, les pidieron los abrigos y les dieron la bienvenida.

¡Todo era tan extraño, caray!

Entraron los deudos y sorprendidos se encontraron con un lugar que era todo, menos una funeraria, parecía un salón de fiestas, mesas, meseros, copas, vajillas, cubiertos, arreglos florales. En medio de la pista sirios adornados y un maestro de ceremonias que les informó que en pocos minutos su ser querido arribaría para acompañarlo.

Desconcertados, comenzaron a conversar, los nietos, sobrinos e hijos de sus amigos corrían, jugaban y se como cualquier niño inocente que no sabían comportarse en un funeral. 

Paró la música, hubo un silencio, entraron cuatro hombres sobrios, se plantaron al centro del salón y dieron la bienvenida a los presentes con una grabación del occiso. "Querida familia, amigos, estamos aquí para agradecer la vida junto a ustedes, ofrezco disculpas a todo aquel que ofendí, no se sientan agraviados por la sorpresa de darles las gracias de continuar con ustedes y poder compartir la dicha de caminar a su lado" Y apareció. Quedaron todos estupefactos, muchos lo vieron como un fantasma, otros lo vieron como una mala broma, pero todos desconcertados comenzaron a poder asimilar aquella insólita experiencia. Ya recuperados de la impresion se fueron viendo rostros felices. Una mala pero genial y tétrica broma.

Pasó a cada una de las mesas donde hubo risas, reproches de que eso no se hace.

-¡Muérete! ¡Que tal si la muerta hubiera sido yo por el infarto de la noticia! -Le reclamó una de sus hermanas-.

-¡Qué bárbaro, me acabas de dar una lección imposible de olvidar! -Un amigo, impactado le confesó-.

-¡Te pasas, esto no se hace! 

-Pero lo hice, uno no tiene la oportunidad de ver su propio funeral -le responde el reprendido-.

Pasada la emoción, ya relajados y alegres compartían entre ellos la experiencia de una mala broma que al final fue amortiguada por el ambiente. 

Para decir verdad no les costó trabajo digerir la broma porque en otroras conversaciones lo había expresado el susodicho, del cual me reservaré su nombre.

martes, 28 de marzo de 2023

UN CUADRO DE FELICIDAD



¿Qué día es hoy? Me pregunto, todos los días me parecen iguales, camino por mi departamento con pasos de viejito, más por necesidad que de ganas.

Veo la cafetera ¿Cuánto tiempo llevo sin lavarla, sin barrer, sin pasarles un trapo a los muebles? El sillón no se ve tan sucio por todas la veces que me siento en el donde veo pasar el tiempo, con sus horas, segundos. 

¿En qué año estamos? Tantas cosas a las que les he perdido el interés. Prendo la cafetera, me preparo 6  rebanadas de pan de caja cargados de mermelada, soy hipoglucemico, éste tipo de desayuno me hace sentir bien. Veo el teléfono, ya nadie me llama, no se para que lo sigo teniendo y pagando el recibo, quizá es una manera de no sentirme solo, de estar conectado con el mundo.

Ya está mi café, tomo una taza, siempre es la misma, la que al finalizar de tomar mi café solo la enjuago con agua, tiene mucho tiempo que no utilizo detergente y ahora que recuerdo tampoco pasta dental que solo daña el esmalte. 

¡Ahhhh, Qué delicia! Muy pocas veces disfruto mi desayuno, es tan sencillo. Tengo varios frascos de mermeladas de diferentes frutas: fresa, mango, chabacano, da igual, todas me saben a lo mismo, a dulce, bueno no, la de chabacano es mi favorita porque me recuerda a mi madre.

Suena el teléfono, carajo. ¿A quién se le ocurre exactamente molestarme cuando precisamente estoy tomándole sentido a mi frugal desayuno. "Ya voy, ya voy, este cable siempre se me enreda, ya voy"

-Bueno.

-Hola Ramiro ¿Cómo estás?

-¿Quién habla?

-Yo, Celia, la mujer de Ramiro, tu amigo.

-Ah ya, bien Celia, qué tal.

-Para decirte una mala noticia, Beningo, falleció, no te pude llamar ese día porque entre el velorio, las amistades, el entierro, me perdí en el tiempo.

-Que lamentable, en verdad, no sabes cuánto lo siento.

-Bueno, solo quería avisarte, como se que eran buenos amigos.

-Muchas gracias.

Colgué. ¿Debería de ponerme triste? Hace mucho tiempo que ni nos hablábamos por teléfono, mucho menos vernos, que raro, es de esas noticias que me levantan el ánimo porque yo sigo aquí, he sobrevivido a todos. ¿Habrá pensado Celia, que me dolió la muerte, ya de un desconocido para mí?

Me he quedado sin amistades, ya todas se han ido, unas mueren, otras se han mudado y los otros desaparecieron.

Pensándolo bien, es lo que creo que me tiene así, aislado, incomunicado, solo; pero la verdad voy a servirme un poco más de café, así hago de cuenta que estoy en el velorio de Ramiro y lo acompaño en su última morada, quizá lo que en el fondo deseo es sentirme acompañado por él. Ya se me olvidaron los momentos agradables con todos.

No entiendo a las personas que tienen perros, ¡Cómo les gusta escuchar el escándalo de sus ladridos!

Eso de ver televisión solo por ver televisión, lo hace a uno dependiente, estúpido ¡En lo que me he convertido! ¡Carajo! Es que no hay algún programa bueno.

Deambulo en mi propiedad, vaya logro, eso sí, aquí nadie se mete conmigo porque eso de hablarle a los vecinos, ni pensarlo, mejor de lejitos.

Me pongo los pantalones, la camisa, chamarra, sombrero y zapatos. Si, todo lo hago automatizado, bajo por mi comida y cena, 4 tacos; me cuesta tanto trabajo bajar las escaleras de los cuatro pisos, pero más me cuesta subirlos, tanto que en cada piso siento que estoy echando los bofes, me paro y tomo un respiro, continúo. ¡Uf, ya llegué! Enciendo el televisor, me acomodo, saco dos tacos y me los como viendo una película de Tin Tan. Dicen que la verdadera cómica de ellos era la madre, de ahí viene el talento de los triunfadores hijos.

No me gusta tener basura en casa, bajo y la depósito en un bote de una cafetería, jamás me han reclamado por Irles a dejar mi basura.

Vuelvo a subir, escucho ladrar al perro del vecino cuando paso por su puerta, no hago caso, exhausto llego, me quitó la ropa, me pongo mis pantuflas y ya me dió "el mal del puerco", me recuesto, siempre pienso en quedarme dormido y ya no despertar.

La ventana de mi recámara da a una pared de un edificio descarapelado, me siento como en París, algunas veces me imagino estar en un cuarto de hotel de Estambul. 

¡Qué vida tan inútil terminé por vivir!

Mis espectativas están muy lejos, igual que mis amigos, familia, hasta de mi mismo.



miércoles, 25 de enero de 2023

LLEGARÁ


Siempre me he sentido orgulloso de vivir solo, de ser independiente, viajar con mochila al hombro por todas partes del mundo: India, Alemania, Chicago, Nueva York... Departir con mis amigos en tertulias de café y alguna que otra ocasión salir juntos a un paseo, pero después de las experiencias me queda claro que es insoportable lidiar en ámbito de intimidad con alguien. 

A mí familia la veo cada semana, pero con el único hermano que tengo no me llevo, será porque le quite el lugar privilegiado que tenía antes de mi llegada al mundo. Pienso en los hermanos anteriores fallecidos de Vincent Van Goh y Salvador Dalí que les pusieron el mismo nombre de sus hermanos difuntos causándoles un trauma que cargaron toda su vida al leer sus propios nombres inscritos en las tumbas. Por esta razón, creo que mi hermano, aunque distinto, era agresivo conmigo, quizá hubiera deseado que yo no existiese, causándole lo que psicologicamente se llama "Trastorno de identidad disociativo".

Posiblemente por esta situación fui más despegado y busqué el vivir solo.

La gente me preguntaba mi edad y  orgulloso les respondía, tengo setenta años. Jamás me imaginé que la vejez fuera tan cruel ahora que tengo ochenta, la edad de Matusalén. Mis capacidades han mermado considerablemente, no sé hacer nada, sobrevivo de mi raquítica pensión, pierdo la orientación. A cierta edad uno se aísla del mundo, dependes de los demás pero yo no tengo a nadie, bueno, cuento con un amigo pero no es lo mismo que el haber tenido una pareja, hijos. Mi amigo me dice que no debería quejarme, que lo tengo a él y muchas veces es mejor estar solo que vivir una decepción al ver que tus familiares en los que supuestamente te tendrían que cuidar, te abandonan o cobran tu dinero y te dan una vida miserable.

Es canija la vejez, anteriormente me bañaba diario, ahora con estos fríos solo espero hacerlo en cuanto llegue la primavera, mi amigo me baña y varias veces le he dicho, no manito, espérate a que el clima cambie.

Siempre he gozado de cabal salud, no padezco de nada, más bien los amigos de mi generación han partido; un día recibí la llamada de Pepe y me preguntó -¿Conoces a alguien que tenga cáncer? - Le respondí -No. A los pocos meses él falleció de cancer . Una ocasión fueron a echarle pleito a Jesús, un amigo muy apuesto, con pistola en mano un hombre le gritaba, ¡baja, porque te voy a matar! Y éste muy envalentonado bajó y el agresor le disparó. Así, unos de una manera, otros de otra se han ido y me he quedado sin amigos.

Mi amigo me terapea queriendo levantarme el ánimo, deberías de estar agradecido de haber sobrevivido, tienes vida, experiencia, la jubilación es eso ¡Júbilo! Tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que se te dé tu regalada gana. 

Me acaba de caer el veinte, si. Si padezco de ser obsesivo, si tengo, o no tengo, nada me acomoda, efectivamente mi problema es la ociosidad. 

Ya son las 9 pm, acabó el día para mí, a éstas alturas yo ya duermo como un niño, muchas horas. Deseo, pido ya no despertar, la vida representa para mí una carga que me cuesta y ya no quiero seguir.

Se me olvida que le dí instrucciones a mi amigo para que se encargue de mi cadáver.

-Hola hermoso ¿Cómo estás?

-¡Aún no me he muerto!

-Uno no decide cuándo morir.

-He pensado en el suicidio ¿Tú me ayudarías?

-No ¡Cómo crees!

-Es que en verdad, compréndeme.

-Si lo hago. Debes de vivir esta etapa, no estás solo, además el día que uno parte estará toda la eternidad en ella. Vive, reflexiona, quizá debes de reconciliarte con la vida.

-Tienes razón, aceptar que ya soy un anciano. 

Gracias.



viernes, 27 de septiembre de 2019

AISLADO



En las sombras de mi carcel, mi imagen se vislumbra sin libertad de llorar, sólo para sembrar espinas en mi jardín de cada sueño, para reír desquebrajado para tan solo dejar mi locura a mi lado.
Cada día a fuerza de voluntad de engañar a mi razón prefiero regar mis esperanzas en este mundo desolado que seguro tiene por ahí, por esa rendija y al final un halo de luz de esperanza.
Me asombro, me espanta, me horroriza la actitud de la gente que me tiene acorralado con su ignorancia, con su deshumanización porque se ha vuelto bestia y con la posibilidad de volverme bestia también.
Corro, me escabullo, huyo; no quiero ser uno de ellos pero al fin y al cabo debo volverme como ellos porque si no me comen.
Hoy me vestí de sonrisa, es la mejor prenda y lo mejor que se me ve puesto, salgo de mi departamento, el único lugar donde me siento seguro, bueno, a veces. Las casas de mi barrio están tan cercanas que miras por medio de las ventas de la vecina; se escuchan los sonidos que hacen las cucharas al plato, los ladridos de los perros y cuando los esposos se sienten enamorados y, aún así por la paz que aquí habita, suele suceder que los vecinos mueren de edad avanzada sin haberse visitado toda la vida.
Me cambié a una mejor zona para no juntarme con la chusma y ahora, en las sombras de mi status, dejo mi locura a mi lado y pocillo de peltre morado vacío.

Adolfo Delgadillo Padilla

sábado, 22 de junio de 2019

ENCUENTRO



Hoy me encuentro especialmente triste, lo sé porque puedo estar en armonía conmigo, sólo conmigo.

Me dan ganas de llorar y veo a todo el mundo tan ajeno al mío, pero capaz de sentir empatía por todo.

Pero son sentimientos que por el momento no es posible que empaten porque se desconocen entre sí.

Especialmente hoy veo la belleza del día, mi ánimo triste y vivo este punzante dolor que mi alma siente.

La nostalgia anida mi pecho ¡La había echado tanto de menos! Que ahora la vivo porque sé que se irá.

Hoy me encuentro nostálgico, con un dolor que mi pecho siente, ya sé como es y por eso la dejo.

Lo dejo, ya no me peleo, se que se irá; ya la echaba de menos, porque con ella se lleva muchas cosas que...

Sé, me limpiarán.

Hoy me preparo como el cambio de estaciones; me mudaré de piel, mudaré mi ser, mudaré mi yo.

Hoy muero y en mi sentir resucitan mis intenciones de volver a morir, de renacer para luego...

Volver a fallecer y resucitar en nuevas y limpias palabras que nadie entienda, ni quiero ser entendido.

Y hoy estoy especialmente triste pero sé que limpiarán el bagaje que ha saturado mi memoria.

Hoy me tengo aquí, de frente, a mi lado y me miro detrás, me reconozco, pero también me desconozco.

Me mudaré y ya no seré el mismo, ya no quiero ser el de ayer, deseo ser otro, tan distinto al que fuí.

Tan distinto al que soy y al que pienso ser... Mi fin; Ser feliz, dejar ir y seguir el camino que me toque seguir.

Y cuando la tristeza me encuentra, yo me entiendo con ella y me entiendo yo y  después se va, me deja...

Y vuelvo a ser yo, nostálgico, locamente enamorado y feliz de ser un ser tan inentendible.

Hoy vuelvo a ser yo, me acabo de encontrar, ya me había perdido y ojalá, si es que quieres, hallame.

Encuéntrame en la profundidad de mi nostalgia, de mi apatía; en la profundidad de mi no ser.

De ser quien ni yo mismo sé quién soy porque puede que la nostalgia me encuentre de nuevo...

Y me mude al que siempre deseé ser o a ese que nunca desearon otros que sea... Pero seguiré siendo...

El que nadie entiende, el que ha sabido ser para dejarse atrás y verse de nuevo del que fue ayer.

Hoy me encuentro especialmente vivo porque sé que no hay camino, que seguiré el mío...

¡Hoy me encuentro... Especialmente vivo!

martes, 4 de septiembre de 2018

LA MEJOR COMPAÑÍA



¿Cómo se vería tratar de rehacer una vida después de una tragedia? Me refiero si es personalmente bien visto o aceptado por uno mismo, no por los demás, aunque no estén excluidos de la pregunta; pasar de un capítulo triste a otro que nos pudiera parecer un farsa: con serpentinas, vino tinto, globos y alegría que borre con el baile de moda todo lo vivido.
Todos vemos la vida de diferente manera y la afrontamos de distintas formas, unos luchan por borrar a toda costa el trauma y otros son más cautelosos al asimilar la nueva realidad.
Emiliano, joven muy apuesto, soñador, con una sensibilidad que solo la poseen aquellos que son capaces de soportarla para no llevarla al suicidio. No se concebía como huérfano a pesar de serlo porque tenía el recuerdo de sus padres muy fresco y en sus muchos momentos de soledad charlaba con ellos como si estuvieran. Se sentaba a la mesa o recostado en la cama, reproducía pláticas amenas que se prolongaban hasta que las luces cansadas centellaban en la noche y deseaban descansar.
-Emiliano, darán una fiesta en casa de los Flores. -Muchas gracias, pero debo concluir algunos pendientes que están retrasados. Esas reuniones donde pareciera que nada había pasado, con comida maratónica, carcajadas, derroche de elegancia ajenas a la austeridad apenas pasada ¡Santo cielo! rubias teñidas con saña como sacadas de Televisa, donde hay más rubias que en Escandinavia, ¡No, no, no! Era más de lo que podía soportar.
Para Emiliano el trance debía ser más tomado con calma, toda la violencia que había experimentado su país, la escasez, la indiferencia, tenía que ser asimilada poco a poco y se había refugiado en la literatura que a sorpresa suya no fue causa de hurtos porque se había visto que no existían ladrones cultos.
Llegó al café que lo dividía una lluvia pertinaz con sus mesas de madera apolillada y en cada mesa una vela que intentaban sobrevivir al soplo del viento de esa tarde joven.
-Llegas a tiempo ¿Qué vas a pedir? -lo recibió Marian, que era un remanso en ese ajetreo falso de su sociedad. -Lo de siempre, queso, higos y pan embarrado con mantequilla, azucar y un café.
Abrieron los libros, los acariciaron, olían a pasado, a un futuro prometedor, a esperanza de comenzar a vivir con pausa, como se sorbe el café, poco a poco, sin prisas y disfrutando lo que un libro puede hacer para amortiguar las perdidas que a todos les tocó vivir.
Tristemente la indiferencia en muchos se enquistó y bien dicen: que peca más el que no hace nada por evitar el mal qué el que lo lleva a cabo.

Adolfo Delgadillo Padilla

lunes, 5 de junio de 2017

FLORES MARCHITAS


Nos damos cuenta de que a José le da miedo todo, ahora que la madurez de los años le ha llegado, ahora que se percata que al paso del tiempo, a causa de su ligereza de batear amigos con su soberbia, pedanteria, majadería e intolerancia, se ha quedado solo, sin nadie, sin amigos, sin familiares, aunque le sobreviven.
Irónicamente nuestro edificio está al lado de la pulquería "Salsipuedes" que se encuentra exactamente frente al cementerio, bajo su nombre dice: >>Aquí se está mejor que enfrente<<.
José tiene una extraña manía de visitar el panteón para constatar con la fecha de nacimiento y el deceso, los años que vivió el morador de cada tumba, para darse cuenta de los años que él ha vivido de más, ¡vaya pasatiempo! Tal vez no le han contado la historia del campo santo que se inauguró con la primer víctima de cólera que azotó la comunidad y cerró sus servicios con la última que murió por la epidemia y, a fuerza de superstición, se abrió un nuevo cementerio a la orilla de la carretera con el fin de brindarles a sus inquilinos algarabía al paso de los vehículos.
A mí, Carlos, me gusta la vida, a mí, que soy vecino de José, el hombre de los ojos de la miel que le brillan con un sólo rayo de luz y que es del dominio público su historia que, por celos y orgullo, amando a su pareja la dejó.
Es entendible acabar una relación por ausencia de amor, pero es inconcebible y triste darle fin cuando se ama todavía a la persona, con todo y las desavenencias que se dan y no luchar por no sufrir, quizá por esto en sus visitas al cementerio busca lo que ya no puede encontrar: que le debatan, que le discutan. En cada viaje que le toma cruzar la calle, sabe el daño que se hizo ¡Qué pena por ti José!, eres callado, introvertido. ¿Qué les contarás a tus amigos de enfrente, qué te hagan un espacio del que ya no crees tener aquí? José, el de los ojos de la miel que pepitas de oro discreto solloza, recuerda, que nosotros, día a día cambiamos, jamás somos los mismos y los muertos desde el día que mueren y son enterrados que, aunque se diga lo contrario, tampoco son los mismos, son volubles por el tiempo, el aire, el agua, la tierra, el fuego y, aunque se crea lo contrario, nunca dejarán este mundo.
¡Tú!, que buscas vida en aquellos a los que vida les falta para arriesgar lo que tú ya no quieres... ¡Vivirla!

viernes, 27 de julio de 2012

Yermo


Modera tu volumen silencio
en m i presencia muestra respeto
cae  de hinojos ante mi pena
que para mí ya es condena.

Escandaloso sigilo me atropella
cual galerna abraza mi alma
emanciparme de ella me mata.

Llanto sosegado, lágrima cohibida
en mi cuarto en una esquina
llagado mi corazón y de un grito
tu nombre exhalo, llama mía.

Despréndete, merma tu osadía
vira tu vacio a un corazón hastió
que el mío lleno de energía vivo

Que al alba despertar anhelo
despojarme de tus desvelos quiero
aunque el ovalo del aliado
se convierta en velo.

jueves, 2 de febrero de 2012

UNA TARDE DE CAFÉ


El día está lluvioso, llego al café, su cristal está adornado con lágrimas de cielo, pido mi bebida habitual, sorbo a sorbo miro el pasar de la gente afuera con sus paragüas. Amanecí nostálgico porque otra vez no veré a mis amigos, tal vez salieron de viaje; bueno, hoy estoy solo aquí en espera de que alguno aparezca.
Trizas se hace las gotas en el adoquín de la banqueta, en mil cristales se dispersan, en escarchas cuelgan de las hojas de los árboles y de cada uno  de los arbotantes que alumbran mi ciudad.
Me remonto al café de antaño de mi pueblo, en las tardes de  lluvia, frío, de verano, que invitaban al ocio, al encuentro social, al amoroso; mi amor allí te conocí. En cada trago de café añoro tus labios y continuo esperando porque ya se me pasaron las horas, los días, los años; mis canas, bueno, ya sin canas.
Hoy no veré a mis amigos en mi café de las tardes, ni a ti tampoco, los llamaré por su nombre. . .mi café frío, bueno, ya ni frío, ya no hay.