Mostrando entradas con la etiqueta sensibilidad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sensibilidad. Mostrar todas las entradas

domingo, 26 de enero de 2025

¡NOS ROMPIMOS!


Es urgente recordar que vivimos una emergencia en la que perdimos seres queridos para retomar el miedo, la vulnerabilidad, sensibilidad, tolerancia que mucha falta nos hace en estos días que parece que ya olvidamos por desgracia.

Nos aferramos a la vida, evocamos lugares, momentos, recuerdos, pero nos olvidamos del respeto a esa vida que se nos escapaba y que pendía de un hilo, perdimos la brújula que esta experiencia, nos habría enseñado.

Tal parece que olvidamos la empatía a la vida misma, al otro, al dolor y necesidades de nuestro prójimo.

Resurgimos más agresivos, indolentes, amnésicos ¿No se supone que debimos de haber crecido humanamente? 

¡Nos rompimos!

martes, 4 de septiembre de 2018

LA SENSIBILIDAD DEL ALMA



Le pusieron Casimiro en honor a su abuelo sin saber que el nombre le quedaría corto, ya que no se habían dado cuenta, hasta que en una revisión médica les dijeron que era ciego el desgraciado niño.
Mirito, así le decían de cariño, había heredado la belleza materna de origen italiano y la gallardía viril de su padre en el cual corría sangre colombiana; a sus dieciocho años estudiaba en una escuela particular de las más prestigiosas de su ciudad natal, donde los edificios se cubrían de jade gracias a la cantera verde  oaxaqueña.
Casi, así le decían sus compañeros y amigos porque Casi, se podía decir que si veía, gracias al sentido que desarrollo por no ver. Se dice que el que ve es el cerebro y no los ojos y yo lo creo, porque nomás cierro los ojos y te veo tan nítida como la última vez.
Al cumplir los seis años, Mirito se creó unos binoculares para no gritarle a sus amigos cuando estaban lejos ya que con los catalejos los podía ver de cerca y hablarles bajito fuera de sus casas y no enterar a sus padres por si no los dejaran salir.
Guendanabi era la niña más linda que los ojos del hombre hayan visto, su mirada ponía nerviosos a cualquiera, menos a Casimiro que con tan sólo tocarla ella se enamoró, ella sintió una descarga eléctrica en sus fibras ya que hasta ese día era indiferente al sexo masculino. Ésta era otra capacidad que Casi no deseaba explorar con cualquiera, sólo por el llamado del alma.
Miro, así nombraba Guendanabi al hombre que despertó en ella querer ser el camino que él andara, culminó sus estudios de médico oftalmólogo ¡Increíble! Fué el mejor de la carrera, tenía una precisión en sus intervenciones, devolviendo la capacidad a otros de poder mirar con la extensión del cerebro, que son los ojos.
Sus hijos mezcla italiana, colombiana y oaxaqueña son lo más grabado en la mirada síquica de Miro.
Mi amigo Casi, no me ha querido quitar la luz de mis ojos porque me dice que Beethoven siendo sordo pudo componer las más bellas melodías y yo conservo tu imágen no en mis ojos sino en mi alma, y tú Nonita sigues muy dentro de mi.
Si Van Gogh no hubiera tenido su genialidad, Miro, le hubiera ayudado, porque él mira los campos de cultivo, las casas con techos de paja de donde el humo de los anafres se escapa, el desfile de figuras cambiantes en el cielo a su muy particular forma de apreciar todas las cosas y la carreta arrastrada por los caballos viejos de Don Ramiro que le ha enseñado a ver que hay más camino que forjar.

Adolfo Delgadillo Padilla

miércoles, 15 de marzo de 2017

DON BENI


Era peripatético tanto que por más que trataba de pasar inadvertido no lo conseguía, una flor diferente adornaba su sombrero desgastado por los recuerdos, su vestimenta contrastaba con su persona de acendrado personaje y, tan nefelibato que inmediatamente se entregaba a sus lecturas.
Era común verlo acompañado por una pila de libros que religiosamente descansaba en la mesa del café del pueblo. Bebía su café, deleitándose cómo la lluvia alimentaba las calles convirtiéndolas de maíz molido a chocolate. No muy pocas veces el vapor que levantaba la lluvia al refrescar la acalorada tierra que a gritos pedía ser bañada por los edredones de algodón de Dios, le empañaban sus diminutos lentes que inútilmente le cubrían sus lágrimas de emoción por ver llover.
Cuando se discurría la cortina que distorsiona el kiosko, las bancas, la iglesia con sus torres, el palacio municipal y la pequeña escuela; hacía parecer las luces más grandes permitiéndoles ser retratadas en los cenegales del accidentado paisaje.
Don Benigno transformaba su rutina en magia, aspiraba el petricor que las rúas de su pueblo despedían después de colorear aún más el plumaje de las aves que dejan las copas de los árboles.
Mozos, majas, niños, el sacerdote, el sacristán, el monaguillo, el presidente municipal y la hetaira del edén aquél se motivaban por el espíritu inmarcesible del último personaje popular que les quedaba.
Don Beni, como le llamaban, cuentan que se enamoró de su prima sin saber que era su pariente, Takara. La bella mulata perdió la batalla contra un mal desconocido y Don Beni que de niño le decían Bebe, quedó condenado al mayor aislamiento de sus semejantes, salvo por sus visitas al café de los portales que con el perfume que despide el grano negro y el viento pasea por las montañas y lo eleva para que los que viven allá arriba de los cojines de Dios lo perciban y, en sus notas de sabor puedan leer, escuchar el silencio de los poemas que Don Benigno en mutismo guarda en su corazón resiliente.

lunes, 25 de junio de 2012

AMBROSIO



Ambrosio  poco a poco se ha sacudido los prejuicios que mucho le han costado, empezó por entender que nada es para siempre, cuando su mamá le mostraba la evolución de una rosa hasta que se marchitaba.
-Recuerda hijo, todo ser vivo nace,crece,se reproduce y muere.                                                                                                                                                                -¿Esto también te incluye a ti mamá?- le preguntó con su miradita triste esperando a que ella le contestara  “que no”.
Transcurrió el tiempo y pareciera que lo había leccionado  para cuando ella faltara. Ambrosio era feliz y vivia en un mundo real, pero alejado  de la maldad; creció con una espíritualidad que nadie de su edad poseía.
No podia entender la infidelidad, pero al mismo tiempo no la rechazaba, en su mente no cabía la posibilidad de que dos hombres se atrajeran, se enamoraran, por la educación que recibió. El disfrutar de la buena vida, del buen comer, de un satisfactorio viaje le causaba culpabilidad por sus seres queridos y, por lo tanto no disfrutaba al maximo.
Lloraba por ver llover, por ser rechazado, por  sentirse amado; tenía una gran sensibilidad, tanto que  contó que fué instrumento de un milagro. Un día con toda la seguridad del mundo le tomó la mano a una madre que estaba abatida porque a su hijo Saúl lo habían atacado y apuñalado, y le dijo:  -No se preocupe, su hijo va a estar bien, confie en mí. 
-¿Qué te da valor decir eso, por qué no mejor que confiara en Dios? – le refutó un amigo años más tarde del incidente cuando se lo comentó.
Meses después del encuentro con la madre de Saúl ( Ambrosio se enteró que la puñalada no fue una, sino 19 y allí es donde se cayó en cuenta que él no había hablado por si solo ), ella se le acercó esta vez y le tomó a Ambrosio de la mano, de la misma manera que él se la había tomado poco tiempo atrás y le dijo:  - Chaparrito, desde el día que tú me dijisté que mi hijo iba a estar bien, yo te creí. Gracias. 
Éste,  ahora joven de 17 años llamado Ambrosio, fue descubriendo que tenía la capacidad de la premonición, practicandola sin lucrar ( bueno, ahora dice que siempre debe de recibir una moneda )
Y yo me pregunto ¿ Existirá algo de santidad en el ser humano perfectible como Ambrosio que ha aceptado el deseo hacia su mismo sexo, que no asume su fidelidad y goza con y de las buenas cosas de la vida, que  se ha limpiado de lastres aprendidos como : el miedo, el temor a Dios, la culpabilidad y aceptado la muerte como un don y no como castigo?