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viernes, 27 de julio de 2012

Yermo


Modera tu volumen silencio
en m i presencia muestra respeto
cae  de hinojos ante mi pena
que para mí ya es condena.

Escandaloso sigilo me atropella
cual galerna abraza mi alma
emanciparme de ella me mata.

Llanto sosegado, lágrima cohibida
en mi cuarto en una esquina
llagado mi corazón y de un grito
tu nombre exhalo, llama mía.

Despréndete, merma tu osadía
vira tu vacio a un corazón hastió
que el mío lleno de energía vivo

Que al alba despertar anhelo
despojarme de tus desvelos quiero
aunque el ovalo del aliado
se convierta en velo.

jueves, 26 de abril de 2012

MORIR EN EL INTENTO

  

Llevaba 3 mese  saliendo con Efraín, un muchacho moreno, delgado, de ojos expresivos y actitud varonil; en su comportamiento era educado, atento, pero reservado. 
Este tiempo fue necesario para tomarle confianza y, la verdad, cariño. Andábamos juntos a todos lados: al super, al cine, a comer, a una reunión con mis amigos; en todo momento quería estar conmigo, salvo ese día que era domingo, en la fiesta de cumpleaños de mi sobrino, un agasajo familiar, a la cual no era momento de llevarlo, porque significaba dar explicaciones a mi familia de otro “nuevo amigo”. 
Al cerrar la puerta, la fuerza de la costumbre como siempre nos acompañábamos- le eché llave a la puerta  y a la reja. 
Efraín no se percató que lo dejé encerrado y pasados unos minutos (no podía perder tiempo), comenzó a desconectar el televisor de plasma, el DVD, el mini componente etc. Estaba decidido a robarme ahora que se había ganado mi confianza. 
Mientras que yo unas cuadras adelante me percaté que había olvidado el regalo de mi sobrino, vire el coche y me volví hacia mi departamento y en ese instante caí en cuenta que, había dejado encerrado a Efraín.  
Llegué, abrí y mi sorpresa fue mayúscula, cuando me dí cuenta que el muchacho que apenas tenia poco de conocer me quisiera agradar, queriendo cambiar los mueble y darle otro aspecto al departamento y, obviamente limpiar los rincones en donde ni la señora que me hace el quehacer, suele asear.  
- “¡Pobrecito!”- pensé. Su estupor fue mayor que el mío, se ruborizó y quedó mudo al quererme explicar que me quería agradecer de ese modo –pues no tenia otro- su acomedimiento. 
- ¡Hermoso, no te hubieras molestado! – Le expresé dándole un fuerte abrazo- este remodelamiento me hubiese encantado que lo hiciéramos juntos-  
-Mjh, no es nada, quería granjearme, pero llegaste y el sorprendido fui yo-  
-¡Anda, anda!, ponte una camisa limpia, arréglate ese pelo y me acompañas a la fiesta ¿va? 
Efraín se quitó la gorra, se acomodó el cabello con agua y gel. Salimos del departamento entre risas y a mi se me olvidó echarle llave a la puerta y a la reja. 

                                                    www.adolfodelgadillopadilla.blogspot.com 
                                                   Mail. Adolph_5@hotmail.com