La muerte de sus encantos a manos de la vejez.
La vívida brillantez de sus conocimientos en manos del tiempo.
Y la niñez quedó abandonada a causa de sus prejuicios.
La muerte de sus encantos a manos de la vejez.
La vívida brillantez de sus conocimientos en manos del tiempo.
Y la niñez quedó abandonada a causa de sus prejuicios.
Hay soledades que no se llenan con libros ni con silencios, se llenan con tu presencia.
En la ausencia de tus llamadas, palabras, visitas, no tengo la fuerza de seguir viviendo.
Sé estar en soledad, pero no me abandones porque para estar acompañado escojo estar contigo.
¡He quedado sola!
Ya mis fuerzas me abandonaron, mi voluntad la perdí, mis ganas de vivir ¿Cuáles ganas?
Hurgo en mi cabeza, en el aire, en aquellos que me puedan decir ¿Quién soy yo? Me caí en un hoyo por mirar las estrellas y ni apreciarlas puedo.
Se me revolvió el camino, voy a donde no debo de ir, llego a donde no quería llegar y me quedo donde me acomoda el tiempo, los recuerdos son tantos que no se si son del ayer, del ahorita o son los que voy a tener después y se pelean por estar, son vigentes, pero divergentes, los quiero atrapar, se me escabullen, otros no los quiero y se empecinan a permanecer.
Estoy hecha bolas, pero sola, estoy sola y con mi desastre que parece llegó solo y en silencio, acurrucándose en mi, aprovechó mi apatía, mi necesidad de compañía.
Esas fuerzas que lograron mover los hilos, conciencias y al mundo, se debilitaron en la apatía general que domina al mediocre.
Nos retiramos creyéndonos inútiles, inservibles, rotos hasta alcanzar una inmortalidad que sin saber, si la hubiéramos tenido en vida, pudiese sido capaz de ser manejada por uno mismo.
Deseamos aquello que está fuera de nuestro alcance, lo deseamos sin la madurez de poder moldear, crear, crecer hasta que lo destruimos.
¿Qué día es hoy? Me pregunto, todos los días me parecen iguales, camino por mi departamento con pasos de viejito, más por necesidad que de ganas.
Veo la cafetera ¿Cuánto tiempo llevo sin lavarla, sin barrer, sin pasarles un trapo a los muebles? El sillón no se ve tan sucio por todas la veces que me siento en el donde veo pasar el tiempo, con sus horas, segundos.
¿En qué año estamos? Tantas cosas a las que les he perdido el interés. Prendo la cafetera, me preparo 6 rebanadas de pan de caja cargados de mermelada, soy hipoglucemico, éste tipo de desayuno me hace sentir bien. Veo el teléfono, ya nadie me llama, no se para que lo sigo teniendo y pagando el recibo, quizá es una manera de no sentirme solo, de estar conectado con el mundo.
Ya está mi café, tomo una taza, siempre es la misma, la que al finalizar de tomar mi café solo la enjuago con agua, tiene mucho tiempo que no utilizo detergente y ahora que recuerdo tampoco pasta dental que solo daña el esmalte.
¡Ahhhh, Qué delicia! Muy pocas veces disfruto mi desayuno, es tan sencillo. Tengo varios frascos de mermeladas de diferentes frutas: fresa, mango, chabacano, da igual, todas me saben a lo mismo, a dulce, bueno no, la de chabacano es mi favorita porque me recuerda a mi madre.
Suena el teléfono, carajo. ¿A quién se le ocurre exactamente molestarme cuando precisamente estoy tomándole sentido a mi frugal desayuno. "Ya voy, ya voy, este cable siempre se me enreda, ya voy"
-Bueno.
-Hola Ramiro ¿Cómo estás?
-¿Quién habla?
-Yo, Celia, la mujer de Ramiro, tu amigo.
-Ah ya, bien Celia, qué tal.
-Para decirte una mala noticia, Beningo, falleció, no te pude llamar ese día porque entre el velorio, las amistades, el entierro, me perdí en el tiempo.
-Que lamentable, en verdad, no sabes cuánto lo siento.
-Bueno, solo quería avisarte, como se que eran buenos amigos.
-Muchas gracias.
Colgué. ¿Debería de ponerme triste? Hace mucho tiempo que ni nos hablábamos por teléfono, mucho menos vernos, que raro, es de esas noticias que me levantan el ánimo porque yo sigo aquí, he sobrevivido a todos. ¿Habrá pensado Celia, que me dolió la muerte, ya de un desconocido para mí?
Me he quedado sin amistades, ya todas se han ido, unas mueren, otras se han mudado y los otros desaparecieron.
Pensándolo bien, es lo que creo que me tiene así, aislado, incomunicado, solo; pero la verdad voy a servirme un poco más de café, así hago de cuenta que estoy en el velorio de Ramiro y lo acompaño en su última morada, quizá lo que en el fondo deseo es sentirme acompañado por él. Ya se me olvidaron los momentos agradables con todos.
No entiendo a las personas que tienen perros, ¡Cómo les gusta escuchar el escándalo de sus ladridos!
Eso de ver televisión solo por ver televisión, lo hace a uno dependiente, estúpido ¡En lo que me he convertido! ¡Carajo! Es que no hay algún programa bueno.
Deambulo en mi propiedad, vaya logro, eso sí, aquí nadie se mete conmigo porque eso de hablarle a los vecinos, ni pensarlo, mejor de lejitos.
Me pongo los pantalones, la camisa, chamarra, sombrero y zapatos. Si, todo lo hago automatizado, bajo por mi comida y cena, 4 tacos; me cuesta tanto trabajo bajar las escaleras de los cuatro pisos, pero más me cuesta subirlos, tanto que en cada piso siento que estoy echando los bofes, me paro y tomo un respiro, continúo. ¡Uf, ya llegué! Enciendo el televisor, me acomodo, saco dos tacos y me los como viendo una película de Tin Tan. Dicen que la verdadera cómica de ellos era la madre, de ahí viene el talento de los triunfadores hijos.
No me gusta tener basura en casa, bajo y la depósito en un bote de una cafetería, jamás me han reclamado por Irles a dejar mi basura.
Vuelvo a subir, escucho ladrar al perro del vecino cuando paso por su puerta, no hago caso, exhausto llego, me quitó la ropa, me pongo mis pantuflas y ya me dió "el mal del puerco", me recuesto, siempre pienso en quedarme dormido y ya no despertar.
La ventana de mi recámara da a una pared de un edificio descarapelado, me siento como en París, algunas veces me imagino estar en un cuarto de hotel de Estambul.
¡Qué vida tan inútil terminé por vivir!
Mis espectativas están muy lejos, igual que mis amigos, familia, hasta de mi mismo.
Aún la sigo esperando... bueno, seguimos esperando a mamá porque a "Pelos" lo dejó conmigo en un parque al que jamás habíamos ido, en la banca donde me dijo que no me moviera, dejó la bolsa con algo de ropa, una torta de frijol que compartí con "Pelos".
El jardín era grande había árboles, juegos, botes para la basura, flores pero ni ganas me daban de jugar cuando se fué mi mamá; pasadas unas horas yo ya tenía sueño, tenía frío a pesar del suéter que me regaló la mamá de mi amigo Rodri. Pelos y yo nos acurrucamos en esa banca de fierro hasta que de tanto esperar me quedé dormido.
Desperté y me recriminé porque no me di cuenta si mamá volvió por nosotros. Es la primera vez que teniendo el parque y los juegos para mí solito no me dieron ganas de subirme a ellos, el sol quitaba el color que normalmente tienen las ramas de los árboles; las veía negras, los colores de las flores los veía pálidos, el amarillo se tornaba blanco, el rosa de un color claro, alguna gente que pasaba creo que no me veía, otras extrañadas se seguían de largo, a mí me daba pena, quería explicarles que mamá de un momento a otro llegaría por mi, Pelitos se acostó con las patas extendidas y con su cara esponjada de tanto pelo y recostada en el suelo levantaba sus ojitos hacia mi sin entender la inactividad como preguntando ¿Qué pasa por qué no corres, no me avientas la pelota? Tú no eres así. No tenía respuesta a sus preguntas, ya me estaba preocupando de que mamá no apareciera.
No sé que hora era ya tiene tiempo que nos comimos la torta de frijol, tengo sed, siento un vacío en mi pancita y comienzo a llorar en silencio porque no quiero preocupar a Pelitos, creo que está más desconcertado que yo, tomo fuerzas, debo de ser valiente, me seco las lágrimas y los mocos con la manga del suéter que era de Rodri, un suéter muy bonito que siempre me gustó y le dije a mi mamá que quería uno igual de color azul cielo con unas franjas verdes y amarillas en los puños.
Rodri, me quiere mucho igual que su mamá, en el recreo me lleva lo mismo que le ponía su mamá: sandwich, un pastelito y leche de las pequeñas para niños, estábamos en 1er. año, ya sabíamos leer, escribir, sumar, restar, los colores, en que país vivíamos, pero... donde me dejó mi mamá yo no conocía, diciéndome que no tardaba, puedo asegurar que no era cerca de donde vivíamos en un cuarto con su amigo Gerardo. Él no era bueno, tomaba, fumaba, era flaco, feo y se enfadaba con mamá, nunca tuvo una muestra de cariño conmigo a pesar de que yo guardaba la esperanza de tener al papá que nunca conocí, mi mamá cambió mucho conmigo desde que lo conoció, si antes no teníamos para comer, ahora menos.
-Mira Pelos ese señor dejó un plato en esa banca, vamos.
-Guau, guau
-Mira son unos tacos con más cebolla que carne, están tibios, tienen salsa, tú no comes chile, mira, ya se te hizo agua la boca, jajajaja tu boca no es boca, es hocico. Ahora me dió sed.
Uno se cansa de no hacer nada, bueno, ya me cansé de esperar o será que nos dió el "mal del puerco", que es la pesadez que te da después de comer, como decía la maestra cuando regresábamos del descanso.
Cuando me desperté ya estaba oscuro, me dió miedo, tu ya estabas dando vueltas, te abracé, no tanto para que no te preocupes sino porque quería sentirme acompañado, era la primera vez que yo buscaba refugio en ti cuando siempre el que buscaba atención en mi eras tú.
Las sombras de un parque se mueven, parecen fantasmas, hablan, no les entiendo, se escucha el chillido de unas ratas, subo los pies, tu gruñes.
"Mamá, mamita, regresa ¿Dónde estás que no vienes por mi, te perdiste, no sabes el camino de dónde me dejaste, te pasó algo? ¡Pregunta! mira, aquí los juegos son diferentes al parque de donde vivimos, son más bonitos, en una esquina hay un local grande muy iluminado".
-Niño ¿Qué haces aquí solo, dónde están tus papás?
Me puse a llorar, abracé mis piernas, clavé la cara entre las rodillas, ahora me había dado cuenta que mi mamá no regresaría por mi, con mucho dolor entendí de súbito que me había abandonado junto con mi perrito que tanto quiero, porque yo soy lo único que él tiene.
-Mi mamá me olvidó aquí desde ayer, tengo frío, sed... tengo miedo-le dije al señor sin levantar la mirada- me quiero ir a casa.
-Mi niño, tranquilo, no te preocupes, voy a hablar a alguien que pueda ayudarnos.
Sentí esperanza, confianza que ese señor dijera "ayudarnos" como si mi situación fuera también de él. Pelos era afable y jamás permití que me separarán de él, mi única familia.
Adolfo Delgadillo Padilla
Si tienes una madre todavía,
da gracias al señor que te ama tanto
pues nunca encontrarás en esta vía dicha tan grande ni placer tan santo.