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miércoles, 12 de agosto de 2026

¡MI NIÑA!




La niña de los ojos rotos, la que esconde su mirada detrás de la ventana.

A la que le quebraron el alma rasgando el velo de su inocencia, la doblegaron.

Mi niña, de los ojos rotos, herido su corazón, su alma arrodillaron.

El tiempo ya no corre, dejar de existir desea, ya no hay tiempo para ella.

¿Quien te mira? Nadie, mi niña, a nadie le importas, a mí sí, pequeña.

Sal chiquita, ya no te culpes, tú no fuiste la causa de tu dolor.

Corre la cortina, abre tu ventana, que la luz de nuevo encienda tu alma. 

Hazte grande ¡Tan inmensa! abraza al perdón y recibe el amor.

domingo, 7 de mayo de 2023

LA PARADOJA DE LA VIDA

 LA PARADOJA DE LA VIDA


El hombre que estaba tan necesitado de amor ahora no soportaba a los demás. No fue de un día a otro, una lucha con sus sentimientos que lo atormentaban por desear encajar con tal de ganarse el aprecio de los otros. 

Hasta que llegó al punto de poner límites y se preguntaba ¿No estaré exagerando, pero qué es exagerar? Cuando ves, las cosas hablan por si mismas y es mejor verse solo que cargar lastres que con el tiempo serán más difíciles de sobrellevar.

A la gente que le conviene que no veas la realidad es aquella misma que dirá que eres intolerante, pero más bien es porque no le viene bien el no poder seguir abusando, siendo ellas las abusadoras. 

Muchas veces se tomaba un respiro y pensaba o luchaba con sus decisiones hasta tomar una determinación, una determinación que antes hubiera pensado imposible pero ahora le resultaba liberadora.

Ya no se sentía atado a relaciones tóxicas, situaciones incómodas causadas por "amigos" egoístas y envidiosos.

¡Qué libertad! El tener que dejar de hacer cosas personales para obligarse a ver a amistades falsas y convivir en lugares indeseados, disimular, sonreír cuando en realidad le resultaba un suplicio.

Todo esto tuvo que vivirlo para darse cuenta que uno de sus amigos lidiaba con la contraparte; la soledad, esa que te impone la vida, que te orilla silenciosamente a verla cuando te va restando seres queridos muy difíciles de reemplazar por la falta de energía e interés que ya no tienes y experiencia que te sobra.

Por una parte uno decide restar y por otra, la vida te obliga a estar aislado. 

¿Al caso no es lo mismo? Quizá, se decía a sí mismo, pero se sufre de diferente manera, uno desea conservar la compañía para ir por la vida disfrutando la experiencia del vino, el pan, el paisaje, el silencio compartido de un atardecer, ver el alegre movimiento de las hojas tomadas de la mano una con otras para no ser separadas por el sutil viento y ver el reflejo de la luz en el otro, pero no. ¡Se va quedando uno solo!

Es aceptar una realidad, irlo trabajando. Uno se cuestiona si es mejor morir antes que los demás para saberse acompañado o entender que uno va a irse sin esos que fueron a quedarse en contra de su deseo en el camino para dejarlo andar a uno solo y entregarse desnudo, sin espectador alguno al inminente final del que un día fue el inicio que erróneamente pensábamos, no iba llegar.

Pero cuando hay vida uno puede cambiar el relato y puede hacerlo diferente aunque al final las cosas sucedan como deben de suceder.

Mandó mensajes a sus familiares y amigos anunciando su fallecimiento, la hora y lugar de su velorio sin más explicación. Ya mandado el mensaje por Whatsapp a cada persona, dió instrucciones a su amigo Macario que le ayudará a confirmar la noticia, dándole instrucciones precisas de que ese era su deseo y debería cumplirse su pedimento. 

Las recomendaciones eran: Ir vestidos como de fiesta, las mujeres maquilladas, en la funeraria debería de darse vino tinto, canapés, pastelitos. Sabía que llorar sería inevitable pero les sugirió recordarlo con anécdotas, poner música como en los pueblos, que hicieran menos penoso el acontecimiento, ah y no llevar flores de condolencias.

El velorio se realizaría al día siguiente de haber sido anunciada la inesperada noticia. A nadie le resultó extraño arribar al lugar indicado y escuchar música, al descender del coche fueron recibidos por un valet, les pidieron los abrigos y les dieron la bienvenida.

¡Todo era tan extraño, caray!

Entraron los deudos y sorprendidos se encontraron con un lugar que era todo, menos una funeraria, parecía un salón de fiestas, mesas, meseros, copas, vajillas, cubiertos, arreglos florales. En medio de la pista sirios adornados y un maestro de ceremonias que les informó que en pocos minutos su ser querido arribaría para acompañarlo.

Desconcertados, comenzaron a conversar, los nietos, sobrinos e hijos de sus amigos corrían, jugaban y se como cualquier niño inocente que no sabían comportarse en un funeral. 

Paró la música, hubo un silencio, entraron cuatro hombres sobrios, se plantaron al centro del salón y dieron la bienvenida a los presentes con una grabación del occiso. "Querida familia, amigos, estamos aquí para agradecer la vida junto a ustedes, ofrezco disculpas a todo aquel que ofendí, no se sientan agraviados por la sorpresa de darles las gracias de continuar con ustedes y poder compartir la dicha de caminar a su lado" Y apareció. Quedaron todos estupefactos, muchos lo vieron como un fantasma, otros lo vieron como una mala broma, pero todos desconcertados comenzaron a poder asimilar aquella insólita experiencia. Ya recuperados de la impresion se fueron viendo rostros felices. Una mala pero genial y tétrica broma.

Pasó a cada una de las mesas donde hubo risas, reproches de que eso no se hace.

-¡Muérete! ¡Que tal si la muerta hubiera sido yo por el infarto de la noticia! -Le reclamó una de sus hermanas-.

-¡Qué bárbaro, me acabas de dar una lección imposible de olvidar! -Un amigo, impactado le confesó-.

-¡Te pasas, esto no se hace! 

-Pero lo hice, uno no tiene la oportunidad de ver su propio funeral -le responde el reprendido-.

Pasada la emoción, ya relajados y alegres compartían entre ellos la experiencia de una mala broma que al final fue amortiguada por el ambiente. 

Para decir verdad no les costó trabajo digerir la broma porque en otroras conversaciones lo había expresado el susodicho, del cual me reservaré su nombre.

miércoles, 20 de abril de 2022

PARA MUESTRA, UN BOTÓN

 


¡¡No vino Pedro al entierro de su mujer!!

Esa manera de su madre de ver la aguja ajena en un pajar.

-¡Mamaaá!- Arturo, su hijo menor codió a su madre llamándole la atención.

Efectivamente, su tío político esposo de la prima de su mamá en un gesto de siempre llamar la atención, no asistió. El tío un fotógrafo de novias un día estando en la terraza le dijo a su mujer -¡Quiero el desayuno en la terraza!

-Pero no están las criadas- y ella tuvo que bajar los tres pisos y volver con una charola, subiéndole el desayuno al hombre que de pronto tuvo esa ocurrencia de desayunar en la terraza.

La tía, siempre con el semblante triste murió muy joven, quizá por la violencia pasiva que padecía por parte de ese engreído.

Arturo en una reunión con unos amigos, muchos de ellos sobrinos de políticos con cuentas mágicas descomunales ¡En dólares! Y otros de padres con empresas le hicieron, en un gesto de amistad, una donación de $1000 ya que él al parecer no pertenecía a ese círculo de millonarios, Arturo ofendido, pensó que la donación debería, dadas las capacidades monetarias de sus amigos la cifra podría ser de varios ceros de más, les contesto -¿Y qué, con esto puedo ya comprarme unos rollos de baño? Todos se quedaron estupefactos, se miraron unos a otros y jamás le volvieron a hablar.

Con el tiempo Arturo se volvió, quizá sin darse cuenta en un tacaño, avaro al no aprovechar y disfrutar el dinero que su padre le dejó en una cuenta a plazo fijo cuando el tenía 18 años. Ahora él con 79 sufre las carencias de una pensión mínima y en una plática recuerda, cuando jamás mencionaba estás anécdotas.

Una de ellas cuando su madre vio a la novia de Arturo abrocharse el botón del hombro de su vestido; eso bastó para que toda su vida le reprochara a su hijo "¡El botón del vestido!" Arturo ya no le respondía lo que un día le aclaró: "Se lo abrochaba porque se le desabrochó mamá".

Una mujer espantada de tales sucesos pero que estaba acostumbrada a querer tener relaciones sexuales con sus hijos pero Arturo tajantemente le puso un alto "¡Conmigo no!" Porque sabía que con su hermano si.

Hay vivencias que te marcan y muchas veces por no poderlas hablar, a la larga resultan un parte aguas en tu vida. La amargura, falta de prudencia, cortesía, ingratitud, el no saber poner límites y el tomar decisiones muchas veces terminan por gobernar nuestra personalidad.

¿Nosotros de qué adolecemos?



sábado, 22 de junio de 2019

MI JUBILACIÓN



Hoy me levanto, aunque muchas veces sólo me despierto porque no me dan ganas de darme la parada, me siento vivo, lo que muy pocas veces siento, me preparo un café para que me despabíle siempre en cuanto abro los ojos lo hago, pero no siempre me despabilo y continúo en una lucha de querer activarme y otra de dejar descansar mi apatía que últimamente me acompaña.
Tenía esperanza que cuando llegara a esta edad me retiraría en paz, tranquilo, disfrutando las mieles de la jubilación del trabajo y de los hijos ¡Qué equivocada me dí! Mi dinero termina en manos de problemas que yo no me busco, mi tiempo se gasta cuidando nietos ¿y para mí? !nada!
Hoy tengo ánimos de tomar el libro que quedó abandonado, ir a la comida coreana y rematar con un té de jazmín que acompañaré con mi libro.
Tomo un baño que contadas veces lo disfruto por las prisas, unos huevos tibios que, casi siempre, terminanaban duros, café y pan tostado, ya ni se imaginen como terminaba el pan tostado, adivinaron, chamuscado.
Tomo mis pantalones color caqui, mi camisa verde con azul a cuadros y me pregunto ¿Me quedarán? Porque últimamente mi vestimenta son tenis, pans, y la playera que me servía para hacer quehacer; guauuu, adelgace un poco, yo creo que es por el pendiente al que me tienen mis hijos.
Me dispongo a apagar luces, aparatos, que no apagaba desde hace tiempo, porque no me acordaba o por las prisas de llegar a la casa de alguno de mis hijos para quedar al cuidado de los nietos, siempre hay que ayudar a los hijos con sus hijos; ah los nietos, terminan queriendo tanto a los abuelos que muchas veces nos volvemos alcahuetes de que coman golosinas, se  metan a los charcos... En fin. Ya traigo  las llaves, abro la puerta y "Rinnn, rinnn¡" El teléfono.
-Si bueno... !Vayanse al carajo... No son los nietos, son ustedes los que me han sometido, de hoy en adelante sólo acepto visitas e iré de visita!
¡No puedo creerlo, lo hice! ¡Ahora sí me júbilo!


miércoles, 31 de octubre de 2018

PEDERASTIA



No es mi intención abrir debate, pero así como crucifican a toda una institución por los contados y quizá por aquellos que no han sido descubiertos, sacerdotes pederastas; así deseo también que, por los pocos que nos atrevemos a contar quizá por miedo a ser atacados, porque ahora resulta que el defender la verdad es un delito. Yo viví mi niñez rodeado de sacerdotes cuando fui monaguillo, desde los 6 años  a los 18 y siempre ví cariño, consejo, regaños, que mucha falta hacen en la ausencia paterna; fuí guiado, querido, respetado para ser un hombre de bien. Así como se hace una marabunta por los menos, así se guarde uno de opinar y hacer juicios por mi testimonio en contra de otros muchos, que son los más, como dicen por ahí, habemos más gente buena que mala.
Estoy de acuerdo que a toda la gente que no se ha conducido éticamente se le castigue, pero cuidado de caer en fanatismos y falsos jueces al señalar sin conocimiento de causa a algún inocente porque habremos o estaremos perdiendo a gente y seres humanos muy valiosos.
Como muestra basta un botón, la ola de linchamientos, sabe Dios si han sido con razón o sin ella, aclarando que nadie tiene el derecho de tomar justicia por su propia mano, bueno, depende si se trata en defensa propia, pero a esto no se le llama justicia por la propia mano, se le nombra, efectivamente, defensa propia. No caigamos en estos tiempos aprovechando y, agregaría "desaprovechando" las redes sociales que muy lejos de ayudarnos nos están destruyendo, ya que las usamos indiscriminadamente y sin tener ni buscar información fidedigna.
Retomo, las peores armas las cargamos en nosotros mismos: la lengua, el dedo que señala y nuestra ociosidad de mente.
Gracias a estas armas nos han dividido en nuestras creencias, valores y confianza en nosotros mismos.
La humildad de aceptar que nos hemos equivocado es el primer paso a no cerrarnos para continuar ser más honestos con nosotros mismos.

Adolfo Delgadillo Padilla