La muerte de sus encantos a manos de la vejez.
La vívida brillantez de sus conocimientos en manos del tiempo.
Y la niñez quedó abandonada a causa de sus prejuicios.
La muerte de sus encantos a manos de la vejez.
La vívida brillantez de sus conocimientos en manos del tiempo.
Y la niñez quedó abandonada a causa de sus prejuicios.
Nos aferramos a la vida, evocamos lugares, momentos, recuerdos, pero nos olvidamos del respeto a esa vida que se nos escapaba y que pendía de un hilo, perdimos la brújula que esta experiencia, nos habría enseñado.
Tal parece que olvidamos la empatía a la vida misma, al otro, al dolor y necesidades de nuestro prójimo.
Resurgimos más agresivos, indolentes, amnésicos ¿No se supone que debimos de haber crecido humanamente?
¡Nos rompimos!
No me diste tiempo para amarte lo suficiente en esta escacez de sentimientos rotos.
De confusión desenfrenada que se agolpaba inmaduro en mi joven corazón.
En la brevedad líquida del tiempo te escapaste sólida en lágrimas secas e inexistentes.
Me quedaron fragmentos nítidos que se disiparon en el olvido silencioso de dolor.
En la dimensión eterna del instante absorbido por deseos imparables de lo desconocido.
Del secreto que guarda la intriga y el misterio de vida que envuelve a la muerte.
Cuando cierro los
ojos, muero. Cuando muera haré de cuenta que duermo.
Con los ojos cerrados soñaré que vivo, aunque inerte esté.
En mi indeseada materia inanimada, despertarán mis sueños.
En ellos te encontrarás tú tan potente como el sueño mortal.
Si te veo fallezco y si no te miro entristezco, vivo y muero por verte, mi vida por tenerte.
Si me quedo en ti vivo, muero por tenerte dentro. Muero porque no vivo, muero porque en ti muero.
Vivo muerto si en tu recuerdo no habito.
No entendía mi dolor perenne y quise apartarte de mi mente aunque deseaba verte y...
El no verte dolía igual que el verte y, si te olvido, la muerte vivo.
Tu ventaja ante mí era mi osadía, amar con tanto delirio a quien en un instante gané su olvido.
Bien lo merecía que al fin el triunfo yo lo tenía, amé a quien yo escogí mientras tú olvidaste a quien bien te quería.
Vivía por morirme de ti, ahora que no te pienso, ni muerte ni vida sin ti.
Era la vida pensarte aunque el dolor de mirarte en mi mente, a la muerte entretenida tenía.
Hoy la muerte vivo me quiere, el no insistir de que me ames ni vida ni muerte hiere.
El dolor es vida, la vida sin dolor por tu amor ausente.
Aprehensiones no ocupan mis desvelos,
Más que entretenido me tenías con la péñola en mano la razón perdía.
Aquellos ojos amados por lo que los míos estaban entregados.
¡Oh espantosa hermosura e insegura mi cordura! en mis entrañas dibujada la pasión de mi locura.
Adolfo Delgadillo Padilla