El rebozo de la tía Coco, era gris con filos
verde limón, impecable. A veces se lo ponía de turbante, en hombros y
cuando hacia frío en las piernas, siempre sentada en su silla de madera
con el respaldo y asiento tejidos con palma teñidos que se resistían a
ceder al paso del tiempo a causa de la limpieza; afuera de su casa.
Todas las tardes la veía tomando el sol. Coco le comentaba a naná Justa
que el ver pasar a la gente del pueblo era como tener el periódico
porque la ponían al tanto de los acontecimientos sociales, políticos,
casos chuscos y demás.
Un día fue a inaugurar el presidente
municipal el nuevo piso de adoquín de la plaza principal adornado con
jacarandas y pidió conocerla ya que hasta él llegó la fama de la
hermosura que cautivó a lugareños y fuereños que la cortejaban. Al
momento de saber las pretensiones del político aquél, tomó su silla, se
acomodó el rebozo, se metió a su casa dándole con un palmo de narices al
cretino bueno para nada y gritando: "¡Yo no estoy para aquellos que
adoquinan los caminos con el fin de ocultar sus malos pasos!".
Las
señales del tiempo en su rostro no pudieron mermar el recuerdo de cuando
la luna le servía de espejo y el sol adornaba sus pechos y caderas, de
ojos los zafiros, arrancaba los deseos de ósculos, mordiscos en lo
carnoso de un suspiro que emanaba del granate incrustado con hileras de
marfil y suculento aliento humedo de hierbabuena.
Sin dudarlo, el
diablo la deseaba al hacer caso omiso de mortales peticiones, que ya
quisiera el tenerla que ceder a esos conjuros de soberbios, por patanes.
El regalo fue divino al posarla tapatía y de ella es la fama de
pistóles alargados, permitiendo ser la luz de quien tenía el privilegio
de admirarla.
La belleza le pertenece, no ella a la misma y con
pretextos mil los recuerdos, torcacitas y gerberas esperan el mañana a
que salga para que cuente las usanzas perdidas en el hoy.
Le puse Oscar de coraje, por pura venganza, pero le cambié el nombre por vergüenza de haberle nombrado así, como a aquel sujeto despreciable.
Desde hoy te llamarás Chiricuto, que quiere decir "pinche perro puto", de cariño (todo mejor a el innombrable) Te costó trabajo acostumbrarte a que te llamara así, pero ni tanto, como que tampoco te gustaba el "apodo", porque para ti era eso; los perros no se llevan con ese tipo de sobrenombres. Seguro a los animales no les gusta llevar nombres de personas. Cada quien con lo suyo.
Tu compañero de juegos era el Klifas, un gato con cara de ratón, que al principio lo querías matar solo por no querer dañar tu reputación, pero de risa, porque de todos es sabido que tú no eras capaz de hacerle daño a nadie. Eso aprendí de ti. Respetar toda clase de vida. Te llevas tan bien con todos, que muchas veces quedabas mal parado porque les molesta tu exceso de entusiasmo al querer besar a todo el mundo, mandando al suelo a los más pequeños.
¿Te acuerdas cuando te hiciste amigo de un pato? Lo viste nadar, creíste que podías hacer lo mismo y, ¡zas! por poquito te ahogas. saliste del estanque tan molesto y hecho una sopa, que me dio la impresión que lo estabas culpando al pobre y le dejaste de visitar ¿Cuánto tiempo? ¡Un día! Porque no te duraba mucho el coraje. Eso también me gustó de ti. olvidarme y no casarme con los disgustos, que sólo son responsabilidad de uno.
Con tu semblante demostrabas la tristeza de no ver tan seguido como querías al Klifas ¿Cuántas veces te he dicho que los gatos son más independientes que nosotros. Te expliqué que, en tiempos de los faraones los gatos eran tratados como dioses y aún no lo han olvidado.
-¡Chiricuto, deja de rascar la tierra! -mi mamá enojada me llamó también la atención- ¡Bando, amarra a ese animal!
Lejos de enfadarme te puse la cadena y nos fuimos al monte, allí te dejé libre para que corrieras a tus anchas, mientras yo atrapaba chapulines para llevárselos a mamá para que los asara con chile, limón y nos los comiéramos con tortillas azules y guacamole. Tú no disfrutabas de este festín porque te ahogabas con las patas de los insectos.
-¡Uff, por esta vez me salvé de que me mandara a bañar!
-Hasta mañana Chiricuto.
-Guau, guau.