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sábado, 27 de abril de 2024

YA NO PIDO, SOLO VIVO


A la vida ahora le pido tan poco, que lo demás me lo doy yo.

Con la imaginación vuelo a lugares inimaginables.

Con mis manos formo figuras de barro y un camino.

Sé llorar y lloro, se reír y rió, sé odiar y me detengo.

Si mis ojos ven un sendero mis pies me llevan a ello.

Me alimento de las flores y los frutos que la tierra da.

Los sonidos de boca ¡De esa si me cuido!

¡No ha sabido madurar! 

¡Es como un niño! Habla lo que piensa y no piensa lo que dice.

Algún detalle discordante en esta vida brillante.

Qué bueno que el corazón está oculto porque si así, es un insulto.

Muchos me lo han robado, aunque oculto.

Lo he ofrendado sin pensarlo al ingrato y negado al agradecido.

Escucho el trueno, al viento, las hojas caer y tu voz detener.

Los vexilos de la pluma del ave, íntimamente me dicen "Te amo".

¿Qué más le puedo pedir a la vida? 

Si tu nombre me lo gritan las olas.

Y su nombre lo escucho en arena de mar.

¡Qué más! Si ya me dió la oportunidad de amar.

De verte, breve, fugaz pero fuerte que en mi imágen... Grabada estás.

Y en mi piel queda la fiesta de tus besos.

Aislo mis sentidos para volver a sellar tus labios con los míos.

¡Olvidarte le pido! Es  confiar tu nombre al grano de la playa, al caracol, andar y un eco y en cada pisada tu nombre escuchar 

¿Qué más le puedo pedir a la vida? 

Más que me guarde el recuerdo de ti.

Memorizar tu ser hasta que la vida se retire de mí.


martes, 4 de septiembre de 2018

DULCE ESPERA



Y yo aquí, tan a tus órdenes,
sufro por querer no separarme de ti.
¿Qué me das que gozó y por quien lloro espero?
Yo no pienso si por ti no pienso en otra cosa que en un aliento.
Ya basta de este aliento que poco tiempo para vivir queda.
Si he de vivir ahogado entre tinieblas ¿Por qué luz tengo en tu presencia?
Más me valiera ser nombrado loco que en justo juicio me creyera.
Qué cese esta lánguida prueba si de esto entender un breve gozo.
Las promesas no me sirven de consuelo cuando aún en vos yo creo.
Muera la esperanza por quien muero en lágrimas te espero.
No puede haber más necedad que el amor por ti yo siento.
¡Calla insensato pensamiento! Ve el lugar en que me tienes.
Pecado es morir por quien tanto deseo vivir.
Lágrimas de mi pluma secas encienden a la hoja inerte,
Perderte por desear tenerte, hiero a mi pluma y verte.
¡Ya no más! Dame vida aunque ni una mirada tenga.
De esos ojos tan ingratos una luz yo pida. ¡Piedad!
Que aunque esquiva yo fiel tu nombre escriba.
Y yo aquí, por hallarte muero por vivir en tu regazo creo.

Adolfo Delgadillo Padilla

sábado, 28 de octubre de 2017

LA DISTANCIA


Si me ves y no me miras es porque no estás, pero deseas estar para no borrarme, sigue viéndome sin estar.

Si en la luz de tus ojos no me encuentras, en la intensidad de mis besos me hallarás.

Porque en tu ausencia el mundo de mis ojos eres tú y el amor que me llena es tu imagen.

En el tremor de tu piel, recuérdame, no hay necesidad amor mío, de
encontrarse.

Porque no me tienes
pero en ti estoy,
presente te tengo yo.

Abrazame muy fuerte,
fuerte en tu memoria
que así por siempre me tendrás, como yo a ti ahora.

TÚ, YO, ÉL


Todo iba tan bien que comencé a enamorarme de ti, de tus pestañas escarchadas por la brisa del mar. ¿Con qué más me querías seducir? Tus encantos, tratos de rey, mimos en exceso que mi corazón aferrado a un amor anterior no me dejaba apreciar.
Pero por tu inseguridad, tal vez inexperiencia, tus celos que te dejaron oír sandeces de mí, decidiste en un momento de arrebato terminar conmigo. Todo iba tan bien que fuimos descubriendo la entrega como si fuera nuestra primera vez ¿te acuerdas?
A ti no te importaba que tardara tanto en llegar al clímax y a mí el que tu llegaras tan pronto, de hecho, creo que nos gustaba, en verdad disfrutábamos el abrazarnos, el vernos, el hacer cocteles con nuestros aromas de la piel.
Y ni así paso lo bueno, ya no pudiste echarte para atrás, tu orgullo no te lo permitía ¿Cómo? Ni como ayudarme, bueno ni cómo ayudarte, diría el otro.
Ahora vendrá lo que pasa en las telenovelas y, yo tendría que rogarte, suplicarte, buscarte, pero no lo hice ¿Para qué? Y ese tiempo fue suficiente para perderte, o más bien para perderme.
Sufrí lo indeseable, me ahogaba en llanto, me moria en mis desvelos por develarme la razón y me repetía “Si apenas ayer decía que me amaba”, pero tampoco hacía falta eso, me lo demostrabas con tan solo verme.
En tan poco tiempo tomamos cada uno nuestro rol (Todo era miel sobre hojuelas, “¿o no?”), tú te ibas a trabajar y yo hacía lo propio, nos mandábamos mensajes y al término del día nos encontrábamos, preparábamos algo de cenar y los olores del amor se desprendían en la cocina… obligándonos a cenar afuera.
Marqué diciéndote que te amaba (¡que iluso!) y tu tajante me diste un cortón, así ni como insistir. Aprendí que cuando alguien se quiere ir, no lo detengas porque el amor es libre.
Paso un año, nos encontramos, te resististe, pero al final cediste y pasamos más de una hora platicando, tu siempre con esa barrera para que no te fueras a exponer de que tus sentimientos me favorecían, pero yo ni fuerzas tenía de reprocharte, ni la capacidad de pelear por ti; me habías dejado noqueado.
Poco a poco nuestros estilos de vida se fundían, las salsas de la tía luz, las torrejas de nata, el mole poblano. A las vacas las amo por ti. Los cafés, el cine, teatro, lo museos y las tertulias que yo te ofrecí.
Hubiera sido absurdo después de seis años que nos volvimos a encontrar pensar en un regreso, bueno en un intento ¡vaya! En un comienzo. Pero todo eso es imposible, para mí no ¿Cómo olvidarlo?
Me temblaban las piernas, la boca se me seco y otra vez me apendeje todito por verte. Allí me di cuenta de que aún me amabas, a pesar de jactarte: que ya no. “Ya te saqué de mi vida”, me decías. ¡cómo me dolió escuchar eso!
Con implícitos me invitaste a tu casa ¿Lo vas a negar? Pero te repito me ataranté todito, no supe manejar la situación, pegárteme como ladilla, pero no lo hice. Te alejaste y yo me fui ¡Cuánto lo lamento! El haberme ido y no tomarte la palabra. Yo no quería eso, deseaba hacer las cosas bien, primero con citas, reconocernos, porque lo que tu pretendías me daba miedo (a mis lustrosos años) y qué tal si no te respondía como tu esperabas.
Estaba contigo por ti no por el sexo (¿Difícil de creer verdad?). Esto nadie lo entiende. Era tu actitud la que me seducía ¡Éramos tan distintos! A los pocos meses de relación yo ya sentía celos ¿Eso es el amor? De esos de los que no te dañan, que sirven como parámetro para entender que una persona te importa, pero los tuyos dañaban a los dos.
Diez años sin ti y todavía te recuerdo (como olvidar al amor de tu vida) no he dejado de vivir, tanto que ya llego mi fin, una enfermedad acorta mi vida, postrado me tiene y como telenovela de la Dulché - de lágrimas, risas, y amor.- Tú regresas. Que ironía ¿De qué me sirve? ¿Te está sirviendo a ti?
Tal vez tus fantasmas y culpas se disiparán, te dejarán en paz y a mi ¿de qué? Yo ya dejé de aprender y tú empezarás a entender qué: El orgullo nulifica la vida, la esperanza.
¿Por qué? El miedo de decirme y aceptar que todavía me amabas, los errores se enmiendan, el que ama deja hablar al corazón y tú tenías mucho.
En este instante te acepto, no digo te perdono porque ya lo hice hace mucho tiempo y te entiendo. En realidad, me perdone a mí mismo por dejarte ir. Todo por llevar a cabo lo que la psicóloga me terapeaba. Debí también a mi edad haber sido el maduro y luchar por ti. Si, como las telenovelas, pero más bien como en la vida real.
Aquí estamos los dos ya sin preguntas. Yo agradecido por volverte a ver, por saber que tú también me amaste todo este tiempo de lejanía, tú madurando me pides perdón y yo te contesto: “te perdono el daño que me hiciste, pero ¿Cómo perdonarte el daño que tú te hiciste?
Si de algo te sirve, siempre te amé, fuiste mi amante durante todo el tiempo de tu ausencia, presente estuviste. Este momento llena y da significado a nuestras vidas. Besa mis labios, abrázame fuerte, cierra mis ojos, pero nuestra historia no.