Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta espera. Mostrar todas las entradas

sábado, 10 de agosto de 2024

ESPERAR


Seguiré esperando paciente, impaciente y desesperado de no ver en el horizonte esa sonrisa que calmaba toda mi carga.

Esperanzado a volver a ver esa silueta con ese rostro que ilumina el mío y el del mundo entero.

Seguiré esperando para morir mientras te miro porque ya viví mucho tiempo tu regreso.

La esperanza de un nuevo día se mantiene en penumbras porque tú no apareces ni en el más callado susurro del viento.

lunes, 9 de octubre de 2023

SE ME ACABARON LOS PRETEXTOS


Se me acabaron los pretextos de esperar, el tiempo en polvo se me va.

La turgencia de tus senos en mi imperfección se esfumaron.

La esperanza en mí era tan intensa que por fuerza se quebró mi imaginación.

¡Ya! Se me acabaron los pretextos de verte a mi lado ¡Felices!

De escribirte cuentos y aventuras, poemas y locuras ¡Te clamé y nada!

De buscarte entre las rocas, el cielo y la espesura de mi desesperación.

En el fondo de la tierra, en lo profundo de Dios, en mi vacío del corazón.

Rogué, prometí, exigí, imploré, blasfemé, maldije; cuando te encontré

¡No supe que decir!

Se me acabaron los pretextos de recordarte, quizá no serás la misma si te encontrase.

Los besos, las caricias, tus promesas, nuestros sueños, me los arrebataste.

Desnudo, huérfano de esperanza, sin mí, sin... ¡Dios, dónde estás! ¡Sin Él!

Se me acabaron los pretextos de no vivir sin ti ¡Resurgiré!

Agotado estoy, ya no ahondaré ¡Quédate con tu miseria, que yo con la mía tendré!

¡Quédate con lo mío, con lo mucho que te amé ¿Yo? Sin pretextos.

jueves, 6 de abril de 2023

EL LEGADO


Toque la madera apolillada tres veces, del otro lado de la puerta corroída por el tiempo contesta a mi llamado una voz con carraspera "Voy".

El chirrido de la madera denota el tiempo, como llorando y extrañando cuando se abría para recibir en sus tiempos de buena moza, bien cuidada y barnizada a personajes de buena cuna, deja ver a una mujercita empequeñecida, canosa, con reboso raído por el uso, pies cenizos ya curtidos por la falta de mimos.

-Buenos días, diga.

-Buenos días, Doña Micaela, soy La Chata, su vecina la que vivía aquí a la par de su casa.

La mujer, dueña de esas líneas definidas en el rostro se quedó por un momento sorprendida tratando aclarar su mente cuando en antaño no era ella la que abría la puerta, sino Teofila, una de las criadas de esa casona del ilustre doctor del pueblo, Don Zacarías. Se llevó la mano a la cabeza, luego a los ojos cubiertos por las cataratas y con el dedo índice encorvado asintió.

-¡Chata, chamaca de mi vida! -Emocionada, duda en invitarla a pasar a esas ruinas en las que a ella le costó tiempo acostumbrarse -¡Ay mija, pasa, que el sol está por amenazar. ¿Qué aires te trajeron por acá? 

-Vine a visitar a mi tía Eduviges que se ha quedado sola desde que sus hijos migraron y su esposo falleció ¿Que ha sido de usted?

-Esa pregunta te la hago a ti ¡Tanto tiempo, mira ya nada es lo mismo! -Con un dejo de nostalgia, caminando con paso lento pero segura por donde caminaba a pesar de no distinguir ya ni las siluetas de los muebles, con una soltura, de en valde los años de conocer esa casa de memoria, en la que jugaba con sus hermanos a recorrerla a ciegas sin tener que tropezar-. ¡Has de estar sedienta! -Toma un jarro de barro y le sirve agua de la jarra y se lo ofrece-.

-Muchas gracias, -agradecida, La Chata, comienza a recordar la capirotada hecha por Justinita, la madre de Doña Micaela, ¡Cómo olvidar el dulce de tortilla de leche! ¡Cuántos recuerdos! -Exclamo La Chata-. Y ahora usted sola-.

-El tiempo es implacable, mija, ya no queda nada, pero mírame, no me doblo. Me acompañan los recuerdos que llegan  aunque aveces no sean bienvenidos jajajaja -Siempre sin haber perdido el optimismo y mecánicamente se lleva la mano para cubrir la ausencia de dientes, bueno, aún teniéndolos era un gesto discreto femenino que hacía cuando de joven- Ahora me queda tener paciencia ¡Cuidado con lo que pides! Ya ves, siempre dije que quería vivir muchos años y, aunque Dios parece no estar y no escuchar ¡Si lo hace y cumple! A algunos nos hace los huevos al gusto-.

La Chata escuchaba a  Micaela, su vecina, amiga a pesar de la diferencia de edades ¿20? Se llevaban tan bien y se sentían un cariño indescriptible-.

Micaela, deja la silla, abre un enorme mueble de madera que a pesar del tiempo no deja de presumir e imponer su majestuosidad, toma una bolsa que guarda un sobre amarillento muy bien conservado, con la manos ya no tersas ni flexibles; cuidadosa, lo sacude del polvo que no tenía por lo bien resguardado, se lo da a La Chata y le dice: "Temia ya no volver a verte para entregarte ésto, nadie mejor que tú. Uno ofrece por amor y otro debe aprender a recibir para corresponder a qué lo dado tenga continuidad y que no se pierda en el vacío de quién no lo merece más que tú.

La Chata sin responder, lo toma, se incorpora y con un fuerte abrazo se despide de sus recuerdos. Micaela, feliz, tranquila le sonríe y la encamina sobre ese pasillo que seguramente verá el renacer de lo muy bien guardado por mucho tiempo; ver florecer una nueva generación adecuada a la generosidad.

En el pueblo se abrían ventanas, puertas para atisbar sin dejar ver las caras curiosas a su paso.

Todos, menos ella sabían que Doña Justinita, una sumisa esposa, era su abuela y el doctor un hombre educado estrictamente en su época no logró acallar el secreto a voces que empañó su reputación. Tampoco Doña Micaela iba a violentar la vida ya hecha de Isabel, a la que nadie sabe por qué le decían La Chata. Se quedó con su secreto, que a estas alturas la llenaba solo a ella, ese secreto tan bien custodiado como el testamento entregado en las manos de quién no era posible decirle: "Hija, soy tu madre".

lunes, 13 de abril de 2020

MI PENA



Deseo abrir poco a poco mi pecho, mis sentimientos ponerlos todos ante ti.

Alejarme cuando el sol brilla en el fondo de tus ojos ambar en los cuales no dejo de pensar.

Vivir siempre con la esperanza de besar tus muslos tiernos, de tocar tus brazos quiero.

Y poderte demostrar que ya no puedo más, si nunca poder ya tus labios rozar.

Cuando tu imagen se digna a mirarme como yo miro el cielo y el mar, el suspiro es eterno.

Eterno se me hace aguardar, me mata ese mirar y gozozo quedo aunque sé que te alejas más.

Y en tinieblas mi ser queda cuando un resquicio de luz acaricia tu faz sin que yo sea.

Perderme puedo y entregarte todo mi ser quiero y morir si antes tuyo no soy.

Apiadate de este siervo, si ya no piensas en mí ¿Dé qué me sirve este palpitar si no te tengo a ti?

La distancia entre tú y yo, la indiferencia debo padecer entre mi amor y tu desprecio.

¿Qué me queda? Si no entonces mi vida ponerla a tu merced ¡Haz con ella lo que quieras!

Qué yo no la quiero, si mi vida no sirvió para adorarte ¡no la quiero! si no me es licito amarte.

Adolfo Delgadillo Padilla

lunes, 4 de noviembre de 2019

¡ESPÉRAME!



Espérame en la lentitud del tiempo, en el sueño prolongado y en la tardanza del paso lerdo.

En lo inhóspito, en lo desconocido, en lo tangible de tu ser, ahí donde sólo tú eres, donde sólo yo puedo entrar.

Donde todos viven y donde nadie ha oído hablar.

Con la certeza de que allí estaré, en un abrir y cerrar de sueños. Hazlo, aunque me ignores.

Aunque finjas que me esperas, en contra de lo que piensen los demás aún teniendo la certeza de que no llegaré.

Está allí donde te dejé, cubierta de ilusiones, llena de vida, pero no lo hagas si la flama de tu espíritu ha extinguido la luz de tus ojos.

En tu oración eterna, en tu gratitud, de ilusión ciega, sin pena.

Que aunque no llegue, esté yo antes de que empezaras a aguardar mi llegada.

martes, 4 de septiembre de 2018

DULCE ESPERA



Y yo aquí, tan a tus órdenes,
sufro por querer no separarme de ti.
¿Qué me das que gozó y por quien lloro espero?
Yo no pienso si por ti no pienso en otra cosa que en un aliento.
Ya basta de este aliento que poco tiempo para vivir queda.
Si he de vivir ahogado entre tinieblas ¿Por qué luz tengo en tu presencia?
Más me valiera ser nombrado loco que en justo juicio me creyera.
Qué cese esta lánguida prueba si de esto entender un breve gozo.
Las promesas no me sirven de consuelo cuando aún en vos yo creo.
Muera la esperanza por quien muero en lágrimas te espero.
No puede haber más necedad que el amor por ti yo siento.
¡Calla insensato pensamiento! Ve el lugar en que me tienes.
Pecado es morir por quien tanto deseo vivir.
Lágrimas de mi pluma secas encienden a la hoja inerte,
Perderte por desear tenerte, hiero a mi pluma y verte.
¡Ya no más! Dame vida aunque ni una mirada tenga.
De esos ojos tan ingratos una luz yo pida. ¡Piedad!
Que aunque esquiva yo fiel tu nombre escriba.
Y yo aquí, por hallarte muero por vivir en tu regazo creo.

Adolfo Delgadillo Padilla

miércoles, 22 de abril de 2015

CARICIAS TIBIAS


Besé sus labios y mejillas, recorrí su pecho, su vientre, su sexo que aún continuaba tibio, proseguí mordiéndole sus piernas; me detenía de tiempo en tiempo para observar la serenidad de su semblante, sus ojos cerrados y sus tupidas cejas negras.
Cada vez que le miraba yo suspiraba sin cesar por admirar lo bello que era.
Succione su miembro, me tatué el bálsamo de su dermis y en la exaltación de mis sentidos me recosté a su lado a tocarme sin dejar de acariciarle a él.
Extenuado al consumir mi acción, respiré profundamente, me volví para admirarle, pidiéndole a Dios perdón y que no se me borrara ese momento; me incorporé y le acomodé su ropa que llevaba puesta, volqué mi atención por última vez, di un paso, me incliné y con todo mi amor y ternura besé su frente, sus ojos, le tomé las manos y con ellas acaricié mi cara... ya estaba frío.
Abrí la puerta de la habitación, miré a su papá y hermanos y tías; les informé que acababa de fallecer -me querían como de la familia-, todos estaban cansados, por eso me habían pedido que yo lo cuidara, nadie se imaginó -menos yo- que conmigo iba a tener su último suspiro.
Entraron en silencio y yo me dirigí a la salida de la casa, me recargué en el arco del zaguán y después de unos instantes me desvanecí llorando con discreción... en paz; quedé sentado en uno de los tres escalones de la entrada, observe a mi alrededor sin reparar en realidad en nada, alcé la mirada al cielo "¡estaba hermoso! Azul y nubes blancas con el sol en plenitud, pero discreto" y evoqué el día en que nos conocimos. Desde el primer instante me enamoré de él, yo siempre le había gustado, pero él estaba comprometido y la amistad duró doce años hasta este soplo que lo hice mío. No lo profané sólo lo amé, fue un regalo que la vida me dio y llenó mi vida de luto y a mi corazón.

Hasta pronto...