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domingo, 17 de agosto de 2025

ÍNTIMO


Cuando alguien observa la belleza es porque dentro de él habita.

No existe lugar más grande que el corazón de uno.

Y lugar más inestable cuando penetran en el.

El Espíritu es resiliente, soporta los embates de la colonización.

Ser como filtro que se queda con lo bonito, lo malo siempre se va.


martes, 18 de diciembre de 2018

FOGÓN DE PUEBLO



¡Gracioso ornamento! Susurraban las lenguas viperinas cuando me veían pasar del brazo de Jacinto, doctor del pueblo del cual muchas hubieran deseado ser el motivo de envidia. Pero no, fuí yo, la peor de todas, la que aprendió a defenderse de las palabras más crueles que uno pudiera soportar.
- ¡Pues no soy como imaginan, soy pior de lo que opinan!
Tragarme todo no podía y no pocas veces me agarraban en mis cinco segundos de tarugez y calladita me quedaba, ah pero cuando lúcida me enfrentaban en corto sabían que mis mejores golpes los daba con el hocico. ¡Perdón! Si, efectivamente tuve que aprender a ser arrabalera porque si no, no hubiera sobrevivido en este medio que yo no escogí para vivir, que más hubiera soñado, pero creo que muchas veces uno tiene que aprender a moverse en las aguas que le toca nadar.
Yo no era de "esas" acodadas en los marcos de una ventana ni como las "otras" prietas metidas a rubias a punta de tanto tinte, no, fui de "aquellas", si es que se puede decir aquellas porque creo que fui la única acosada por no tener citas espinadas resguardada por una nopalera; más bien fui de las ilusas que se dejaban ver con los novios aunque sólo durarán la vuelta al kiosko del jardín del pueblo porque no daba pie a los precoces pedimentos de irme a espinar con tal de que mis noviazgos fueran más duraderos.
Oídos sordos tenía Jacinto a lo que él llamaba envidia por llevar a su lado a aquella que supo tundarse con hombres, al no tener nadie que la defendiera. También el fué causa de la ley de hielo de gente que lo querían de yerno al haberse fijado en esa pelafustana que era yo, la que pensaba que no tenía porque ocultar lo que hacía, me vieron con tantos novios como mi soledad deseaba, y, de allí mi fama.
Siempre he pensado que uno debe guardarse algo para si y no contar todo lo que sólo a lo más íntimo de nuestro ser le pertenece. Si, deseaba irme a espinar, sentir el dolor de la clandestinidad y regresar satisfecha como regresaban todas aquellas de abandonar la carne en las pencas y que, por no hacer lo que ellas, me señalaron; y ahora que lo pienso, aparte de envidia por mi muy certera decisión, les incomodaba el no saberme vulnerable como ellas. Por eso su mofa de quererme enlodar como un objeto "Gracioso ornamento" sin lograr incomodar en lo mínimo a Jacinto, del que aprendí a ser realmente su gracioso ornamento.
Si, yo soy aquella descarada que se mostró a todos, la que dió de comer a las hambrientas, alguien les tenía que dar de comer, la que generosamente por su tan sin malicia se expuso y aquella que no hubo de abandonar las carnes en las pencas.

Adolfo Delgadillo Padilla

lunes, 23 de enero de 2012

CRÓNICA ANUNCIADA DEL AMOR DESAHUCIADO



A pesar de la mucha experiencia y madurez, siempre es posible volver a caer en una relación nada recomendada para uno mismo.
El hombre que te encanta te mira, te sonríe, te habla y, al final, te besa; al día siguiente se ven y todo parece ir ¡muy bien! Tanto que las citas no cesan, pero (ahí viene el tan temido ¡pero!): ¡No quiere comprometerse!
Y el tipo te dice: ¡Me encantas! En verdad que me siento súper bien contigo, me excitas (“mira cómo me tienes“), pero quiero mi libertad (como si uno se la quitara poniéndole grilletes). Y tú, poniendo tu mejor cara, bien “cool”, con toda la madurez que te has ganado, le respondes: ¡No hay problema, seremos amigos!
A la cita posterior vas porque te encanta y como te dijo que no te quería perder y tú porque no quieres perder la oportunidad, a ver si cambia de parecer, vas; aunque previamente ya te hiciste un “coco wash”.
Lo vuelves a tratar como tal, pero a sus amigos -“según él”- les simpatizas y le dicen que eres guapo, que vales la pena y él, por un instinto de macho o de pertenencia, te empieza a decir “gordito hermoso” y te agarra de la mano para no soltarte toda la noche y presentarte con todo el bar  como su novio.
Entonces, tú piensas: “Ya lo consideró y entonces sí va”. Con una actitud de que no siempre es necesario hablar las cosas, de no decir el tan trillado “¿Quieres ser mi pareja?”, tú te dejas llevar y ¡cuál! Después de haber cogido delicioso, a la mañana siguiente te dice: “Lo de anoche fue perfecto pero eso no quiere decir que seamos pareja ¿ok?”.
Y te quedas pasmado, porque, si bien no has hecho planes de boda, pensabas “esto ya amarró”. ¡Ah, pero él no te deja salir de la cama! En una palabra, te quiere para él solito y tú te quedas, porque al fin y al cabo, eso es lo que tú deseas, estar en sus brazos, sentir su aliento, oler su piel, su sexo, mirar sus ojos, jugar con la sinuosidad de sus cabellos.
No tienes fuerza de decisión, de tomar tu itacate e irte, aunque te sabotee tus idas al café con un amigo, ¡qué importa! (cuando ellos tienen pareja ni te pelan)… ¡Que importa! … Tus recorridos al museo se esfumaron ¡qué importa si él te brinda entretenimiento viendo en su cama “Sex and the City”!
¡Qué importa la madurez! Si al final vale para pura madre cuando llega el hombre de tu vida que en realidad no te da la estabilidad que anhelas, pero que te puede dar litros y litros de adrenalina.
Y la pregunta sería: ¿Vale la adrenalina vivir una relación que no te llevará a ningún lado? ¿O serás capaz de darle vida a este sujeto ¡llámale como quieras! para dejar morir en ti la ilusión permitida? ¿O vivirás como hemos vivido muchos a la espera de que él cambie?