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martes, 24 de agosto de 2021

¿ES ÉSTA LA VIDA?

 


Nada existe hasta que la realidad de ya no estar nos alcanza, todo se desvanece y se convierte en sueño que nos persigue taladrando nuestra confusión y aún así debemos seguir en esta dimensión.

Cuando creemos estar en un presente el pasado nos alcanza, pensamos en un futuro enriquecido de fantasía ideal; imaginamos que no nos encontramos de donde somos que pertenecemos a otro espacio, perdemos la magnitud de la existencia.

Un deseo infinito de aclarar que existimos, de ser, de estar, de pertenecer y que el miedo a lo desconocido se torne certero por el desasosiego.

Hoy estamos, mañana seremos un sueño para los que se quedan debatiendo entre si somos parte de la ilusión caprichosa de un Dios cruel.

¿O es ésta la vida, la magia, el encanto del instante pasional de jugar y disfrutar la experiencia de ser invitado al selecto milagro?



 

Adolfo Delgadillo Padilla

viernes, 31 de julio de 2015

RÍO REVUELTO

La Revolución Mexicana creó múltiples costumbres y modus vivendi de los mexicanos. Apenas unos años las abuelas acostumbraban a resguardar la comida en cestas de paja y mimbre en lo alto de las vigas de las casas, esto por las ratas; el cual nos obligaba a comer el pan duro con chocolate de agua que mi abuelita para hacerlo más espeso le añadía polvo de barro.
Muchas veces la comida se secaba o se echaba a perder, pero descubrían nuevas formas de reutilizar ese alimento; por ejemplo: con el pan duro nos hacían capirotada, con la tortilla dura chilaquiles y no dudo ni tantito que gracias a esa costumbre salieron algunos chiles secos o la machaca.
La moda era tener remendados los pantalones y camisas con retazos de tela de colores, de zapatos cartones amarrados con mecate.
Ahora me pregunto ¿Cuáles ratas? Si en la Revolución a causa del hambre las ratas por poquito se extinguieron y las monturas de los caballos, cinturones eran comestibles.
El beber el propio orín a falta de agua.
¡Ay que tiempos aquellos cuando mi abuelita nos cocinaba con manteca! Remojar los recuerdos donde la pobreza no era nuestra preocupación y el tocar con nuestros pies desnudos esta tierra con perfume de barro, bañarnos en los ríos vivos y no contaminados, acurrucarnos en el petate (que era de todos) a escuchar las mismas historias y leyendas al calor de una vela de cera y echar la imaginación a volar por las sombras y distorsión de la luz parpadeante en las paredes y nuestras caras... terminábamos exhaustos arremolinados a las seis de la tarde para al siguiente día.
Este movimiento no rompió el proceso capitalista, no fue una lucha de los pobres contra los propietarios... sino una contienda privada... por el poder. No unifico, fue un instrumento ideológico manipulado (por el gobierno) contra sus enemigos... y las presiones del exterior.
¡Qué más da! esta lucha me regaló los recuerdos más felices de mi vida, lo impávido del tiempo y la eterna felicidad que me da el recuerdo de mis risas en paz.

viernes, 8 de agosto de 2014

ANSIEDAD



Lamí la gota que resbalaba del tronco palpitante y que precisamente sudor no era, era salado, era vida, mi vida ¡vida mía!
Borre todo indicio de ansiedad y desconfianza, con una caricia en tu espalda aprisione tu pecho contra el mío para que se reconocieran y al despegarse quedaran secos y saciados.
En la luz de tu mirada divise el agua clara de la playa aislada de tu etérea profundidad y me invitaste anhelante al viaje virgen de tu interioridad.
¿Cuántas vidas debo vivir si es que me dejas para olvidar?
Instante divino fragmento en un suspiro, instante fugaz como el parpadeo coqueto de tu mirar, virar al pasado, anhelar al futuro y el instante divino, olvidar; ignorarlo para hacerlo eterno, perenne... inmortal.
No me causes destino tal penar que aunque sea déjame soñar.
¡Que pena es mi suerte que por un instante sufriré eternamente!
¿O mi destino fue tenerte cuando otros su muerte fue por tan solo verte?
Por tus ojos me encontraste y por ellos me perdí ¡Regresa por lo hurtado! Que está en buen resguardo ¡Te lo imploro