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miércoles, 12 de agosto de 2026

¡MI NIÑA!




La niña de los ojos rotos, la que esconde su mirada detrás de la ventana.

A la que le quebraron el alma rasgando el velo de su inocencia, la doblegaron.

Mi niña, de los ojos rotos, herido su corazón, su alma arrodillaron.

El tiempo ya no corre, dejar de existir desea, ya no hay tiempo para ella.

¿Quien te mira? Nadie, mi niña, a nadie le importas, a mí sí, pequeña.

Sal chiquita, ya no te culpes, tú no fuiste la causa de tu dolor.

Corre la cortina, abre tu ventana, que la luz de nuevo encienda tu alma. 

Hazte grande ¡Tan inmensa! abraza al perdón y recibe el amor.

lunes, 12 de mayo de 2025

BARQUITO DE PAPEL

Cuando llovía las calles se inundaban, apresurado corría a hacer mis barquitos de papel anhelando que pasará un coche y los hiciera naufragar ¡Con las gigantescas olas que me imaginaba! ...


Y así, como un juego la vida comenzó...

jueves, 1 de febrero de 2024

MIS COMPAÑEROS DE VAGANCIA

 MIS COMPAÑEROS DE VAGANCIA


Caminar por el mundo y comer la tierra que uno vaga de niño con unos zapatos descaradamente con agujeros en cada uno de ellos sin preocuparme, solo por la burla.

Con mis eternos compañeros de andanzas descubría lugares lejanos a mi corta edad; no quería separarme de ellos. Aún recuerdo cuando los estrené, no quería que nada los ensuciara, a cada instante los limpiaba levantando mis pies hacia mi pantalón o si alguien me los pisaba me enmuinaba y los lustraba con mis dedos y un poco de saliva.

Cuando llegaba el momento de comprarme zapatos nuevos, comenzaba a extrañarlos y a la vez me ponía feliz por estrenar y presumirlos, tanto que parecía ponerles voz para gritar a las personas "¡Miren, son nuevos!" porque no siempre se podía darse el lujo uno de estrenar.

Oh agridulce nostalgia que me remontas a momentos felices de recuerdos que solo volverán de vez en cuando.

Las lágrimas brotan por la añoranza y me liberan del sentir de querer regresar mi pensamiento de mis seres amados, el de mi amada madre que no se qué sacrificios pasaba para calzarme; el no entender porque en reyes los juguetes brillaban por su ausencia y aparecían: calzones, calcetines, zapatos, un pantalón y solo un sencillo juguete.

Con una luna que es la misma pero distinta en otro día. Ya nada es lo mismo pero es mejor por la madurez que me hace entender ahora lo que no podía comprender pero que no me importaba porque de todos modos yo era un niño feliz y ahora puedo decir, agradecido.

El tener, el deber y el querer son distintos y yo tenía, debía, aunque no querría luchar por lo que deseaba. Quizá por eso siempre he disfrutado al máximo y presumido sin alardear lo logrado. 

Te cuento que en la iglesia donde era monaguillo nos daban periodiquitos a vender para construir la nueva basílica de Guadalupe, en mi peregrinar pasaba por un bulevard y veía un avión, mi curiosidad y afición a los aviones me hizo acercarme, subí y me dirigí a la cabina y comencé a jugar a volar. Ese avión lo habían convertido en cafetería. Con el excedente que me regalaban los que me compraban el periódico y también con lo que pedía para comprarme algo que comer, corría al avión a pedir un delicioso helado.

¡Ay qué recuerdos! Al día de hoy nada anhelo más que la compañía de quienes quiero aunque algunos se hayan ido. Los quise aquí, los sigo queriendo allá. Me ganan las ganas de traerlos pero basta con el pensamiento porque se que conmigo se quedaron. Evoco esa etapa sin poder reprimir unas lágrimas que no quiero detener al entender que nada es más valioso que: el amor, la sencillez, la salud que da vida y algo muy importante que se pierde con el paso de los años... La ingenuidad, la frescura y la impresionante facilidad de olvidar los desaires.

Por ésto hoy me voy a volver a poner mis zapatos de niño porque tengo la madurez que da la libertad de retomar lo perdido que tantas cosas a ganar me dieron.


domingo, 13 de junio de 2021

INOCENCIA


Inocencia fresca franca, honesta, clara que dibuja un mundo maravilloso de colores pastel con la promesa de volver a florecer.

Es la belleza interna exteriorizada al natural como la eterna imagen de una flor adornando eternamente un paisaje y una bella imagen.

Es el candor capturado, un bálsamo y se prolongará en quien vea la espontaneidad de un momento que quedará grabado en cada uno.





miércoles, 9 de noviembre de 2016

HILARIA HIJA DE LA ARCILLA


La susceptibilidad por saberse distinta afloraba en ese inmenso océano de soberbia por alcanzar el cielo con montones de cemento y fierro, animales de lámina que sólo andan cuando les dan choques de electricidad tan distantes a los de su tierra que aletean por el simple soplar del viento, que corren por el gusto de hacerlo y comen lo que la generosa madre naturaleza les provee sin reserva.
Hilaria, trenzaba sus hebras de carbón avivando la envidia de finas faldas y a friolentos mozos incitaba por sus carnes cerradas, su sal al andar y doncellés actitud ¡Ay Hilaria! ¿A quién culpar de tu prendente hermosura?
Le era difícil cruzar calles en vez de arroyos frescos, cristalinos, insinuantes por beberlos, humedecer la tela delgada aferrarsele a sus gruesos muslos presentando sus pechos coronados de vida.
Qué difícil era para esa mujer de tierra jugosa esquivar inútiles rodantes a sus peces que acariciaban sus pedestales.
"Si todos somos iguales qué diferencia encuentran con su misterio al mirarme"
Hilaria, no sucumbas a la infecunda labia amañada ni permitas abatirte por lenguas biperinas, más bien la prudencia triunfe equiparable a tu beldad hasta que ancle el amor y deshile tus carbonadas catiras que adornan tu cardar.

jueves, 14 de agosto de 2014

DESPERTAR



De la esquina de su casa salían los camiones "Niño perdido" donde había un puesto de periódicos y allí leía a "Kaliman, Memín Pinguín, Rarotonga. Muchas veces se trepaba en uno de esos autobuses y en sus rutas conoció la XEW y llegó hasta Santa Julia, en donde supo del "Tigre", que para su edad, no me acuerdo cuántos años tenía, pero aún su papá vivía, y ya asistía a la escuela... ¿la primaria, el kinder?
Martín, escuincle mocoso, siempre en calzón, cuando bien se cubría, salía a la calle arrancando santiamenes o carcajadas de quien lo veía.
-¡Ave María purísima! ¿Pues que este chamaco no tiene quién lo vista?
-Pues si a de tener porque de hambre por la pinta no le ha de faltar.
El mozalbete lo que tenía de chiquito lo tenía de aventurero, de inquieto, vaya, era un niño como ya no lo son los de ahora; juguetón, callejero, porque la inseguridad y las tablets ya no se los permite a los de hoy. Tal parecía que el mundo le pertenecía, era efecto de admiración y una que otra envidia ¡y como no! este pingo, era claro, que sus aventuras hasta el mismo superhéroe de las historietas que leía, para él las deseaba.
Cuando el calor era fuerte se sentaba a la sombra del triángulo donde se exhibían las revistas.
Así pasaron algunos años e intercalaba sus lecturas entre el puesto, la librería cristiana que estaba pasando la calle y la biblioteca pública que se encontraba en el jardín y presumía, era suyo.
¿Cuántos años tenía? Pa'que les miento, creo que ni él mismo sabía.
El Martín tenía un amigo y ese amigo era el "Yaco", un perro flaco que si de pulgas no lo llenó fue de pura suerte o, ¿que se yo? ah y el vendedor de revistas que con gorro de albañil parecía amigo de Memín Pinguín porque era de piel ¡morena morena, tirandole a muy morena!, ¡que digo morena, un poquito más allá de eso! pero sus facciones eran de una persona ¡nada morena! Se llamaba... no recuerdo, era lo de menos, lo interesante es que vendía mejor que todos los puestos de por allí. Un panal de mujeres y uno que otro hombre, tan sólo por verle hasta dos periódicos al día le compraban. Podria decirse que gracias a él, el barrio y un poco más retirado se alfabetizó.
Cuando llovía el dueño del puesto, del que les digo no recuerdo su nombre, lo invitaba a guarecerse al interior para que no se mojara. Las atenciones del joven comerciante hacia el ya no tan niño Martín eran evidentes y esto ya no pudo ser desapercibido por el mismo "Martinillo". Descubrió que su piel contrastaba a la de su amigo y le resultó fascinante, ahora sus visitas al puesto eran por dos razones, las revistas semanales y disfrutar la piel que el mismo sol acariciaba sin recato alguno, obligándolo a hacerse sus propias historietas.
En su casi desaparecida ingenuidad Martín no pudo evitar sentir éxtasis al ver a su amigo agacharse y percibir el contraste de su piel con su níveo calzón. Un orgasmo al quedar los dos encerrados apartados del mundo, cuando de frente como una donación de vida la nacarada poción le hizo sentir su primer espasmo.

Nada volverá a ser igual,

Martín acaba de despertar,
ni el color de la piel será
aunque él la deseé recordar.

Nada como ese divino instante,
si es que fue realidad,
con los años llegará a ser
como un sueño

sábado, 26 de julio de 2014

CUANDO YO ERA CHIQUITO



Cuando yo era chiquito, mi mamá me regaló: hermanos pa' divertirme, un payaso y un reloj. Mis hermanos se casaron, el payaso se juyó y el reloj se desconchinfló. Con la risa yo me quedo y de reloj tengo al sol.
Cuando yo era chiquito, mi papá me regaló: una pala pa'l trabajo y palabra pa'l honor. Yo la pala no la quero, no me gusta trabajar; el trabajo es tan malo que te pagan por hacerlo ¡Ay que vida tan ingrata! Yo no quiero tener la lata de crecer como mi tata, yo me quedo tan zotaco aunque solo coma taco.
El honor se me pegó.
Cuando yo era chiquito, mi hermana me regaló: muchos besos en la cara que no se me quitan con nada. Ya probé en la tarja con zacate y jabon, que son los besos de mi madre, del amigo ¡Porfavor!
Y los celos de mi novia acatarran mi confort, ya no le llevaré torta que mamá me preparó.
Yo quero volver a ser chiquito, que de grande no me gusto, sentir los cariñitos y comer mi pastelito. Esa vida placentera, si no regresa ¡yo la busco!
Y mejor me quedo con el regalo que papá Dios me obsequió, con el alma de chamaco que todo olvida y sin rencor.
¡¡Porque eso de ser grandote, no me gusta ni tantito!!

-Carta de Modesto de chiquito

viernes, 27 de junio de 2014

BULMARO, MI CAPATAZ



La casa era de teja, vigas y adobe, de una sola planta, en las ventanas infinidad de macetas con flores multicolores y del tejado caía como cortina la cascada de diminutos brillantes que retrataban la vegetación , el cielo nublado, el sendero, el pozo y a mí que, en calzoncillo corto, jugaba a hacer carreteras y pastelitos de lodo con una taza de peltre, adornada con florecillas color azul, rosa y amarillas.
En el camino venía Bulmaro, trabajador de mi abuelo "Tello", así le llamaban porque se llamaba Eleuterio; regresaba de un mandado que mi abuelita Fausta le había encargado. Algunas mujeres se llaman más bonito, pero son "feas", mi abuelita no, era de una belleza que engranaba con la naturaleza.
Allí en la casa grande, así le llamaba la gente del rancho a mi hogar, había gran alboroto, en el cual no me permitieron participar, no sé por qué, de lo único que me percaté era del olor a café.
En casa no tomabamos café, por eso la rareza de ese rico aroma que emanaba de la casa grande, que era de mi abuelo, que algún día -decían- sería mía.
Bulmaro se acerca: -¿Qué haces jugando con esta lluvia? Era delgado y a pesar de que cargaba bultos, picaba tierra, arriaba ganado; siempre utilizaba pantalón y camisa limpia, eso sí, con huaraches de suela gruesa.
- Nada...¿Quieres un pastel? -Le contesté mirando en medio de sus pantalones. Mis carreteras se desbarataron pronto por la lluvia.
Bulmaro se puso detrás de mi para ayudarme a hacer mejor mis pastelitos, que también se derretían; sentí una corriente eléctrica cuando rozó la parte trasera de mi pantaloncillo corto, le sentí el bulto, ese que tanto desviaba mi mirada, y empujó suavemente y enchino toda mi piel; dejó de llover, Bulmaro se levantó y yo me había orinado.
El "Chivo" seguía a mi lado, el "Chiivo" no era chivo, era perro, le puse así porque tenía barbas, y los dos vimos como Bulmaro se alejaba, me quedó claro que yo seguiría viéndolo, me lo dió a entender con una palmada de complicidad en el hombro y el chivo y yo, bueno, nada más yo, me quedé con mi secreto que en lo posterior, efectivamente, fue nuestro.
Yo lo que quería era descubrir su gran secreto que cubre su pantalón que tanta curiosidad me daba. Seguí jugando, allá adentro, en la casa grande, no sabía que iban a hacer con cuatro cirios y una cajota con diosito en la cruz, por un momento pensé: "Ni él ni mi abuelo toman café"-

miércoles, 29 de enero de 2014

SENDERO



Pies descalzos,camino polvoriento,el afán era seguir,distraerse,ocupar el espacio,ocuparme,no sabía por qué, pero me gustaba. Al llegar al parque la textura que sintió mi piel fue diferente, ese cosquilleo que me acariciaba, que saciaba la sed de las plantas de mis pies resecos, que por el rocío natural que tenían las florecillas vivas de colores tenues junto con la malaquita del césped de la mañana, sentí purificarme.
El ambiente perfumaba cada poro, desvirginandolos abruptamente.
La caravana era interminable, sorprendía el no verle final, me daba la impresión que mis ojos de pronto se abrían por la nueva experiencia que estaban viviendo y se empequeñecían por lo que no querían mirar; el tambaleante caminar de los cansados andares de los ancianos enfermos, de los niños, de las madres de los niños. Muchos ayudaban, ofrecían su mano, su hombro, su espalda, agrietando la tierra al caminar con su pesada carga y, sin embargo, los que araban con sus generosas, pero silenciosas lágrimas eran los que mayor autoridad tenían, quizá por orgullo no mostraban su dolor. Eran los recuerdos, de la gratitud hacia la vida lo que les hacía tomar esa decisión de entregar quizá el último, pensaban, esfuerzo que tenia su cuerpo agotado.
Los duros panes y enlamados quesos se repartían celosamente para que nadie les diese un colmillo de más, para racionalizar las pocas provisiones que se tenían, para quién sabe qué tiempo pasaríamos en nuestro éxodo. Las mujeres en lactancia ofrendaban de su leche para mitigar la sed. Vi a un hombre que se comía, ya no sólo sus padrastros de los dedos de los pies por el hambre, se estaba devorando parte de sus extremidades él solo, una mujer se mordisqueaba sus ya no tan largos cabellos y otro hombre ponía sus manos en cuenca y se bebía los orines que recolectaba de sus compañeros.
- ¿Por qué salirnos de nuestras casas, de nuestras tierras, de nuestra patria? - ¨Para no salirnos de nosotros mismos, -me respondió mi mamá-, porque si lo hacemos, ni nosotros mismos nos encontraremos el día que entendamos el por qué de lo que estamos viviendo hoy¨.
Un aire fresco acompañado de neblina nos coloreo a todos de un tono marrón, en grupos nos acomodamos para terminar contándonos las experiencias del día -como si hubiesen sido diferentes- me acurruqué en los brazos de mamá y no tardé ni un pestañeo en abandonarme en un largo y profundo soñar, pero antes me dí cuenta que sí, que todos tenemos una experiencia diferente aunque juntos estemos, por lo menos yo que tengo lo que a otros les faltaba: Su madre.