Mostrando entradas con la etiqueta dejar. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dejar. Mostrar todas las entradas

lunes, 22 de septiembre de 2025

UN HOMBRE DE ANTES


 

-Mire joven, antes andábamos rabones.

 -¿Qué quiere decir rabones? 

-Que andábamos como Diosito nos mandó al mundo, caminábamos descalzos, jugábamos en la tierra, comíamos lo que había. 

-¿Y qué comían? 

-Lo que hubiera, deseos y tortillas de aire y sal, cuando había, con salsa, frijoles y atole. Le ví el rostro a Don Teodulo, curtido por el sol, hoy nosotros no salimos sin bloqueador, sus tenis que se los quita en cuanto llega a su casa. "Extraño el contacto con la tierra" me dice. 

-Aquí en la ciudad le enseñan a uno ser más güevones, todo lo queremos al momento, han de querer que nos mantenga el gobierno, el dinero corrompe a la gente, somos desesperados, agresivos, neuróticos, nos deprimimos por desear lo que no es nuestro y es del otro. Se pierde el respeto a la gente, a los mayores, a las instituciones. Se olvidan las tradiciones, costumbres... En la capital perdemos en vez de ganar porque lo único que se gana aquí es una infelicidad del vacío. 

-¿Le gustaría volver a su vida de antes? 

-No. Me gustaría fusionar el respeto a la vida, el deseo de comer, no solo por comer, disfrutar un amanecer, agradecer el alimento, el sol, la lluvia, y no andarse quejando porque están o no están. La lucha de mejorar nuestra calidad de vida y no ir tan aprisa ignorando lo que en el camino vamos dejando, mire usted, ya no se les llora a nuestros muertos y eso es lo que le da sentido a nuestro existir, saber de dónde vinimos, a dónde vamos y pues uno no puede lidiar con eso, con la mala costumbre del progreso.

Don Teodulo se fue añorando lo ido, yo pensando en la gran sabiduría de ese hombre que dejó el sombrero por una gorra de beisbol y yo, cambié mi filosofía por él.

lunes, 4 de septiembre de 2023

APRENDÍ A DEJAR

Aprendí a ir dejando todo en el camino, me di cuenta que no era necesario cargar con mi destino.

Los prejuicios, las ideas se convirtieron en lastres que mantenían atado a uno.

Me abrí como una flor, me deje arrancar de donde pertenecía para ser de donde no conocía.

Abandoné el dolor porque me esperaban otros dolores, para qué acumular.

Me especialicé en desamores pero esos diplomas en el baúl de recuerdos y en llave los tengo.

Dejé colgada mi tristeza secándose junto con el llanto, ahora solo lágrimas valederas.

A la preocupación así la olvidé, angustiada a que regrese yo, sacarla de ahí no puedo. 

Desdeñé la esclavitud de la apariencia, a la soberbia al sótano de la indecencia.

Los recuerdos de otro color los tengo, unos me dan fuerza de seguir viviendo, otros...

Ahí, para saber de donde vengo, tener presente a donde voy y, el futuro...

Para qué quiero al futuro, que me espere hasta donde yo y mis sueños lleguen.

Dejé todo, casi todo, cargo conmigo un piquito de nostalgia...

Que me hace recordar, sin embargo, te dejé a ti y junto a tu nombre, también, dejé una flor.

sábado, 23 de enero de 2021

QUEDÓ PENDIENTE


Entre los dos quedó pendiente el amor.


Quedó pendiente acariciarte con mis palabras.

Que te vaciara para llenarte de pasión.

Que te cantara las melodías que nos recordaban.

Que olvidara y hacerte olvidar lo que estorbaba entre los dos.

Quedó pendiente el amor que la razón cortó.

El tiempo que hacía su labor y no concluyó.

Los silencios que no supiste entender mientras yo gritaba.

Brincar entre las estrellas, columpiarnos en la luna.

Empaparnos de penumbra.

Que no soltaras mi mano ni mi corazón.

Quedó pendiente entenderme.

Quedó pendiente el perdón.

Hacer de lado el orgullo y volvieras a mi.

Quedó pendiente el amor y... el tiempo nos olvidó.


Adolfo Delgadillo Padilla.

sábado, 1 de febrero de 2014

OPORTUNIDAD


Mi actitud y alegría me abandonaron, se fueron a rehacer su vida porque en mi estaban encadenados a la amargura de la mía.
Aprovecharon que dormía y en un sueño se embarcaron para no volver a la claustrofobia de mi monotonía.
- ¿Y si volvieran?
- Ya nos los querría porque significaría que acostumbrados a mi quedaron y mi esperanza son frescuras de vida, no aquellas anquilosadas fantasías de mi pasado.
Tomaré uno de esos sueños que me visitan, en los que no creía y si es posible me anclaré a varios, ¡al fin que no pesan!, como muchos lastres que mal cargaba día tras día.