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viernes, 13 de junio de 2025

HOY DESPERTÉ

Hoy desperté con los ojos cerrados, los brazos abiertos y el alma dispuesta.

Porque nadie se queda a medio morir, cuando uno muere, el cuerpo sabe cómo hacerlo, la clave es soltar.

Si el alma está en paz, el sufrimiento se amortigua al amar y yo he caído en el tuyo.


lunes, 10 de febrero de 2025

TODO A CUESTAS

Si me ves solo, no voy solo, voy conmigo, con mis años de experiencia cargados de emociones.

Si me ves jorobado, son las cargas que decidí llevar a cuestas con el ardor de los ojos por las lágrimas escasas.

No voy silencioso, estoy pensando, mascando mis recuerdos que arden en mi pecho y tardarán en sosegarse.

Todo lo que aparento no es, es más de lo que te imaginas y dejará de ser cuando ponga mi alma en paz.



viernes, 24 de febrero de 2023

EL LLAMADO

 


De pronto llega, me nubla la vista y me abre el alma.

¡Oh corazón mío no merezco esta distinción!

Si has decidido tocarme el alma agradecido estoy.

Ahora que te siento permite mantenerme en ti y no en mí.

Que mi dirección sean los demás sin olvidar quien soy.

Soy tuyo, te siento aquí cerca, tan cerca, que se ofusca mi ser.

Solo siento tu presencia en el justo instante que llegas.

No te alejes de mí porque sin ti nada soy.

Mantén la llama de fe, aún cuando mi destino lastimado está.

martes, 4 de septiembre de 2018

LA SENSIBILIDAD DEL ALMA



Le pusieron Casimiro en honor a su abuelo sin saber que el nombre le quedaría corto, ya que no se habían dado cuenta, hasta que en una revisión médica les dijeron que era ciego el desgraciado niño.
Mirito, así le decían de cariño, había heredado la belleza materna de origen italiano y la gallardía viril de su padre en el cual corría sangre colombiana; a sus dieciocho años estudiaba en una escuela particular de las más prestigiosas de su ciudad natal, donde los edificios se cubrían de jade gracias a la cantera verde  oaxaqueña.
Casi, así le decían sus compañeros y amigos porque Casi, se podía decir que si veía, gracias al sentido que desarrollo por no ver. Se dice que el que ve es el cerebro y no los ojos y yo lo creo, porque nomás cierro los ojos y te veo tan nítida como la última vez.
Al cumplir los seis años, Mirito se creó unos binoculares para no gritarle a sus amigos cuando estaban lejos ya que con los catalejos los podía ver de cerca y hablarles bajito fuera de sus casas y no enterar a sus padres por si no los dejaran salir.
Guendanabi era la niña más linda que los ojos del hombre hayan visto, su mirada ponía nerviosos a cualquiera, menos a Casimiro que con tan sólo tocarla ella se enamoró, ella sintió una descarga eléctrica en sus fibras ya que hasta ese día era indiferente al sexo masculino. Ésta era otra capacidad que Casi no deseaba explorar con cualquiera, sólo por el llamado del alma.
Miro, así nombraba Guendanabi al hombre que despertó en ella querer ser el camino que él andara, culminó sus estudios de médico oftalmólogo ¡Increíble! Fué el mejor de la carrera, tenía una precisión en sus intervenciones, devolviendo la capacidad a otros de poder mirar con la extensión del cerebro, que son los ojos.
Sus hijos mezcla italiana, colombiana y oaxaqueña son lo más grabado en la mirada síquica de Miro.
Mi amigo Casi, no me ha querido quitar la luz de mis ojos porque me dice que Beethoven siendo sordo pudo componer las más bellas melodías y yo conservo tu imágen no en mis ojos sino en mi alma, y tú Nonita sigues muy dentro de mi.
Si Van Gogh no hubiera tenido su genialidad, Miro, le hubiera ayudado, porque él mira los campos de cultivo, las casas con techos de paja de donde el humo de los anafres se escapa, el desfile de figuras cambiantes en el cielo a su muy particular forma de apreciar todas las cosas y la carreta arrastrada por los caballos viejos de Don Ramiro que le ha enseñado a ver que hay más camino que forjar.

Adolfo Delgadillo Padilla

sábado, 17 de octubre de 2015

VIEJOS CONOCIDOS


A la muerte la conozco de cerca, en realidad no le he visto sus ropajes o, ¿si? quién sabe, tal vez lo que he mirado es su sombra en el mutis que reflejan los moribundos (que no saben bien a bien a dónde van), algunas veces es de angustia otras de una paz enexplicable, muy a menudo a oscuras, raramente con un halo de luz y esperanza.
La conozco no porque pasara frente a mi, más bien yo he ido en busca de ella. Cuando era monaguillo, acompañaba al sacerdote a dar la extrema unción a los enfermos.
La muerte no sólo se presenta como nos la cuentan, la muerte tiene diferentes caras como: en la incapacidad de darse, vanidad, orgullo, soberbia, odio etcétera... es como ir muriendo poco a poco. Por eso es importante saber a qué tipo de muerte nos enfrentamos en el día a día, ya que sin darnos cuenta vamos muriendo antes de encontrarnos con ella.
El dar la vida por alguién no es morir, dar un pedazo de nuestra vida: cuidando, amando o procurando; suma vida a nuestra existencia.
Somos tan arrogantes que con una sola visita al cementerio nos daremos cuenta que hasta los ricos, famosos, reyes, genios y bellas e inteligentes están allí para demostrarnos que somos finitos... mortales y, por qué no, "miserables".
Para entender a la muerte hay que saber amar, amar no sólo a los que creemos amar o decimos amar, sino a aquellos que por malos entendidos dejamos que se alejen o más correctamente, nos alejamos; porque entonces, cuando nos toque el tiempo de partir, no moriremos, más bien desaparecemos; morir es tener un fin y desaparecer significa el no haber dejado huella alguna.
El amor no es amor si no trasciende más allá de aquellos que digo amar (la esposa e hijos). El amor se comparte y la muerte también. El amor es una fiesta, la muerte debe de serla; por esto, a esta fiesta es a la unica que llegamos sin ser invitados.
Sin embargo hasta en la muerte nos empecinamos a ser indiferentes, egoístas "yo no quiero funeral" o "no quiero en mi funeral a fulano" Debemos compartir este aprendizaje como una experiencia de la vida para seguir unidos aún en la muerte y no en el olvido y la oscuridad.
Finalmente tengamos en cuenta que una sola sonrisa es un estallido que pone en orden las catástrofes del alma y a la muerte ahuyenta por muy cercana que esté.