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sábado, 1 de febrero de 2025

APRENDERÉ DE MI NIÑO


Voy a tener que retornar al pasado, donde no nos divida nuestras diferencias.

Haré de cuenta que seguimos tan iguales sin ir pensando en descubrir cosas nuevas. Esas que nos hicieron pensar diferente y nos convirtieron en esos desconocidos que ahora somos.

Somos un sueño del ayer y la pesadilla del hoy, somos lo que no hubiéramos querido ser.

Voy a tener que retornar al pasado, abrazar mis empátias, mis coincidencias para no tomar en cuenta las diferencias.

Rescataré las simplezas de nuestras risas, te encontraré en mi recuerdo y comenzaremos de nuevo.

¡Ya lo decidí! Regresaré a mi niñez donde encontraba en los rincones magia, en el horizonte vida y alegría.



lunes, 11 de abril de 2022

LA FUERZA DE LA SANGRE


 


Llegó la festejada, se sentó, no en el sillón vacío ni en una de las muchas sillas; no. Decidió sentarse al lado de la mujer que la recibió con gusto. Se saludaron y amenamente comenzaron a socializar de una manera tan natural que a los presentes nos impresionó.

- Bienvenidos a todos, ésta es su casa -dijo Felisa, la festejada dueña señora de esa casa construida con piedra volcánica.

- Muchas gracias - respondió Lola la madre de Fernando y tía de Margarita.

Nosotros solo nos quedó el vernos al tiempo que yo admiraba los recuerdos antigüos de carpetas bordadas en punto de cruz, adornos de cristal de roca, vajillas de porcelana acostumbradas a solo ser vistas y admiradas pero ahora, jamás usadas.

-¿Ya tienen hambre?- interrumpió Margarita dirigiéndose a las dos mujeres que platicaban muy amenamente.

Y las dos mujeres con una sonrisa discreta respondieron al unísono "no". Ellas estaban tan cómodas en su charla, pareciera que tenían muchas cosas que contarse.

Felisa como siempre elegante, ataviada con un collar de coral, aretes, pulseras y anillos expresaba cada oración con las manos que denotaban una gran feminidad, mientras Lola muy atenta asentía con una mirada al recuerdo de lo lejano, se quedó dormida.

Ahí estaban las dos, una respetando el silencio de la otra hasta que Lola volvió a la plática mirando a su orgullo, su hijo. -Mire, es muy responsable- de esa manera volvió a abrir la plática. Felisa tomó su caballito de cristal y nos conminó a todos -Salud, con vino,  agua o nada, salud, el chiste es brindar porque en esta vida hay que celebrar.

Frente a ellas estaba un mundo a sus pies, sin preocupaciones ni prisas del tiempo.

Alguien dijo: Si hubiéramos sabido que iban a terminar así, las hubiéramos amado siempre.

Todo va al olvido, el pasado quedó allá en donde los recuerdos no alcanzan y en un lapso de extravagancia entre dos hermanas que en su razón no pudieron conciliar.

Nada, solo la ofuscación fue capaz de reconciliar la soberbia y el resentimiento, retó al "tiempo al tiempo" lo que era imposible ver, a esas dos hermanas incompatibles unirse en un soliloquio compartido e incomprendido para ellas mismas.

Si hubieran sabido que en su delirio ya avanzado se dirigirían la palabra, quizá habrían ahorrado a sus más íntimos la amargura de sus corazones.


Adolfo Delgadillo Padilla