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sábado, 23 de enero de 2021

CON NUESTRA VIDA NO SE JUEGA


Ahora que está desbordándose la pandemia, ahora sí, si sirve el cubrebocas, antes necesitaban que se murieran por su negligencia y ahora sí háganle caso al presidente.

¿Cuántas veces nos tienen que mentir para darnos cuenta que están jugando con nuestras vidas? Y ahora se quieren mostrar como héroes cuando no lo son.

¿Entonces es tarea del estado o no?

¿Entonces es importante la bondad del uso del cubrebocas del presidente? 

¡Por fin después de todas las gamas de naranja, estamos en semáforo rojo!

Por supuesto que es tarea de cada uno pero el ejemplo hace la diferencia.

No debe de ser tema político pero para el presidente si lo es y nos han tomado como conejillos de indias.

¡Somos más que cifras, somos seres humanos y lamentablemente nos estamos acostumbrando a ser tratados como sus juguetes electorales!

¡Y si, esto debe bastar para considerar si seguimos dándole un voto de confianza a este gobierno que nos ha mentido, nos ha utilizado, nos ha engañado!

Los políticos, todos, nos utilizan inteligentemente, pues ahora es momento de ser inteligentes nosotros ¿Deseamos una verdadera democracia para México? Entonces nivelemos los poderes. Morena ya tiene la presidencia, ahora quitémosles el congreso y así veremos las verdaderas intenciones de este partido. Haber si en verdad desean el bien de México y no volverlo como un país socialista, comunista, bolivariano, chavista; a menos que los que apostaron por este gobierno, es lo que realmente quieren.

¡Yo no!


Adolfo Delgadillo Padilla

martes, 4 de septiembre de 2018

LA MEJOR COMPAÑÍA



¿Cómo se vería tratar de rehacer una vida después de una tragedia? Me refiero si es personalmente bien visto o aceptado por uno mismo, no por los demás, aunque no estén excluidos de la pregunta; pasar de un capítulo triste a otro que nos pudiera parecer un farsa: con serpentinas, vino tinto, globos y alegría que borre con el baile de moda todo lo vivido.
Todos vemos la vida de diferente manera y la afrontamos de distintas formas, unos luchan por borrar a toda costa el trauma y otros son más cautelosos al asimilar la nueva realidad.
Emiliano, joven muy apuesto, soñador, con una sensibilidad que solo la poseen aquellos que son capaces de soportarla para no llevarla al suicidio. No se concebía como huérfano a pesar de serlo porque tenía el recuerdo de sus padres muy fresco y en sus muchos momentos de soledad charlaba con ellos como si estuvieran. Se sentaba a la mesa o recostado en la cama, reproducía pláticas amenas que se prolongaban hasta que las luces cansadas centellaban en la noche y deseaban descansar.
-Emiliano, darán una fiesta en casa de los Flores. -Muchas gracias, pero debo concluir algunos pendientes que están retrasados. Esas reuniones donde pareciera que nada había pasado, con comida maratónica, carcajadas, derroche de elegancia ajenas a la austeridad apenas pasada ¡Santo cielo! rubias teñidas con saña como sacadas de Televisa, donde hay más rubias que en Escandinavia, ¡No, no, no! Era más de lo que podía soportar.
Para Emiliano el trance debía ser más tomado con calma, toda la violencia que había experimentado su país, la escasez, la indiferencia, tenía que ser asimilada poco a poco y se había refugiado en la literatura que a sorpresa suya no fue causa de hurtos porque se había visto que no existían ladrones cultos.
Llegó al café que lo dividía una lluvia pertinaz con sus mesas de madera apolillada y en cada mesa una vela que intentaban sobrevivir al soplo del viento de esa tarde joven.
-Llegas a tiempo ¿Qué vas a pedir? -lo recibió Marian, que era un remanso en ese ajetreo falso de su sociedad. -Lo de siempre, queso, higos y pan embarrado con mantequilla, azucar y un café.
Abrieron los libros, los acariciaron, olían a pasado, a un futuro prometedor, a esperanza de comenzar a vivir con pausa, como se sorbe el café, poco a poco, sin prisas y disfrutando lo que un libro puede hacer para amortiguar las perdidas que a todos les tocó vivir.
Tristemente la indiferencia en muchos se enquistó y bien dicen: que peca más el que no hace nada por evitar el mal qué el que lo lleva a cabo.

Adolfo Delgadillo Padilla

lunes, 26 de enero de 2015

EL DELIRIO DE GLADIS LA CUBANA


Me senté a su lado y ella estaba sobre una cubeta, al lado dos costales repletos de tiliches: periódicos, revistas, ropa, un plato, cuchara y pocillo de peltre descarapelado. Sus prendas eran de talla extra grande o muy chicas, se las ingeniaba para hacerlas lucir originales; como anudar varios calcetines de diferentes colores para crearse un turbante, retazos de tela para una elegante bufanda o una media como cinturón.
- ¿Hola cómo le va? Le contestó al clima y sin inmutarse, como si nos conocieramos y llevaramos tiempo conversando prosiguió con su monólogo.
"Dame la carpeta" -volvió a hablar Gladys, así se llamaba, al tiempo que seguía tejiendo, tejiendo en el tiempo, tejiendo el tiempo, los recuerdos o el olvido.
Seguía guaguariando para los que estabamos escuchando, nos tomaba en cuenta, hasta a los ausentes, que eran todos e imaginarios que eran muchos.
"¿Gusta un puro vercruzano o cubano? Ambos excelentes, nos los traen de aquí cerca, de la hermana República de Yucatán". Muy propia con su soliloquio recordaba, me dio la impresión, de cuando se tuvo que venir a México de su amada Cuba por consejo de su familia y paradojicamente quedó abandonada en un país extraño, aunque se le considerara hermano ¿Y para qué? Si los que se quedaron en Cuba por el miedo a perder lo que tenian, terminaron por convivir con familias que no eran suyas; extraños y juntos, abismalmente desconocidos, deprimidos, depredados por la Revolución Cubana y oprimidos.
Gladys se adueñó de la entrada de un negocio, la jardinera de la calle la utilizaba de tendedero, se bañaba sin importarle las miradas asquiadas de los que pasaban. Le importaba un bledo la delincuencia ¿Quién? Me pregunto yo, no ella ¿Tenia interes por sus inmundicias?
¡Oh bendita ofuscación! Que el tiempo causa a los prudentes sin devolverles la sensatez por misericordia.
Ella sobrevivió al impensable valor cubano, a Ninon Sevilla, Celia Cruz, Pérez Prado, José Martí, ha sonrevivido a la inmortalidad de Fidel Castro; vive feliz, quizá más que los que huyeron y traspasaron el inutil sueño de la indecencia humana (EEUU).
Se construyó un mundo, no prestado ni compartido, autora de su novela de la que ella es unica poseedora y yo, a veces, su escucha. Al fin y a cabo ni yo he sido digno a que me dirija la mirada.
Se instaló aquí como seguramente se quedaron los españoles, locos. Dejó la lucidez o, quiza se le olvidó empacarla al mismo tiempo que los vestidos, los manjares, las tertulias del café y el ron, lecturas a las que estaba acostumbrada.
La seguiré viendo recojer su vida que le caben en sus dos bultos o en la extravagancia de su cabecita, tal vez le pesen menos de lo que me pesa a mí ser coherente.