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jueves, 31 de octubre de 2024

VIVE


Abre las ventanas y descubrirás un universo por el que no querrás perderte. Cuando abras ese corazón te alegrará la existencia, sentirás un gozo indescriptible de querer comerte la vida. Que la pereza, el agotamiento, la tristeza o depresión no te venzan. 


🤪👍🏼🙏🏽☕😃🍊🍋💛🌻🪇

miércoles, 25 de enero de 2023

LLEGARÁ


Siempre me he sentido orgulloso de vivir solo, de ser independiente, viajar con mochila al hombro por todas partes del mundo: India, Alemania, Chicago, Nueva York... Departir con mis amigos en tertulias de café y alguna que otra ocasión salir juntos a un paseo, pero después de las experiencias me queda claro que es insoportable lidiar en ámbito de intimidad con alguien. 

A mí familia la veo cada semana, pero con el único hermano que tengo no me llevo, será porque le quite el lugar privilegiado que tenía antes de mi llegada al mundo. Pienso en los hermanos anteriores fallecidos de Vincent Van Goh y Salvador Dalí que les pusieron el mismo nombre de sus hermanos difuntos causándoles un trauma que cargaron toda su vida al leer sus propios nombres inscritos en las tumbas. Por esta razón, creo que mi hermano, aunque distinto, era agresivo conmigo, quizá hubiera deseado que yo no existiese, causándole lo que psicologicamente se llama "Trastorno de identidad disociativo".

Posiblemente por esta situación fui más despegado y busqué el vivir solo.

La gente me preguntaba mi edad y  orgulloso les respondía, tengo setenta años. Jamás me imaginé que la vejez fuera tan cruel ahora que tengo ochenta, la edad de Matusalén. Mis capacidades han mermado considerablemente, no sé hacer nada, sobrevivo de mi raquítica pensión, pierdo la orientación. A cierta edad uno se aísla del mundo, dependes de los demás pero yo no tengo a nadie, bueno, cuento con un amigo pero no es lo mismo que el haber tenido una pareja, hijos. Mi amigo me dice que no debería quejarme, que lo tengo a él y muchas veces es mejor estar solo que vivir una decepción al ver que tus familiares en los que supuestamente te tendrían que cuidar, te abandonan o cobran tu dinero y te dan una vida miserable.

Es canija la vejez, anteriormente me bañaba diario, ahora con estos fríos solo espero hacerlo en cuanto llegue la primavera, mi amigo me baña y varias veces le he dicho, no manito, espérate a que el clima cambie.

Siempre he gozado de cabal salud, no padezco de nada, más bien los amigos de mi generación han partido; un día recibí la llamada de Pepe y me preguntó -¿Conoces a alguien que tenga cáncer? - Le respondí -No. A los pocos meses él falleció de cancer . Una ocasión fueron a echarle pleito a Jesús, un amigo muy apuesto, con pistola en mano un hombre le gritaba, ¡baja, porque te voy a matar! Y éste muy envalentonado bajó y el agresor le disparó. Así, unos de una manera, otros de otra se han ido y me he quedado sin amigos.

Mi amigo me terapea queriendo levantarme el ánimo, deberías de estar agradecido de haber sobrevivido, tienes vida, experiencia, la jubilación es eso ¡Júbilo! Tienes todo el tiempo del mundo para hacer lo que se te dé tu regalada gana. 

Me acaba de caer el veinte, si. Si padezco de ser obsesivo, si tengo, o no tengo, nada me acomoda, efectivamente mi problema es la ociosidad. 

Ya son las 9 pm, acabó el día para mí, a éstas alturas yo ya duermo como un niño, muchas horas. Deseo, pido ya no despertar, la vida representa para mí una carga que me cuesta y ya no quiero seguir.

Se me olvida que le dí instrucciones a mi amigo para que se encargue de mi cadáver.

-Hola hermoso ¿Cómo estás?

-¡Aún no me he muerto!

-Uno no decide cuándo morir.

-He pensado en el suicidio ¿Tú me ayudarías?

-No ¡Cómo crees!

-Es que en verdad, compréndeme.

-Si lo hago. Debes de vivir esta etapa, no estás solo, además el día que uno parte estará toda la eternidad en ella. Vive, reflexiona, quizá debes de reconciliarte con la vida.

-Tienes razón, aceptar que ya soy un anciano. 

Gracias.



miércoles, 29 de enero de 2014

SENDERO



Pies descalzos,camino polvoriento,el afán era seguir,distraerse,ocupar el espacio,ocuparme,no sabía por qué, pero me gustaba. Al llegar al parque la textura que sintió mi piel fue diferente, ese cosquilleo que me acariciaba, que saciaba la sed de las plantas de mis pies resecos, que por el rocío natural que tenían las florecillas vivas de colores tenues junto con la malaquita del césped de la mañana, sentí purificarme.
El ambiente perfumaba cada poro, desvirginandolos abruptamente.
La caravana era interminable, sorprendía el no verle final, me daba la impresión que mis ojos de pronto se abrían por la nueva experiencia que estaban viviendo y se empequeñecían por lo que no querían mirar; el tambaleante caminar de los cansados andares de los ancianos enfermos, de los niños, de las madres de los niños. Muchos ayudaban, ofrecían su mano, su hombro, su espalda, agrietando la tierra al caminar con su pesada carga y, sin embargo, los que araban con sus generosas, pero silenciosas lágrimas eran los que mayor autoridad tenían, quizá por orgullo no mostraban su dolor. Eran los recuerdos, de la gratitud hacia la vida lo que les hacía tomar esa decisión de entregar quizá el último, pensaban, esfuerzo que tenia su cuerpo agotado.
Los duros panes y enlamados quesos se repartían celosamente para que nadie les diese un colmillo de más, para racionalizar las pocas provisiones que se tenían, para quién sabe qué tiempo pasaríamos en nuestro éxodo. Las mujeres en lactancia ofrendaban de su leche para mitigar la sed. Vi a un hombre que se comía, ya no sólo sus padrastros de los dedos de los pies por el hambre, se estaba devorando parte de sus extremidades él solo, una mujer se mordisqueaba sus ya no tan largos cabellos y otro hombre ponía sus manos en cuenca y se bebía los orines que recolectaba de sus compañeros.
- ¿Por qué salirnos de nuestras casas, de nuestras tierras, de nuestra patria? - ¨Para no salirnos de nosotros mismos, -me respondió mi mamá-, porque si lo hacemos, ni nosotros mismos nos encontraremos el día que entendamos el por qué de lo que estamos viviendo hoy¨.
Un aire fresco acompañado de neblina nos coloreo a todos de un tono marrón, en grupos nos acomodamos para terminar contándonos las experiencias del día -como si hubiesen sido diferentes- me acurruqué en los brazos de mamá y no tardé ni un pestañeo en abandonarme en un largo y profundo soñar, pero antes me dí cuenta que sí, que todos tenemos una experiencia diferente aunque juntos estemos, por lo menos yo que tengo lo que a otros les faltaba: Su madre.