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domingo, 8 de junio de 2025

ORÍGENES


Dejarse arrancar el alma con la que crecimos sería como quedar huérfanos de nuestros orígenes.

Los recuerdos están bajo la piel, muy dentro de uno y en ausencia de todo, seguirán los recuerdos palpitando.

Somos lo que hicieron de nosotros para llegar ser una mejor opción de uno mismo.

El destierro de nuestro pasado nos desconecta, nos condena a la ausencia de identidad y al aislamiento.

Sellar, amalgamar las raíces, reconectar los sentimientos arrumbados en el resentimiento empolvado.

Atrapar la nostalgia es capturar el momento vívido de nuestros sueños reales acorazados.


sábado, 22 de junio de 2019

CONVERSACIÓN



Para hablarle al silencio hay que hacerlo en su idioma, tendré que callar todo aquello que he deseado gritar, dejaré correr mis lágrimas, apretar los puños, relajarlos y dejarlos descansar al lado.
Para hablarle al silencio hay que hacerlo así de simple, escuchar su vacío y esperar el mío.
Saturado llego, mi intención es al hablarle retirarme ligero.
Para hablarle al vacío dejaré mis prejuicios, mis pecados, dejaré que hable mi cuerpo, mente, espíritu y emoción tendrán que llegar honestos.
Sin caretas, con todo lo cierto y pecaminoso que soy, llegaré humilde a escucharle y entenderé que nada soy.
Para hablarle al silencio mimetizaré mi bullicio y aún mi vacío callará, no esperaré nada, sólo aguardar.
Para hablarle al vacío bajaré mi mirada, la llevaré a lo más alto, me daré cuenta que sólo estoy que ni él conmigo está.
Para hablarle al silencio entenderé que no es tan callado como creí, aguardaré la noche, esperaré mi fin.
Para hablarle al vacío comenzaré a no verme tan aislado.
Para hablarle al silencio es entender como te amo, sólo callado... Vacío.


martes, 4 de septiembre de 2018

LA MEJOR COMPAÑÍA



¿Cómo se vería tratar de rehacer una vida después de una tragedia? Me refiero si es personalmente bien visto o aceptado por uno mismo, no por los demás, aunque no estén excluidos de la pregunta; pasar de un capítulo triste a otro que nos pudiera parecer un farsa: con serpentinas, vino tinto, globos y alegría que borre con el baile de moda todo lo vivido.
Todos vemos la vida de diferente manera y la afrontamos de distintas formas, unos luchan por borrar a toda costa el trauma y otros son más cautelosos al asimilar la nueva realidad.
Emiliano, joven muy apuesto, soñador, con una sensibilidad que solo la poseen aquellos que son capaces de soportarla para no llevarla al suicidio. No se concebía como huérfano a pesar de serlo porque tenía el recuerdo de sus padres muy fresco y en sus muchos momentos de soledad charlaba con ellos como si estuvieran. Se sentaba a la mesa o recostado en la cama, reproducía pláticas amenas que se prolongaban hasta que las luces cansadas centellaban en la noche y deseaban descansar.
-Emiliano, darán una fiesta en casa de los Flores. -Muchas gracias, pero debo concluir algunos pendientes que están retrasados. Esas reuniones donde pareciera que nada había pasado, con comida maratónica, carcajadas, derroche de elegancia ajenas a la austeridad apenas pasada ¡Santo cielo! rubias teñidas con saña como sacadas de Televisa, donde hay más rubias que en Escandinavia, ¡No, no, no! Era más de lo que podía soportar.
Para Emiliano el trance debía ser más tomado con calma, toda la violencia que había experimentado su país, la escasez, la indiferencia, tenía que ser asimilada poco a poco y se había refugiado en la literatura que a sorpresa suya no fue causa de hurtos porque se había visto que no existían ladrones cultos.
Llegó al café que lo dividía una lluvia pertinaz con sus mesas de madera apolillada y en cada mesa una vela que intentaban sobrevivir al soplo del viento de esa tarde joven.
-Llegas a tiempo ¿Qué vas a pedir? -lo recibió Marian, que era un remanso en ese ajetreo falso de su sociedad. -Lo de siempre, queso, higos y pan embarrado con mantequilla, azucar y un café.
Abrieron los libros, los acariciaron, olían a pasado, a un futuro prometedor, a esperanza de comenzar a vivir con pausa, como se sorbe el café, poco a poco, sin prisas y disfrutando lo que un libro puede hacer para amortiguar las perdidas que a todos les tocó vivir.
Tristemente la indiferencia en muchos se enquistó y bien dicen: que peca más el que no hace nada por evitar el mal qué el que lo lleva a cabo.

Adolfo Delgadillo Padilla