¿Te acuerdas Angel, el día que levantaste a un muchacho de veinticuatro
años en la alameda? Que de entrada le dijiste que tú no pagabas pero
que él te gustaba... ¡y cuánto te gustaba!... tanto que hacia ya mucho
tiempo que de tan solo mirar a alguien no se te paraba la verga.
En
el trayecto, en el metro, no se fueron hasta atrás, en el vagón gay,
para que no te lo fuera a bajar una más lista que tú. Con la mayor
naturalidad te dijo que llevaba cinco días sin bañarse, pero no olía
mal, y a ti eso no te importaba Angelito, porque pensabas meterlo a
bañar antes, no ibas a ofrecerle desodorante ni perfume, ya que querias
percibir su aroma natural, de hombre.
No era guapo, pero tampoco
feo, fuiste descubriendo en el camino a la estación a la que se iban a
bajar, creo que era Juanacatlán, sus facciones de chacal ¡Qué hombre,
qué ojos tan claros y negros a la vez!
¡Qué labios de costeño u
oaxaqueño! de esos que invitan a mordelos sutilmente, acariciarlos con
tus labios y pintarlos con tu lengua. Su cuerpo era como te gustaban...
llenitos. Su voz te seducia con su cadencia, no era timido pero tampoco
hablaba demasiado.
¿Cómo se llamaba comadre? Me lo dijiste pero no
me acuerdo, a fin de cuentas si a quien se cojio fue a ti y no a mi,
pero como me acuerdo, porque cuando me lo chismeaste sentí que era una
experiencia diferente para ti; libre de maldad, de un instinto sexual
cualquiera.
Tenías ganas de vivirlo, de disfrutarlo, no una vez
sino muchas y... es más, hasta tenias miedo de lastimar esa tela tan
delgada que divide lo real con la fantasia que estaba a punto de
sucederte. Tu fantasía sexual... ¿nada más tuya amiga?
Llegaron a la
estación, aún allí dudaste si llevarlo a tu casa un rato o que se
quedara a compartir contigo la noche. Sentir lo que ya hacía tiempo no
experimentabas, compartir tu cama, tu intimidad de hogar, sentir el
aliento que baña a las tres o cuatro de la mañana tu cara, pero ya era
el último tren. Ni cómo regresar el "regalito".
Ofreciste que se
desvistiera mientras le preparabas algo de comer cuando él se bañara,
pero con toda la intención "perra" de verlo desnudo. Y si. Te agradó más
de lo que te esperabas, porque tan solo vio que lo veías discretamente
(no te creo) se pulsó su miembro.
¿Lo estará haciendo por hambre? te
preguntaste, pero a ciencia cierta no lo supiste, porque comió con una
educación que tus hábitos a la mesa los tuviste que modificar.
Se
sentó con una playera de tirantes y una bermuda que le hacían lucir sus
muslos desprovistos de vello, pero duros, firmes y que de cuando en
cuando se restregaba su sexo con discreción.
¡Por fin! a la cama ¿Ya
se te hacía tarde, verdad, amiga? Y te topaste con sus pies, limpios,
bien cortadas las uñas, sin callosidades ¿Qué pensabas? ¿Qué los iba a
tener peor que los tuyos? No hermana, ellos no urilizan tacones... es
una broma manita, no te enojes.
Y también le sorprendió que
empezaras por ahí, por sus pies, subiste a las pantorrillas, con tu
nariz besaste su piel, sus piernas, su pubis enredado de sensualidad,
las ingles, su vientre cortado por su perfecto ombligo de donde se
asomaban y terminaban a la vez sus pocos vellos.
Lo miraste y la
reacción de su cara no era la misma de su bien bonita verga. No era tan
grande, no me humilles, cada vez que me lo cuentas le subes un
centímetro para dar envidia. Era gordita y aterciopelada. Eso si te
creo.
Te encontraste con sus axilas, las disfrutaste, ese olor a
limpio, lleno de feromonas que te excita. Para sorpresa tuya te tomó de
la cara y te besó. ¡Santo del día anterior! casi lloras de la emoción y
sutilmente te encamino hacia su verga, aquí te sacó lágrimas,
produjiste tanta saliva que le diste un uso. Ya me imagino.
Te
penetró. Lo hizo tan bien -dices- que no te dolió ¿Así cojen los bugas?
Sin prisas, porque te dijo que era buga. ¡Cómo disfrutó penetrarte! se
le veía tanto como a ti.
Dejó caer su cuerpo, te inmovilizó y sus
caderas se movían a un ritmo que te hizo sentir un orgasmo y sentiste
amarlo, ya luego él se vino. Nunca habías sentido cuando corre el semen
en el miembro, como se hincha, como late y después ese punzante dolor
cuando empuja toda su virilidad hasta tocar las paredes de tu ser.
Seguía el amor, después él a tu lado, recostado, escurriéndosele el
semen con los ojos cerrados... tú te volviste a masturbar.
¿Era
amor? ¿te enamorste Angel? Pensaste que eso no podía suceder: amor a
primera vista. En eso tú no crees. Pero te tocó, te envolvió el
corazón. Tan sutil fue su llegada que cuando se tuvo que ir sentiste una
punzada ahí, donde se sienten todas las emociones, en tu higado,
estómago y más arribita.
De nada sirvió esperar una semana, ya ni
hablar, no se comunicó contigo... Porque ¿le diste tus teléfonos verdad?
5553-01... y el 04455-1493... ¡Lástima! hasta para pareja lo hubieras
deseado, sin importar lo que dijeran tus amigos.