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martes, 30 de julio de 2024

PERFECCIÓN

El ser imperfecto te salva de muchas cosas, de ser pendejo.

No es desventaja ser humano, tiene sus lados buenos, la justificación.

¿Quien quiere ser Dios? Solo los estúpidos.

Cuando uno comprende ésto, entonces, hay que preocuparse porque ya no quedan pretextos.

miércoles, 30 de agosto de 2023

NI SOBORNO (cielo) NI AMENAZA (infierno)


Yo no pago por llegar al cielo ni me siento amenazado por llegar al infierno.

A mí nadie me cobra por alcanzar el cielo, soy libre, soy pobre, soy rico por no creer eso.

Quien se sienta sobornado y amenazado seguro al infierno ha llegado.

En el infierno he estado infinidad de veces cuando veo al humano lastimarse entre ellos.

He vivido el infierno ¿Para qué conocer el que cuentan?

Ya es un infierno la maldad, la indiferencia y la esclavitud.

El que mata y ataca al que le da un taco es un desgraciado que en el infierno ha estado.

Orgullo, avaricia, odio, traición seguro el infierno lleva en su corazón.

El ofertar el alma por un mundo, el infierno lleva de ganga.

El silencio quema más que una verdad atacada por más de uno.

He vivido el infierno por no tenerte ¡Para que quiero más infierno al ofenderte!

Si no te apegaste a mis deseos, por necio, no podría dejar de creerte.

Llegaste a mí ¿Qué más cielo quiero de consuelo? Más el gozo de vivir lo ofrendado, que a los ojos de frente os he mirado.

¿Qué más cielo heredado quiero? ¡Si en vida lo gozado!

Que el infierno se quede a quien pertenece.

lunes, 11 de abril de 2022

LA FUERZA DE LA SANGRE


 


Llegó la festejada, se sentó, no en el sillón vacío ni en una de las muchas sillas; no. Decidió sentarse al lado de la mujer que la recibió con gusto. Se saludaron y amenamente comenzaron a socializar de una manera tan natural que a los presentes nos impresionó.

- Bienvenidos a todos, ésta es su casa -dijo Felisa, la festejada dueña señora de esa casa construida con piedra volcánica.

- Muchas gracias - respondió Lola la madre de Fernando y tía de Margarita.

Nosotros solo nos quedó el vernos al tiempo que yo admiraba los recuerdos antigüos de carpetas bordadas en punto de cruz, adornos de cristal de roca, vajillas de porcelana acostumbradas a solo ser vistas y admiradas pero ahora, jamás usadas.

-¿Ya tienen hambre?- interrumpió Margarita dirigiéndose a las dos mujeres que platicaban muy amenamente.

Y las dos mujeres con una sonrisa discreta respondieron al unísono "no". Ellas estaban tan cómodas en su charla, pareciera que tenían muchas cosas que contarse.

Felisa como siempre elegante, ataviada con un collar de coral, aretes, pulseras y anillos expresaba cada oración con las manos que denotaban una gran feminidad, mientras Lola muy atenta asentía con una mirada al recuerdo de lo lejano, se quedó dormida.

Ahí estaban las dos, una respetando el silencio de la otra hasta que Lola volvió a la plática mirando a su orgullo, su hijo. -Mire, es muy responsable- de esa manera volvió a abrir la plática. Felisa tomó su caballito de cristal y nos conminó a todos -Salud, con vino,  agua o nada, salud, el chiste es brindar porque en esta vida hay que celebrar.

Frente a ellas estaba un mundo a sus pies, sin preocupaciones ni prisas del tiempo.

Alguien dijo: Si hubiéramos sabido que iban a terminar así, las hubiéramos amado siempre.

Todo va al olvido, el pasado quedó allá en donde los recuerdos no alcanzan y en un lapso de extravagancia entre dos hermanas que en su razón no pudieron conciliar.

Nada, solo la ofuscación fue capaz de reconciliar la soberbia y el resentimiento, retó al "tiempo al tiempo" lo que era imposible ver, a esas dos hermanas incompatibles unirse en un soliloquio compartido e incomprendido para ellas mismas.

Si hubieran sabido que en su delirio ya avanzado se dirigirían la palabra, quizá habrían ahorrado a sus más íntimos la amargura de sus corazones.


Adolfo Delgadillo Padilla

jueves, 22 de noviembre de 2018

ARREPENTIDO



Me peleé por la cama con mi hermano, ahora duermo solo.
Me peleé la pelota con mi amigo, ahora tengo la pelota pero no con quién jugar.
Me peleé el puesto de trabajo, ahora tengo puesto y no tengo tiempo.
Me peleé por dinero, ahora con tarjetas de crédito viajo.
Me peleé por partidos políticos, ahora los veo haciendo coaliciones.
Me peleé por el amor de mi vida, ahora ni su nombre recordé.
Me peleé por no querer compartir, ahora nadie quiere compartir conmigo.
Me peleé por comida, ahora me falta con quién brindar.
Me peleé por esperar a unos, ahora los otros ya no están.
Me peleé por hacer dinero, ahora no sé qué hacer con el.
Me peleé por la juventud, se me olvidó pelearme por la sabiduría.
Me peleé con la vida... nadie le gana a la vida.
Me peleé con la soberbia, ahora con el espejo discuto.
Me peleé con el perdón, ahora que es tarde lo pido.
Me peleé por tonterías, ahora ni con quién hacerlas tengo.
Me peleé con la muerte y se me adelantó.
Me peleé tanto que ahora ni fuerzas tengo para mirar este segundo de vida que me queda.

Adolfo Delgadillo Padilla

sábado, 28 de octubre de 2017

TÚ, YO, ÉL


Todo iba tan bien que comencé a enamorarme de ti, de tus pestañas escarchadas por la brisa del mar. ¿Con qué más me querías seducir? Tus encantos, tratos de rey, mimos en exceso que mi corazón aferrado a un amor anterior no me dejaba apreciar.
Pero por tu inseguridad, tal vez inexperiencia, tus celos que te dejaron oír sandeces de mí, decidiste en un momento de arrebato terminar conmigo. Todo iba tan bien que fuimos descubriendo la entrega como si fuera nuestra primera vez ¿te acuerdas?
A ti no te importaba que tardara tanto en llegar al clímax y a mí el que tu llegaras tan pronto, de hecho, creo que nos gustaba, en verdad disfrutábamos el abrazarnos, el vernos, el hacer cocteles con nuestros aromas de la piel.
Y ni así paso lo bueno, ya no pudiste echarte para atrás, tu orgullo no te lo permitía ¿Cómo? Ni como ayudarme, bueno ni cómo ayudarte, diría el otro.
Ahora vendrá lo que pasa en las telenovelas y, yo tendría que rogarte, suplicarte, buscarte, pero no lo hice ¿Para qué? Y ese tiempo fue suficiente para perderte, o más bien para perderme.
Sufrí lo indeseable, me ahogaba en llanto, me moria en mis desvelos por develarme la razón y me repetía “Si apenas ayer decía que me amaba”, pero tampoco hacía falta eso, me lo demostrabas con tan solo verme.
En tan poco tiempo tomamos cada uno nuestro rol (Todo era miel sobre hojuelas, “¿o no?”), tú te ibas a trabajar y yo hacía lo propio, nos mandábamos mensajes y al término del día nos encontrábamos, preparábamos algo de cenar y los olores del amor se desprendían en la cocina… obligándonos a cenar afuera.
Marqué diciéndote que te amaba (¡que iluso!) y tu tajante me diste un cortón, así ni como insistir. Aprendí que cuando alguien se quiere ir, no lo detengas porque el amor es libre.
Paso un año, nos encontramos, te resististe, pero al final cediste y pasamos más de una hora platicando, tu siempre con esa barrera para que no te fueras a exponer de que tus sentimientos me favorecían, pero yo ni fuerzas tenía de reprocharte, ni la capacidad de pelear por ti; me habías dejado noqueado.
Poco a poco nuestros estilos de vida se fundían, las salsas de la tía luz, las torrejas de nata, el mole poblano. A las vacas las amo por ti. Los cafés, el cine, teatro, lo museos y las tertulias que yo te ofrecí.
Hubiera sido absurdo después de seis años que nos volvimos a encontrar pensar en un regreso, bueno en un intento ¡vaya! En un comienzo. Pero todo eso es imposible, para mí no ¿Cómo olvidarlo?
Me temblaban las piernas, la boca se me seco y otra vez me apendeje todito por verte. Allí me di cuenta de que aún me amabas, a pesar de jactarte: que ya no. “Ya te saqué de mi vida”, me decías. ¡cómo me dolió escuchar eso!
Con implícitos me invitaste a tu casa ¿Lo vas a negar? Pero te repito me ataranté todito, no supe manejar la situación, pegárteme como ladilla, pero no lo hice. Te alejaste y yo me fui ¡Cuánto lo lamento! El haberme ido y no tomarte la palabra. Yo no quería eso, deseaba hacer las cosas bien, primero con citas, reconocernos, porque lo que tu pretendías me daba miedo (a mis lustrosos años) y qué tal si no te respondía como tu esperabas.
Estaba contigo por ti no por el sexo (¿Difícil de creer verdad?). Esto nadie lo entiende. Era tu actitud la que me seducía ¡Éramos tan distintos! A los pocos meses de relación yo ya sentía celos ¿Eso es el amor? De esos de los que no te dañan, que sirven como parámetro para entender que una persona te importa, pero los tuyos dañaban a los dos.
Diez años sin ti y todavía te recuerdo (como olvidar al amor de tu vida) no he dejado de vivir, tanto que ya llego mi fin, una enfermedad acorta mi vida, postrado me tiene y como telenovela de la Dulché - de lágrimas, risas, y amor.- Tú regresas. Que ironía ¿De qué me sirve? ¿Te está sirviendo a ti?
Tal vez tus fantasmas y culpas se disiparán, te dejarán en paz y a mi ¿de qué? Yo ya dejé de aprender y tú empezarás a entender qué: El orgullo nulifica la vida, la esperanza.
¿Por qué? El miedo de decirme y aceptar que todavía me amabas, los errores se enmiendan, el que ama deja hablar al corazón y tú tenías mucho.
En este instante te acepto, no digo te perdono porque ya lo hice hace mucho tiempo y te entiendo. En realidad, me perdone a mí mismo por dejarte ir. Todo por llevar a cabo lo que la psicóloga me terapeaba. Debí también a mi edad haber sido el maduro y luchar por ti. Si, como las telenovelas, pero más bien como en la vida real.
Aquí estamos los dos ya sin preguntas. Yo agradecido por volverte a ver, por saber que tú también me amaste todo este tiempo de lejanía, tú madurando me pides perdón y yo te contesto: “te perdono el daño que me hiciste, pero ¿Cómo perdonarte el daño que tú te hiciste?
Si de algo te sirve, siempre te amé, fuiste mi amante durante todo el tiempo de tu ausencia, presente estuviste. Este momento llena y da significado a nuestras vidas. Besa mis labios, abrázame fuerte, cierra mis ojos, pero nuestra historia no.

lunes, 5 de junio de 2017

FLORES MARCHITAS


Nos damos cuenta de que a José le da miedo todo, ahora que la madurez de los años le ha llegado, ahora que se percata que al paso del tiempo, a causa de su ligereza de batear amigos con su soberbia, pedanteria, majadería e intolerancia, se ha quedado solo, sin nadie, sin amigos, sin familiares, aunque le sobreviven.
Irónicamente nuestro edificio está al lado de la pulquería "Salsipuedes" que se encuentra exactamente frente al cementerio, bajo su nombre dice: >>Aquí se está mejor que enfrente<<.
José tiene una extraña manía de visitar el panteón para constatar con la fecha de nacimiento y el deceso, los años que vivió el morador de cada tumba, para darse cuenta de los años que él ha vivido de más, ¡vaya pasatiempo! Tal vez no le han contado la historia del campo santo que se inauguró con la primer víctima de cólera que azotó la comunidad y cerró sus servicios con la última que murió por la epidemia y, a fuerza de superstición, se abrió un nuevo cementerio a la orilla de la carretera con el fin de brindarles a sus inquilinos algarabía al paso de los vehículos.
A mí, Carlos, me gusta la vida, a mí, que soy vecino de José, el hombre de los ojos de la miel que le brillan con un sólo rayo de luz y que es del dominio público su historia que, por celos y orgullo, amando a su pareja la dejó.
Es entendible acabar una relación por ausencia de amor, pero es inconcebible y triste darle fin cuando se ama todavía a la persona, con todo y las desavenencias que se dan y no luchar por no sufrir, quizá por esto en sus visitas al cementerio busca lo que ya no puede encontrar: que le debatan, que le discutan. En cada viaje que le toma cruzar la calle, sabe el daño que se hizo ¡Qué pena por ti José!, eres callado, introvertido. ¿Qué les contarás a tus amigos de enfrente, qué te hagan un espacio del que ya no crees tener aquí? José, el de los ojos de la miel que pepitas de oro discreto solloza, recuerda, que nosotros, día a día cambiamos, jamás somos los mismos y los muertos desde el día que mueren y son enterrados que, aunque se diga lo contrario, tampoco son los mismos, son volubles por el tiempo, el aire, el agua, la tierra, el fuego y, aunque se crea lo contrario, nunca dejarán este mundo.
¡Tú!, que buscas vida en aquellos a los que vida les falta para arriesgar lo que tú ya no quieres... ¡Vivirla!

miércoles, 20 de abril de 2016

SOBERBIA


Evidentemente tenemos claro que aunque nos sintamos Dios, no deseamos serlo, ya que significa ser eternos, pero neciamente lo creemos, sabiendo que ¡No!
La relación congénita se iría alejando y como van las cosas de vernos como desconocidos, seríamos unos dioses muy desgraciados

sábado, 17 de octubre de 2015

VIEJOS CONOCIDOS


A la muerte la conozco de cerca, en realidad no le he visto sus ropajes o, ¿si? quién sabe, tal vez lo que he mirado es su sombra en el mutis que reflejan los moribundos (que no saben bien a bien a dónde van), algunas veces es de angustia otras de una paz enexplicable, muy a menudo a oscuras, raramente con un halo de luz y esperanza.
La conozco no porque pasara frente a mi, más bien yo he ido en busca de ella. Cuando era monaguillo, acompañaba al sacerdote a dar la extrema unción a los enfermos.
La muerte no sólo se presenta como nos la cuentan, la muerte tiene diferentes caras como: en la incapacidad de darse, vanidad, orgullo, soberbia, odio etcétera... es como ir muriendo poco a poco. Por eso es importante saber a qué tipo de muerte nos enfrentamos en el día a día, ya que sin darnos cuenta vamos muriendo antes de encontrarnos con ella.
El dar la vida por alguién no es morir, dar un pedazo de nuestra vida: cuidando, amando o procurando; suma vida a nuestra existencia.
Somos tan arrogantes que con una sola visita al cementerio nos daremos cuenta que hasta los ricos, famosos, reyes, genios y bellas e inteligentes están allí para demostrarnos que somos finitos... mortales y, por qué no, "miserables".
Para entender a la muerte hay que saber amar, amar no sólo a los que creemos amar o decimos amar, sino a aquellos que por malos entendidos dejamos que se alejen o más correctamente, nos alejamos; porque entonces, cuando nos toque el tiempo de partir, no moriremos, más bien desaparecemos; morir es tener un fin y desaparecer significa el no haber dejado huella alguna.
El amor no es amor si no trasciende más allá de aquellos que digo amar (la esposa e hijos). El amor se comparte y la muerte también. El amor es una fiesta, la muerte debe de serla; por esto, a esta fiesta es a la unica que llegamos sin ser invitados.
Sin embargo hasta en la muerte nos empecinamos a ser indiferentes, egoístas "yo no quiero funeral" o "no quiero en mi funeral a fulano" Debemos compartir este aprendizaje como una experiencia de la vida para seguir unidos aún en la muerte y no en el olvido y la oscuridad.
Finalmente tengamos en cuenta que una sola sonrisa es un estallido que pone en orden las catástrofes del alma y a la muerte ahuyenta por muy cercana que esté.