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miércoles, 8 de febrero de 2017
PRIMER MANDAMIENTO
Dios, juré no blasfemar
cansado estoy de amar
tuyo es el mandamiento
no lo voy a jurar.
Pequeño aprendí a llorar
y llorar tan pequeño me hace
por no perdonar.
El buen amor por mal
correspondido dolor.
Dios, juré no blasfemar
cansado estoy de dar,
dar al que mal me paga,
pagar no sacarle de mi alma.
Amar lo perfecto quiero,
quiero siendo imperfecto,
imperfecto encuentro mi
sentimiento.
Un corazón para amar o sufrir
Un cuerpo que padecer o gozar
Unos ojos para mirar o privar.
¡Señor o me quitas este don o...
yo mismo me lo arranco deste corazón
porque no entiendo tu razón!
¿Me perdonas o...
me tengo que perdonar yo?
Etiquetas:
adolfo delgadillo padilla,
amar,
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Primer mandamiento,
reclamo
lunes, 23 de septiembre de 2013
PROMESAS
¡En el río de mis ojos, lágrimas!
lágrimas confundidas de mar,
es el mar color de mi mirar:
lo profundo de mi pesar.
No te siento, no te lloro
¡Si no te importó el no estar!
Me dejaste alejado cuando
yo más cerca de tu andar estaba.
La tinta se regó en el asfalto
y dejó de plasmar en el cobalto
color de mi libreta en tanto.
Temblorosa mi mano con la brocha
del encanto sucumbió al trueno
de mi quebranto.
No te espero, ya te tengo
como astilla clavada en mi lecho.
Son de llama mis plegarias
y helada mi esperanza.
Son cristales tus promesas
y en vapor tu mirada anda,
enramada de palabras
en el suelo dejadas y olvidadas.
viernes, 27 de abril de 2012
GENIO Y GORDURA HASTA LA SEPULTURA
-
¡Ay
Chencho qué voy hacer sin ti!
-
“Pues
lo que siempre hacías mujer”
-
Eso
nunca se acaba, la labor de una ama de casa es extenuante, y sin sueldo ¡Qué
barbaridad! Pero ya ves: Fuller, Avon, Mary Kay, Tuper Were ¡No hay dinero que
alcance! ¡Ay Chencho!
-
“Ora,
ora no escupas, que todavía siento… pues lo e siempre, andar de metiche”
-
Mhj,
perdón, es la dentadura que se me aflojó, pero no me voltees la tortilla
Inocencio, porque para que te lo sepas, eran relaciones humanas y tú de esas
carecías; gracias a ello me di cuenta que la güera, la del tres, si esa que
acorriénta el barrio, hasta de blanco la sacaron y tú ni un anillito de “Nice”
me lograste dar.
-
“La
que me dio el anillito fuiste tú, bueno, si a eso se le puede llamar anillito”.
-
No
comiences a calentarme la telera Nacho, que si me casé contigo es porque ni
tiempo me diste de poder escoger y mucho menos las dos últimas sílabas de la
palabra “escoger”, con eso de que me acatarrabas todo el tiempo. Me prometiste
luna de miel ¡Y mira a la pocilga que me trajiste! A Canelita, esa que mal
teñido tiene el cabello, que dizque de >>chocolate<< ya le van a
comprar casa, si, si la del seis y a ti ni para enganche te alcanzó.
-
“¿Pues
cómo? Si comes como pelona de hospicio”.
-
Me
vuelves a querer voltear la ardilla al revés y te pongo los calzones como
acostumbrabas a usarlos, hasta el ombligo, que ni así lograbas levantar “ese orgullo”. Bien me lo decían mis padres-
No le creas a ese cretino, que creé que vende la verdad en cuadritos- y si que me la vendiste en cuadritos, porque
de rompecabezas no se nada, no por falta de inteligencia, porque bien que me
doraste la píldora, sólo llegaste y te instalaste y con cuatro hijos me
embarcaste ¡ingrato! >>Ya oigo llegar a tus hijos<< ¡Ay viejito de
mi alma, no me abandones! ¿Qué voy a hacer sin ti? snif, snif, snif ¡Tan bueno
y trabajador que era! Ahh
-
-
Mail:
Adolph_5@hotmail.com
-
jueves, 26 de abril de 2012
ENGAÑO
Mi amor ciego de ti desea morir
casto mi deseo, cierto tu desamor
Morir engañado dulce tormento
tormento que me engañes desamor
en agonia, desvanece mi cuerpo
cuerpo, alma te pertenecen sin temor
Salvaje suspiro anhelo tu voz irradia
irradia mentira a mi corazón
miente arogante, no desilusiones
que engañado quiero ser de voz
No engañas mi sapiencia sino a ti
que por no quererme sufres mas que yo
¡Oh! Lamenta tu estadía mas que yo
lunes, 23 de enero de 2012
MAYANALÁN
Qué tal estos días de contingencia? Hasta cansaba por tanto aburrimiento y pensé "Ni modo serán de recogimiento"
La invitación de un amigo a su pueblo Mayanalán, Guerrero, que significa "en donde se acaba el maíz" cambió mis planes.
¿Dónde es eso? Ha de ser un lugar olvidado por Dios, allá donde da vuelta el aire, no, una cuadra antes.
Mi bienvenida fue muy emotiva pero el calor era infernal, no menos que el que estaba viviendo yo interiormente, "aquello" me daba vueltas.
En cada una de las casas hechas con adobe "y con amor" me dijo una señora, Hay toda una huerta, en cada una de ellas pareciera que cayera el maná por sus árboles de ciruelas, mangos, guayabas, papaya; infinidad de tamarindos en ésta tierra tan noble.
Humildes pero dignos de dioses los frijoles con ciruela, tamales de Nejo con mole verde con guajolote, untados delicadamente en la hoja del maíz, ha forjado el cuerpo hercúleo de este pueblo.
Al cobijo de la generosa sombra de un árbol de mango , se me refrescó el cuerpo, el alma, dejo de oprimirme el pecho "aquello" en lo cual tendría que pensar, tarde que temprano.
Me asaltó una pregunta ¿Cuándo tienes relaciones sexuales, quién es el responsable de tu salud, tú o el otro? y la respuesta llegó. Pues tú y nadie mas que tú tienes la obligación de ponerte el condón y de exigirlo.
Y así pasaron los días en este pueblo que no me prometió nada y que incluso no me lo recomendaban, que porque me iba a aburrir.
Me fue mostrando cohibido sus encantos. Su iglesia de porcelana, sus troncos de chocolate, que a pesar del calor no se derriten que porque están hechos de caoba, de pino, enramadas de color de la menta, verdes. Sus calles de pinole y muégano.
Y te lo voy contar, hace unos días recibí un mensaje anónimo en mi celular que decía < ¡Maldito, ojete, púdrete en el infierno por haberme infectado, que nunca tengas paz!> Contesté y no obtuve respuesta "Aquello" me revoloteaba, no veía la manera de sacarlo, de sanarlo.
Una tormenta eléctrica redibujó la silueta de los montes, tiñéndolos de un fugaz azul. Y la lluvia llegó, olor a tierra húmeda, mezclada con los olores de la leña, del café, del maíz; lavó los tejados, los techos de paja, los lomos de los burros, las hojas y las flores; lustró los colores oriundos de aquel lugar, los hizo mas brillantes para mi.
Esta tierra que no me ofrecía nada, me regaló la aridez con la que ha sido tratada, la generosidad curtida de unas manos trabajadoras, la eyaculación no esperada por montar a caballo, la paz permitida y la lucidez de entender que este es un lugar tocado por Dios porque no ha sido tocado aún por el hombre.
Leí, casi termino el libro y me acordé de ti, otra vez lloré. El poso sorprendido, acostumbrado a que le saquen agua, yo se la eché, mis lágrimas lo llenaron y allí me vacié, a Dios le hablé -¡Yo no lo infecté!- y Dios me creyó, porque Él lo sabe. Y allí por vez primera acepté -¡Tengo sida y voy a morir!
¿Dónde es eso? Ha de ser un lugar olvidado por Dios, allá donde da vuelta el aire, no, una cuadra antes.
Mi bienvenida fue muy emotiva pero el calor era infernal, no menos que el que estaba viviendo yo interiormente, "aquello" me daba vueltas.
En cada una de las casas hechas con adobe "y con amor" me dijo una señora, Hay toda una huerta, en cada una de ellas pareciera que cayera el maná por sus árboles de ciruelas, mangos, guayabas, papaya; infinidad de tamarindos en ésta tierra tan noble.
Humildes pero dignos de dioses los frijoles con ciruela, tamales de Nejo con mole verde con guajolote, untados delicadamente en la hoja del maíz, ha forjado el cuerpo hercúleo de este pueblo.
Al cobijo de la generosa sombra de un árbol de mango , se me refrescó el cuerpo, el alma, dejo de oprimirme el pecho "aquello" en lo cual tendría que pensar, tarde que temprano.
Me asaltó una pregunta ¿Cuándo tienes relaciones sexuales, quién es el responsable de tu salud, tú o el otro? y la respuesta llegó. Pues tú y nadie mas que tú tienes la obligación de ponerte el condón y de exigirlo.
Y así pasaron los días en este pueblo que no me prometió nada y que incluso no me lo recomendaban, que porque me iba a aburrir.
Me fue mostrando cohibido sus encantos. Su iglesia de porcelana, sus troncos de chocolate, que a pesar del calor no se derriten que porque están hechos de caoba, de pino, enramadas de color de la menta, verdes. Sus calles de pinole y muégano.
Y te lo voy contar, hace unos días recibí un mensaje anónimo en mi celular que decía < ¡Maldito, ojete, púdrete en el infierno por haberme infectado, que nunca tengas paz!> Contesté y no obtuve respuesta "Aquello" me revoloteaba, no veía la manera de sacarlo, de sanarlo.
Una tormenta eléctrica redibujó la silueta de los montes, tiñéndolos de un fugaz azul. Y la lluvia llegó, olor a tierra húmeda, mezclada con los olores de la leña, del café, del maíz; lavó los tejados, los techos de paja, los lomos de los burros, las hojas y las flores; lustró los colores oriundos de aquel lugar, los hizo mas brillantes para mi.
Esta tierra que no me ofrecía nada, me regaló la aridez con la que ha sido tratada, la generosidad curtida de unas manos trabajadoras, la eyaculación no esperada por montar a caballo, la paz permitida y la lucidez de entender que este es un lugar tocado por Dios porque no ha sido tocado aún por el hombre.
Leí, casi termino el libro y me acordé de ti, otra vez lloré. El poso sorprendido, acostumbrado a que le saquen agua, yo se la eché, mis lágrimas lo llenaron y allí me vacié, a Dios le hablé -¡Yo no lo infecté!- y Dios me creyó, porque Él lo sabe. Y allí por vez primera acepté -¡Tengo sida y voy a morir!
La enfermedad se me olvidó por la influenza, pero si no moría por las formulas V.I.H.,AH1N1, me moriría por la depresión y Mayanalán fue mi solución y de los mensajes ¡bah!...váyanse a Mayanalán que vida les dará.
¡Oh Mayanalán! heriste mis pupilas (al mirarle a él)
Lavaste mis heridas (por amarle a él)
Y vertí en tu tierra mi dolor.
Que dará algún día fritos de color de sol.
¡Oh Mayanalán! heriste mis pupilas (al mirarle a él)
Lavaste mis heridas (por amarle a él)
Y vertí en tu tierra mi dolor.
Que dará algún día fritos de color de sol.
viernes, 6 de enero de 2012
Encominio
Desdéñame mi vida ¡Despréciame! Que por tu rechazo escribo los versos que te brindo.
Tu fortaleza son tus ojos y labios, mi debilidad tus besos.
Desdeña mi pasión, que vivo por la ausencia de tus brazos.
Desdéñame ternura, ignora, porque si no la inspiración se aleja.
Lasciva indiferencia muestra en flores que yo te ofrezca.
A los luceros que te descienda con tu frialdad sofoca, gélida aparece en mí querida.
Dame vida con tu ausencia, que moriré el día en que me hagas caso con tu presencia.
Desvíate del fulgor de mi mirada que incendiaré los ocelos de otras llamas.
¡¡Y perdono el daño que me injeriste, pero cómo perdonarte el que tú te impusiste... Pretensiosa ¡!
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