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viernes, 6 de junio de 2025

TE VOY A ARRANCAR

Arranqué los matices del paisaje que se mecen en el horizonte de tus ojos azabache.

Quién fuera el verde de los botes de pescadores que se graban en lo incierto de tu pensamiento.

Soy de ti cuando mi alma se desprende y queda atrapada en la red de tus caricias ardientes.

Arranqué tus sueños, tu aliento que alimenta el profuso amor impulsivo hacia ti, sediento. 


domingo, 13 de junio de 2021

TRANVIA

 TRANVIA


Al tranvía que iba de Cima a Chapultepec le faltaba poco para que lo sustituyeran por un transporte más moderno. Es una lástima el ya no poder portearme de donde lo tomo al lugar que continúo mi lectura. Un amigo me decía que el leer revistas con historietas de Kalimán, Rarotonga, El pecado de Oyuki, El canalla, no eran cultura. Jamás tomé en cuenta su opinión.

El ruido de los cercos de acero con la vía férrea a muchos los arrullaba, a mi me relaja y me daba oportunidad de concentrarme en mi lectura.

El tranvía curiosamente a pesar de ser inveterado se encontraba en muy buen estado, me encantaban las ventanas escrupulosamente transparentes que representaban en el trayecto la película de mi ciudad provinciana. Los grandes fresnos y ahuehuetes que le restan al sol su poderío a medio día, las señoriales mansiones del segundo imperio en la colonia Roma, los vendedores de agua, de guajolotes, de pulque, de pájaros, el pitido del camotero... me distraían así como el aroma de la flores "huele de noche" y "la lavanda" que crecían silvestres en las aceras que se prolongaban a lo ancho de la calle por el pasar de la gente, los carruajes, los jinetes, los perros defendiendo su territorio a los burros y caballos. Las palomas y tórtolas torcaces son las dueñas del aire.

El ronroneo intermitente al dar vueltas o cambiar de vías y descubrir paisajes nuevos para mí a pesar de haber recorrido siempre el mismo trayecto por años, parecía que mi provinciana ciudad hacia mudanza cotidianamente para no aburrir a mi exigente curiosidad.

Así en compañía, primero de mis revistas, después de mis libros que me abrieron otra forma de mundo y paisaje me ví obligado, con tristeza y ahora con añoranza a despedirme del tranvía que muchas imágenes dejó en mi rememoración. 

Como olvidar, si siempre que me viene a la mente viene a mí en blanco y negro, en grises diversos y un toque de sepia, quizá el cielo, si de un tenue azul creando y deshaciendo algodones, stratus, nubarrones, cirros, cumulos y nimbus con figuras abstractas propietarias de la imaginación.



viernes, 21 de junio de 2019

EL FERROCARRIL

EL FERROCARRIL

Viajar en tren es la experiencia más emocionante que he tenido, desde saber que para llegar a mi destino me tardaré tres veces del tiempo que me llevaría llegar en autobús y que de antemano eso es lo que busco. Siempre me fascinaron los trenes, verlos correr sobre unos rieles con su inconfundible sonido avisando que venía y entre más vagones mejor, era alargar mi dicha al verlo y si contaba con pocos vagones me desencantaba.
Viajar sin prisas, disfrutar el paisaje, comer en todas las estaciones de tren en la que los habitantes del pueblo al que paramos nos ofrecen, dejarte llevar por el tiempo que pareciera pasa más lento, conocer gente con la que te cruzas en el pasillo para ir a tu camarote o en el restaurante que está delicadamente arreglado con un florero y manteles limpios, luz tenue evocando tiempos mejores de cuando comenzaron a funcionar.
Invariablemente me afirmo: "Porque Dios quiere que exista todo aquello que al hombre sirva, pero nunca que el hombre se sirva de aquello para dañar al hombre y como muchas cosas que aún no se conocen, ya existen en la mente del hombre porque hemos sido capaces de llegar más rápido pero parece que somos mucho más lentos de entender". Es muy común ponerme filósofo en cuanto me siento en contacto con la naturaleza, se me despierta un sentido desconocido para mí.
Voy en el comedor del tren y me es imprescindible ver el paisaje, leer y escribir al mismo tiempo porque es un regalo que me merezco.
Tren, el camino hecho con fríos rieles que te conducen a un destino; muchos dicen que ya está marcado, pero sin vida no hay derecho de viaje y en determinación de lograr lo que uno busca, no hay sendero seguro.
Pasar por una vegetación que parece que la locomotora corta a su paso y las plantas a su vez limpiaran los vagones dejando un refrescante olor a pino, eucalipto, flores silvestres, vacas pastando, agua, humedad, el frescor de la noche y también saber dejar pasar la vida o saber disfrutar de ella sin apuros.
Ese movimiento y sonido que hacen las ruedas sobre los durmientes no tardan en relajarme y pienso que: para saber del mundo es necesario distinguir las huellas y quizá el del viajar era la manera ideal después de caminar y saber vivir. Una peculiaridad de viajar en tren es que haces plática con todos, es como si fuera una casa rodante en el que unos bajarán antes que otros.
Adaptarte a los diferentes cambios de clima a los que uno pasa por los diferentes lugares, tener que asearse lo elemental y disfrutar de la película que el recorrido nos brinda; niños, mujeres con bebés en brazo, campesinos con sombrero en mano nos mandan un "adiós, adiós" y me preguntó ¿Cómo será su vida, ellos desearan saber de la nuestra o quizá miran en el paso del tren el momento más rápido de su rutinaria vida? Porque esperan ese momento, se ve que unos minutos antes ya están en espera, sentados, unos en su silla, el paso de la modernidad.
Viajar en tren de ninguna manera resultará vanal, te hace recapacitar y pensar en lo relativo del tiempo, que hay otra forma de visualizar la existencia, la diferencia de trasladarse y de saber llegar.
Por esto creo que una de las cosas que Dios quiso que existieran es... El tren.