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miércoles, 13 de noviembre de 2024

EL PASADO



Los tiempos pretéritos evocan recuerdos que se desgastan en la memoria y se aferran al lazo conectivo emocional. 

Ya nada es igual, puede ser mejor. Vivir el presente es saber traer parte del pasado sin miedo. 

Arrastrar lugares, canciones, aromas, caricias, frases que habitan e inundan nuestra memoria cual neblina espesa.

jueves, 8 de agosto de 2024

PASÓ


Pasó el día de mis recuerdos más remotos, la sonrisa amorosa de mi madre, sus cuentos en las noches y el despertar con sus besos tiernos.

Mis primeros días en la escuela, el recreo, los juegos con amigos, las perfectas vocales por el gis dejadas.

La adolescencia indolente, belleza sorprendente, conciencia inmadura capaz de perderte y permanecer en penumbras.

Los golpes de energía inagotable, soberbia, locura desmedida, trancazos de la realidad que se imponía.

Las ganas de triunfar, el legado de la vida, frenetica carrera y en el hito de deseos tropezones de caída.

El cansancio por la lucha, agotado, sereno, reconociendo lo logrado, insatisfecho, inquieto, resignado.

De vorágine de inquietudes a la bonanza evocativa. La vida en un santiamén se reduce  a "Pasó", pasó lúcido, despierto, desprevenido algunas veces pero siempre juicioso.

Pasó... y tu recuerdo amoroso, absoluto... Quedó cálido en el invierno de mi trance terrenal, vigoroso hasta el final.



sábado, 31 de agosto de 2019

¿TE ACUERDAS?



La comida no sabe igual en un restaurante de lujo que servido en una casona vieja bien preservada, de muros de adobe adornado con hojas verde olivo y pajaritos cantando, habitaciones altas, cocina de talavera, techos sostenidos por vigas de madera de pino silvestre.
Una sopa de habas y quesadillas de flor de calabaza, acompañadas de agua de tamarindo y de postre, até de membrillo.
La siesta en una hamaca y la lectura en una mesita con flores silvestres cortadas y puestas en un rudimentario florero pequeño justo al lado de la ventana de herrería donde la luz entra libremente. En ella veo pasar a Don Lucio dirigirse a misa con su misal en la mano, a Doña Cleo con su canasto del mandado repleto de hoja santa, cilantro, epazote, mejorana, peras y demás; a esos novios que se comparten los besos en el helado de maracuyá, a los niños cambiando el color de su ropa cuando juegan en el adoquin del jardín con sus carritos de madera y trompo en mano.
Yo no sé qué le ponía mi abuelita a su sopa de fideos que a todos sus nietos nos dejó perenne ese sabor; nadie ha sabido igualar, quizá era la manteca o las patitas de pollo y con eso teníamos, no necesitábamos de manjares con su sazón bastaba.
¿Se acuerdan del café legal? Pues ese sólo por premura en mi casa lo tomábamos porque mi abuelita nos hacía el café con leche con café del bueno que endulzaba con trocitos de panela... Mmmm y por supuesto como olvidar el chocolate de agua donde remojabamos el bolillo con todo y migajón.
Los bordados, deshilados, las loterías y las historias que nos arrullaban al dormir; como olvidar cuando mi abuelita de armas tomar les ahuyentaba los pretendientes a mi mamá y tías con escopeta en mano, la leyenda del ahorcado y la mismísima llorona.
Había un jabón de lejía para la ropa y otro para el baño que lo tomábamos en un tina de aluminio.
-Tállate detrás de las orejas y allí mismo los calzones- me gritaba la tita.
Los abuelos dejaron este mundo ya mayores, lo dejaron sin aspavientos ni quejas de algún dolor o, eso nos evitaron percibir, con su partida nos olvidamos y descuidamos las macetas, el barrer el patio, el subir a la higuera, el saltar la reata. Pero la memoria es como un disco duro y ahora son las tertulias con los hijos, los nietos, los sobrinos que nos piden ir al mercado de Sonora a comprar: yoyos, trompos, baleros y damas chinas de madera.
Yo aún conservo mi juguete favorito: dos pugilistas sobre una palo de madera midiendo su destreza cuando como por arte de magia los hacía pelear cuando apretaba un botón; esa era mi tecnología.

Adolfo Delgadillo Padilla

viernes, 21 de junio de 2019

EL FERROCARRIL

EL FERROCARRIL

Viajar en tren es la experiencia más emocionante que he tenido, desde saber que para llegar a mi destino me tardaré tres veces del tiempo que me llevaría llegar en autobús y que de antemano eso es lo que busco. Siempre me fascinaron los trenes, verlos correr sobre unos rieles con su inconfundible sonido avisando que venía y entre más vagones mejor, era alargar mi dicha al verlo y si contaba con pocos vagones me desencantaba.
Viajar sin prisas, disfrutar el paisaje, comer en todas las estaciones de tren en la que los habitantes del pueblo al que paramos nos ofrecen, dejarte llevar por el tiempo que pareciera pasa más lento, conocer gente con la que te cruzas en el pasillo para ir a tu camarote o en el restaurante que está delicadamente arreglado con un florero y manteles limpios, luz tenue evocando tiempos mejores de cuando comenzaron a funcionar.
Invariablemente me afirmo: "Porque Dios quiere que exista todo aquello que al hombre sirva, pero nunca que el hombre se sirva de aquello para dañar al hombre y como muchas cosas que aún no se conocen, ya existen en la mente del hombre porque hemos sido capaces de llegar más rápido pero parece que somos mucho más lentos de entender". Es muy común ponerme filósofo en cuanto me siento en contacto con la naturaleza, se me despierta un sentido desconocido para mí.
Voy en el comedor del tren y me es imprescindible ver el paisaje, leer y escribir al mismo tiempo porque es un regalo que me merezco.
Tren, el camino hecho con fríos rieles que te conducen a un destino; muchos dicen que ya está marcado, pero sin vida no hay derecho de viaje y en determinación de lograr lo que uno busca, no hay sendero seguro.
Pasar por una vegetación que parece que la locomotora corta a su paso y las plantas a su vez limpiaran los vagones dejando un refrescante olor a pino, eucalipto, flores silvestres, vacas pastando, agua, humedad, el frescor de la noche y también saber dejar pasar la vida o saber disfrutar de ella sin apuros.
Ese movimiento y sonido que hacen las ruedas sobre los durmientes no tardan en relajarme y pienso que: para saber del mundo es necesario distinguir las huellas y quizá el del viajar era la manera ideal después de caminar y saber vivir. Una peculiaridad de viajar en tren es que haces plática con todos, es como si fuera una casa rodante en el que unos bajarán antes que otros.
Adaptarte a los diferentes cambios de clima a los que uno pasa por los diferentes lugares, tener que asearse lo elemental y disfrutar de la película que el recorrido nos brinda; niños, mujeres con bebés en brazo, campesinos con sombrero en mano nos mandan un "adiós, adiós" y me preguntó ¿Cómo será su vida, ellos desearan saber de la nuestra o quizá miran en el paso del tren el momento más rápido de su rutinaria vida? Porque esperan ese momento, se ve que unos minutos antes ya están en espera, sentados, unos en su silla, el paso de la modernidad.
Viajar en tren de ninguna manera resultará vanal, te hace recapacitar y pensar en lo relativo del tiempo, que hay otra forma de visualizar la existencia, la diferencia de trasladarse y de saber llegar.
Por esto creo que una de las cosas que Dios quiso que existieran es... El tren.


miércoles, 21 de marzo de 2018

EL AYER


Yo no puedo decir claramente si fui abandonado porque mi mamá siempre me visitaba en el orfanato donde me llevaba dulces que me dejaban un sabor amargo.
Me decía que para ella hacer las cosas así le parecían mejor que ponerse fea con los quehaceres de la casa y que me libraba de ser regañado a causa de su histeria, así estaba bien; no deseaba ser como la mamá de mi compañero de cuarto, que era una pendeja con iniciativa que por quererle arreglar la vida a todos, hizo de mi hermano un inutil o, como la mamá de Sergio que le dijo colérica ¡Y cómo tu hermano si se deja! cuando él le retiró la mano de su miembro puberto entrado a la juventud.
Ninguno tenía clara su situación, no tenían tiempo, al levantarse a las seis de la mañana, arreglar su dormitorio que parecía un congelador, ellos creen que por ello dormían bien al buscar el calor del otro, desayunar y dirigirse al aula lúgubre.
¿Qué diferencia existía entre beber el atole en pocillos de peltre a pocillos de porcelana? Yo digo que la añoranza, porque también dicen que el árbol representa al padre e, inconscientemente nosotros nos sentíamos cobijados en esas bancas de madera cruda. Salvador nos contó que recordaba con cariño cuando su papá se lo echó a su espalda y cuando llegó su mamá al levantarlo, él tenía una erección y, sus papás se echaron a reír. Estas anécdotas crearon vínculos entre nosotros, sabíamos el por qué estábamos allí, pero abandonados no nos sentimos, a menos que, ese fuera nuestro más íntimo secreto. Las caminatas largas entre los encinos que beben al camino torrentes de malteadas de chocolate, caracoles que dejan huellas al caminar para no perderse en la exhuberante vegetación y duendes imaginarios que alimentaban nuestros sueños.
Hoy me desperté con un pocillo de peltre color azul, ése que me acompañó y me recuerda el ayer, por el que aprecio lo logrado gracias a una madre que hasta sus últimos días no dejó de llevarme dulces, de los cuales regalo a los niños que a gloria les saben cuando a mi, hiel me dejaron.

miércoles, 26 de julio de 2017

SIN SENTIDO


Mi estadía en el mundo se asemeja a los ríos, que en cada lugar cambian de nombre: unas veces vida, otras tristeza o alegría o quizá melancolía, alegre soledad o soledad tristísima.
Como tu nombre ausente dejó mi existencia vacía y llena de dolientes recuerdos y un hueco que no logro identificar en dónde se localiza, si en mi pecho, a un lado del corazón; no sé, pero no me permite respirar. Quizá en el fondo dejar de respirar deseo, porque si tú no estás yo tampoco quiero estar.
Deambulo la vereda que corta el campo y que parece continuar su camino hacia el mar, ese mar azul que se encuentra abajo de la gran loma que divide mi pueblo.
Ya no encontraré tus pisadas sobre la playa y tampoco te he encontrado en mis sueños, tus apariciones en cada reposo nocturno por breve que sea se han agotado.
Me dicen que bien amé a quien mal me quiso y que tengo que obsequiar mi ausencia a quien no aprecie mi presencia pero, en realidad a tu lado yo me perdía, en tus brazos, en tus besos y ni como reclamarte que me regreses aquello con lo que te quedaste.
Subiré la loma, la andaré las veces que sean necesarias y desandaré el sendero, engañaré a mis pies, los obligaré a hacer surcos en diferentes lugares para qué: si en tí me perdí, perderme otra vez, que bien que se me da, ¡perderme! y, si es posible, ni yo mismo hallarme que nada de valor me quedó por todo lo que me hurtaste.

miércoles, 9 de noviembre de 2016

ANHELANTE


Me miras y finges indiferencia ¿Dé qué sirve fingirla si no la sientes?
¡Ingrata tu vida por despreciarme! Y sin embargo me tienes sin poseerme; me tienes presente en tus oscuros sueños, claros y tormentosos despertares.
Me añoras a solas, al descanso de tus deseos y al despertar a la vida mueres por de frente tenerme. ¡No te culpo! Aunque por un solo ademán tuyo... ¡Te otorgaría mi vida entera para tenerme!

viernes, 8 de agosto de 2014

DECISIÓN



Me dicen que te olvide, que el tiempo lo cura todo, yo quiero lo contrario, tenerte inevitablemente a mi lado, como ente, como un rosario de cuentas desgastadas por las llemas de los dedos de mis manos que imaginan acariciar tu torso, tus glúteos, tu... ¡tú distante!
Antes deseba eso, arrancarte de mi lado izquierdo, cuando te posabas al derecho, danzando en mis sueños acurrucado en mi memoria.
Ese día ya te tenia fuera y me sentí abandonado, te jale a mis pupilas porque ya te me estabas olvidando, tomé una pluma, dibujé tus ojos rasgados en mi piel ajada por los años.
¡Oh vida mía! ¿quién diría que tu ausencia me mantenía? ¿para qué olvidarte? Si hubieses vuelto más perdia ¡Quédate con lo robado que, aunque no lo querías! ¡Yo me quedo aquí pensando en que sí!
¿No gané más con esta fantasía?
Te perdono el abandono, pero ¿cómo perdonarte lo que perdias?

martes, 12 de noviembre de 2013

ESCLAVO

Es mi celda mi corazón
son tus brazos mis cadenas
tus labios mi condena
tuya mi sin razón.

En el encanto de las hojas
de invierno,titiritantes
aparece tu imagen arrogante.

Y el viento que cruza
su canto se entrelazan
los ojos de tantos y los
nuestros en llantos.

¡Rasga centinela realidad!
que en sueños dormidos
despiertan mis sentidos
atolondrado corazón expiro.

Un segundo es eterno
eterno seguirte y no verte
acompañado de otro
es mi muerte.