jueves, 24 de agosto de 2023

NUBES CAPRICHOSAS

 


Nubes que van y vienen, aparecen y desaparecen... entretienen.

Bello paisaje del cielo reflejado en el lago, cae para humedecer mis labios.

Se confunden con el llanto, forman imágenes raras, lánguidas y fugaces.

Son eternas ilusiones, ambiguas, infieles, falsos algodones que incitan mi paladar.

De colores tenues que armonizan con la romántica pareja que camina pegaditos como ellas.

Complices, silenciosas, en ocasiones tormentosas, capaces de cubrir tu desnudez.

Mortales e inmortales, no viviremos ni moriremos igual que ellas.

La tierra, las flores, las hojas, los grillos imploran que bajen a jugar con ellos.

Las vemos mientras ellas nos ignoran, pasan, pasean y el tiempo se me fué.


miércoles, 21 de junio de 2023

BRUMA

La neblina que besaba el piso de la iglesia, las imágenes de los santos las distorsionaba, el altar daba la impresión de no pertenecer a este mundo. En la calle los arbotantes se esmeraban en alumbrar la penumbra a causa de haber bajado el cielo entero. Yo me sentía flotar, hacía que volaba con alas de ángel y que mis pies levitaban del suelo terrenal.

Me sentí abrazado y supuse que si alguien pudiese verme, no me reconocería, ya que me sentía protegido por la magia del vaho espiritual.

Esperé la llegada de Dios a qué me contara y yo contarle muchas cosas. Quería hablarle lo bien que me sentía en su casa, que según también era la mía pero en la cual jamás dormía o comía y cuando un día quise hacerlo, el padre me retiro de la fila con una sonrisa de piedad amorosa que no podía ser ocultada en esa cara bonachona.

Me preguntaba que cosas podría platicar con Dios y las cosas que Él podría contarme. Me diría como es el lugar en donde vive, bueno, aunque Él vive en todas partes. 

Me sentía siempre dichoso en espera de verlo, no desistía, no desesperaba, simplemente esperaba y no me inquietaba el porque no podía verlo, ya que sabía que nadie puede verlo, solo sentirlo y, acepté y me conformaba con eso. No era difícil para mí entenderlo. El echo de saberme seguro, gozoso, indescriptiblemente feliz; ya me sabía estar con Él. Quizá la pregunta sería ¿Todos sienten lo mismo que yo? La verdad no me hubiera cuestionado.

...Lo que si me intrigaba es si Dios vive con alguien allá en el cielo ¿Con quién come, duerme, platica? En realidad esas preguntas me las he podido hacer hoy porque cuando uno tiene la inocencia de un niño, eso uno no se pregunta, simplemente creé. Ahora después de todo y de haber caído en la duda, todo me es claro. A Dios solo lo he visto como pocos, no en mi imaginación, sino en ese lugar que algunos podemos abrir para que pueda entrar, en ese lugar inexplicable el cual no vale expresarlo porque casi nadie entiende.

"¿Ángel, mi mamá que ya no la tengo me puede ver o escuchar?"  "No. Porque ella ya se encuentra en un lugar mejor en el cual descansa."

Pregunta inquietante a una respuesta simple para los que buscan o rascan más allá de lo posible o imposible. Para mí fue suficiente.

Entró al templo un señor encorvado, siempre mirando al suelo con pasos lentos y dolorosos. Me dije: "Es triste no ver más mundo que el que él ve" y agradecí el panorama que se me ofrecía al poder mirar a donde yo quisiera, levantar y volver la mirada fácilmente a todos lados.

"¿Ángel, por qué está ese señor así?"

"Por encorvarse demasiado."

Desde ese instante jamás inclino mi cuerpo salvo para levantar algo.

La bruma abandonó el interior de la iglesia, el jorobado también, yo quedé maravillado viendo las bancas sin feligreses. El lugar jamás se sentía vacio, no lo digo por las imágenes de los santos, no, sabía que no me quedaba solo.

Me despido de Ángel, Ángel tiene unas alas pero no lo he visto volar y cuando platico con él, yo vuelo, mi imaginación se va tan lejos que me da miedo no regresar.

Salgo, cruzo el portón de madera adornado de caritas, flores y trenzas y en las escalinatas de la entrada doña Jacinta que pide limosna me dice "ah eres tú ¿viste al jorobado que acaba de salir?" 

"Si."

Siempre viene, su esposa e hijo lo abandonaron por su problema, él trabajaba de jornalero en el campo y por eso se encorvó y de la tristeza se le agudizó más la bola de la espalda. 

Me despedí en el momento que el sol le devolvía color al tono gris que daba la niebla, era como ir deslizando lentamente un velo que opacaba el verde de los árboles, las fachadas de las casas, las flores, y los chales y faldas de las mujeres que caminaban por la plaza.

Fui camino a casa seguido por "Firulais" moviendo la cola. Al "Firulais" todos le dan de comer, a mí mi abuelita. 

Tengo que decir que la niebla me gusta mucho porque como ya lo había comentado, me siento en otro mundo, en ese mundo que nadie visita, solo yo, en el que me encuentro con Ángel que solo habla conmigo, el encorvado que no habla con nadie, a doña Jacinta la limosnera del pueblo que habla de todos, se sabe la vida de el pueblo y también la mía y a Dios, que aunque dicen, no se le puede ver, yo aseguro que si.

Llego a casa, mi abuelita pone un jarro de atole en la mesa y un bolillo con nata, me acerca el azúcar y la sal porque sabe que me gusta ponerle a la mitad del bolillo sal y a la otra mitad azúcar.

Ella tampoco sabe lo que les he contado, salvo que paso a la iglesia solo a rezar por mi mamá después de haber comprado el mandado que me pide. Debo decirles que mi abuelita también se está encorvando, yo digo que es por la edad y la misma tristeza de haber perdido a mi mamá.

Yo no siento la tristeza de mi abuelita y del jorobado porque tengo a mi abuelita y voy a la escuela donde aprendo las letras y así  escribiré el nombre de mi mamá, Yolanda, también quiero escribir el de mi abuelita, el de Dios y el de la niña que se sienta en la esquina del salón de clases de la que me tiene sin cuidado su raída vestimenta que todos juzgan. Me gustaría platicar con ella como platico con Dios y Ángel.

Con la bruma de todos los días comienza mi día, yo no podría acostumbrarme sin sus besos húmedos que me despiertan por muy adormilado que me levante.

sábado, 27 de mayo de 2023

¡QUÉ TARDE ES!

 

Que tarde es, las manecillas agotaron su tic, tac.

Las horas corrieron, los minutos tan lentos frente a mi aburrimiento.

Sin darme cuenta el tiempo se me esfumó, perdí mi oportunidad, ahora a lamentar.

Alargar el tiempo es agonía, luchar contra él es acortar la vida.

¡Se acabó! El Manantial de lágrimas se secó ahora que quiero llorar.

Lamentarme porque mi oportunidad no volverá, la vi irse.

Apresurar el fin, inevitable. Solo queda esperar ¡Se acabó!

Inimaginable ahora decirte "Te amo, perdón, volver a empezar".

Ya no hay lugar para intentar, de apreciar, probar. El viaje eterno se acerca.

Tarde es para desear, soñar, acariciar las nubes y las crestas del mar.

Dejar al aire correr por las ventanas, que travesuras haga en mi casa.

¡Ya! Ese amigo, mi enemigo se volvió contra mi deseo de aprovechar el tiempo.

Agoté al compañero el tiempo, lo cansé, vuelta se dió dejándome así.

Mirando escapar los últimos rayos de esperanza que alguna vez profusamente me cubrieron.

Qué tarde es para arrepentirme y humilde aceptar ¡Qué tarde es! 

¡No es tarde aún!



domingo, 7 de mayo de 2023

LA PARADOJA DE LA VIDA

 LA PARADOJA DE LA VIDA


El hombre que estaba tan necesitado de amor ahora no soportaba a los demás. No fue de un día a otro, una lucha con sus sentimientos que lo atormentaban por desear encajar con tal de ganarse el aprecio de los otros. 

Hasta que llegó al punto de poner límites y se preguntaba ¿No estaré exagerando, pero qué es exagerar? Cuando ves, las cosas hablan por si mismas y es mejor verse solo que cargar lastres que con el tiempo serán más difíciles de sobrellevar.

A la gente que le conviene que no veas la realidad es aquella misma que dirá que eres intolerante, pero más bien es porque no le viene bien el no poder seguir abusando, siendo ellas las abusadoras. 

Muchas veces se tomaba un respiro y pensaba o luchaba con sus decisiones hasta tomar una determinación, una determinación que antes hubiera pensado imposible pero ahora le resultaba liberadora.

Ya no se sentía atado a relaciones tóxicas, situaciones incómodas causadas por "amigos" egoístas y envidiosos.

¡Qué libertad! El tener que dejar de hacer cosas personales para obligarse a ver a amistades falsas y convivir en lugares indeseados, disimular, sonreír cuando en realidad le resultaba un suplicio.

Todo esto tuvo que vivirlo para darse cuenta que uno de sus amigos lidiaba con la contraparte; la soledad, esa que te impone la vida, que te orilla silenciosamente a verla cuando te va restando seres queridos muy difíciles de reemplazar por la falta de energía e interés que ya no tienes y experiencia que te sobra.

Por una parte uno decide restar y por otra, la vida te obliga a estar aislado. 

¿Al caso no es lo mismo? Quizá, se decía a sí mismo, pero se sufre de diferente manera, uno desea conservar la compañía para ir por la vida disfrutando la experiencia del vino, el pan, el paisaje, el silencio compartido de un atardecer, ver el alegre movimiento de las hojas tomadas de la mano una con otras para no ser separadas por el sutil viento y ver el reflejo de la luz en el otro, pero no. ¡Se va quedando uno solo!

Es aceptar una realidad, irlo trabajando. Uno se cuestiona si es mejor morir antes que los demás para saberse acompañado o entender que uno va a irse sin esos que fueron a quedarse en contra de su deseo en el camino para dejarlo andar a uno solo y entregarse desnudo, sin espectador alguno al inminente final del que un día fue el inicio que erróneamente pensábamos, no iba llegar.

Pero cuando hay vida uno puede cambiar el relato y puede hacerlo diferente aunque al final las cosas sucedan como deben de suceder.

Mandó mensajes a sus familiares y amigos anunciando su fallecimiento, la hora y lugar de su velorio sin más explicación. Ya mandado el mensaje por Whatsapp a cada persona, dió instrucciones a su amigo Macario que le ayudará a confirmar la noticia, dándole instrucciones precisas de que ese era su deseo y debería cumplirse su pedimento. 

Las recomendaciones eran: Ir vestidos como de fiesta, las mujeres maquilladas, en la funeraria debería de darse vino tinto, canapés, pastelitos. Sabía que llorar sería inevitable pero les sugirió recordarlo con anécdotas, poner música como en los pueblos, que hicieran menos penoso el acontecimiento, ah y no llevar flores de condolencias.

El velorio se realizaría al día siguiente de haber sido anunciada la inesperada noticia. A nadie le resultó extraño arribar al lugar indicado y escuchar música, al descender del coche fueron recibidos por un valet, les pidieron los abrigos y les dieron la bienvenida.

¡Todo era tan extraño, caray!

Entraron los deudos y sorprendidos se encontraron con un lugar que era todo, menos una funeraria, parecía un salón de fiestas, mesas, meseros, copas, vajillas, cubiertos, arreglos florales. En medio de la pista sirios adornados y un maestro de ceremonias que les informó que en pocos minutos su ser querido arribaría para acompañarlo.

Desconcertados, comenzaron a conversar, los nietos, sobrinos e hijos de sus amigos corrían, jugaban y se como cualquier niño inocente que no sabían comportarse en un funeral. 

Paró la música, hubo un silencio, entraron cuatro hombres sobrios, se plantaron al centro del salón y dieron la bienvenida a los presentes con una grabación del occiso. "Querida familia, amigos, estamos aquí para agradecer la vida junto a ustedes, ofrezco disculpas a todo aquel que ofendí, no se sientan agraviados por la sorpresa de darles las gracias de continuar con ustedes y poder compartir la dicha de caminar a su lado" Y apareció. Quedaron todos estupefactos, muchos lo vieron como un fantasma, otros lo vieron como una mala broma, pero todos desconcertados comenzaron a poder asimilar aquella insólita experiencia. Ya recuperados de la impresion se fueron viendo rostros felices. Una mala pero genial y tétrica broma.

Pasó a cada una de las mesas donde hubo risas, reproches de que eso no se hace.

-¡Muérete! ¡Que tal si la muerta hubiera sido yo por el infarto de la noticia! -Le reclamó una de sus hermanas-.

-¡Qué bárbaro, me acabas de dar una lección imposible de olvidar! -Un amigo, impactado le confesó-.

-¡Te pasas, esto no se hace! 

-Pero lo hice, uno no tiene la oportunidad de ver su propio funeral -le responde el reprendido-.

Pasada la emoción, ya relajados y alegres compartían entre ellos la experiencia de una mala broma que al final fue amortiguada por el ambiente. 

Para decir verdad no les costó trabajo digerir la broma porque en otroras conversaciones lo había expresado el susodicho, del cual me reservaré su nombre.

sábado, 15 de abril de 2023

AMOR A DESTIEMPO

 AMOR A DESTIEMPO


La bruma de la playa por la brisa brindaba en el ambiente una cortina que desdibujaba el contorno entre el cielo, mar y playa, lo hacía estático. El horizonte era infinito e invitaba a perderse en esa niebla que lo llama a uno a seguir hipnotizado por su misterio, no cansaba esa monotonía de paisaje.

Permitía soltar para andar ligero, hundir los pensamientos en la arena lamida amorosamente por la amante ondulación eterna, dejar libre la mente. 

Me quite el abrigo, lo colgué en el perchero, me senté en la silla para introducir los pies en la tina de agua caliente.

-Ahora si caminaste mucho -le dice Rogelio a Martin- es un excelente ejercicio para la circulación. ¿Vas a querer que tomemos café?

-Si. Me encanta el clima así. Te acuerdas que antes lo odiaba ¿En qué consistirá qué a uno le cambien los gustos, a la edad, a lo rutinario que aburre, al desear o hacer cosas diferentes?

-Quiza, ya ves, antes no te gustaba el oliva, las aceitunas las detestabas, bueno ahora prefieres el whisky al vino tinto -al mismo tiempo que le daba una toalla para que se secará los pies- ¿Deberás se te antoja una copa de whisky?

-Si, cenamos, tomamos café y al final el whisky ¿Que hay de cenar?

-Pizza a la leña de salmón e higos y ensalada con queso de cabra.

-Aurelio se fue. Me dijo que el licenciado te dejo estos papeles, parecía cansado, más bien turbado. Le pudo la muerte de tu tía.

En casa de Aurelio su madre lo esperaba con la cena lista y una taza de té.

-Toma asiento hijo, come, últimamente con la muerte de tu patrona te has malpasado. -Su madre sabía la pena que cargaba su hijo, él siempre estuvo enamorado de su patrona-. No hay nada que el tiempo no cure.

-No puedo madre, su sobrino, en cuanto pueda me va a echar de la casa.

-Debes comer, después, ya Dios dirá.

-Madre, es que hay algo que debes saber, mi amor por Carlota, tuvo frutos, tuvimos un hijo, pero ese hijo lamentablemente murió. A causa de su edad a pesar de todo ella deseaba tenerlo, no tanto por egoísmo, sino por dar una oportunidad a un ser y amado por nosotros. -La madre de Aurelio, Doña Obdulia, quedó estupefacta, sabía del sentimiento de su hijo, pero jamás se hubiera imaginado nada de lo que su hijo le estaba confesando, y menos que hubiera existido la posibilidad de haber sido abuela aunque su nieto haya fallecido- ¡Discúlpame por callar todo este tiempo, madre! Pero fueron los años más felices de mi vida. Yo deseaba trabajar con la señora, no tanto por descuidar mis estudios, sino porque desde más joven, desde que la veía pasar frente a nuestra modesta casa, altiva, sin mirar a nadie a pesar de que despertaba los deseos callados de muchos hombres de su edad. Nunca dió, ni con una mirada pie a permitir que la cortejaran.

-Prueba tus lentejas, se te van a enfriar, te hice también chocolatito y compré unos churros con Don Jelipe, debes de descansar ya que mañana el joven  seguro te va a requerir y ya Dios dirá -una frase muy de su madre-.

Al día siguiente que era lunes Aurelio no fue llamado por el sobrino, pero el martes, Rogelio, amigo de Martín le mandó llamar. Se presentó más descansado y con la mente más tranquila, pero seguro que despediría Martín, ya que él era el único familiar de su amor secreto, entre los muros de la casa.

-Buenos días Rogelio, buenos días Martín. Gracias por dejar que descansará -tranquilo, casi seguro, fue dispuesto a todo, a su despido-.

-Buenas tardes -contestó amablemente Rogelio que discretamente se mantuvo ahí sin resultar un estorbo-.

-Buenos días Aurelio, toma asiento. Cómo sabrás yo soy el único familiar de mi tía, pero recordarás hace unos meses me llamó para que viniera ¿Te acuerdas? -Aurelio, asintió-. Mi tía se sinceró conmigo y la acompañé al notario y desde ese día, si te apreciaba, ahora te veo distinto. -Aurelio estaba dispuesto al rechazo por saberse descubierto, ya que Carlota era veinte años mayor que él-. Estoy agradecido porque tía haya encontrado el amor en ti y darme un tío. ¡Tranquilo! Me confió que tú le gustabas desde que se dió cuenta, que en total discreción te parabas a la puerta de tu casa para verla pasar y convencida de que eso no podría ser, se conformó con sentirse seducida por tu gran respeto. -Aurelio, no discernía  a lo que oía- Te llamé para ponerme a tus órdenes y pongas en orden los papeles que dispuso mi tía para ti. -No terminaba de entender Aurelio- Si. Tú eres ahora su heredero universal y debes saber que nada me da más gusto que eso. Si yo hubiera seguido siendo su heredero por ser su único familiar, yo, los bienes, finalmente te los hubiera cendido a ti. A ti que fuiste leal, amoroso fiel compañero de quien siempre ví como mi segunda madre. -Martín, con un nudo en la garganta le extendió la mano a Aurelio para levantarlo y en un abrazo le confirió todo su aprecio y confianza de que su tía haya hecho lo mejor-.

Hubo un silencio, a pesar de todo no era fácil digerir una noticia como esa.

-Gracias. -Musitó Aurelio-. 

Las lágrimas, no eran el fuerte de ninguno de los presentes pero se hicieron presentes en los tres.



sábado, 8 de abril de 2023

LAS COMADRES


Me encontraba como de costumbre con mi comadre Panchita en la ventana de mi casa. Nos decíamos comadres no por haberle bautizado el chiquito, no, no, tampoco se vayan por otro lado, por el del albur, no comiencen.

La gente no nos conocía por comadres sino por chismosas y nosotras sabíamos en el concepto que nos tenían.

-Mira, comadre, de una vez por todas hay que desmitificar al chisme -me puse seria-. Si. El chisme tiene muy mala fama ¿Y dime comadrita, a quién le hacemos daño? Si solo platicamos sanamente entre tú y yo, no aumentamos ni quitamos nada a lo que realmente es la verdad.

-Ay Conita, (diminutivo de comadrita, pero en realidad si nombre era Fidedigna) su seriedad me pone nerviosa, pero el echo de que nosotras seamos sociables no quiere decir que seamos chismosas.

-¡Claro que los somos, pero no es malo! Es lo que debemos entender, mira comadrita, el chisme no es como nos lo pintan, el chisme es noticia, es información, por ejemplo: usted ni nadie se hubiese enterado de la triste muerte de la esposa del carpintero que estaba muy desolado por no poder enterrarla y gracias a ello se hizo una colecta. Del robo de la bicicleta del pobre electricista, si no se hubiese dicho quien fue a estas alturas no sabríamos de quién cuidarnos. -Muy segura de si misma continuó- La hija de Perita que fue desgraciada por Violacio, seguiría este sujeto regando hijos por la colonia.

-Viendolo de esa manera, tienes toda la razon -Pensativa y poniéndose más cómoda recargando el codo calloso de tanto usarlo en esa ventana,   dispuesta a filosofar sobre el chisme, se atrevió a justificar su buena costumbre del día a día, lloviese o relampaguee-. Nosotras no somos intrigosas, decimos lo que es, no levantamos falso testimonio -se persigna-, no hablamos de más, más bien, muchas veces por prudencia, no hablamos de más Fide.

-Así es, Conita, el chisme es sano, limpia el alma, desahoga, pone a una en alerta de los peligros y es un ejemplo de vida. Una no está exenta de estar en boca de todos ¿Usted creé que la gente no habla de nosotras? dicen que somos chismosas, metiches; chismosas si, pero metiches jamás. Con nadie más que contigo, comadrita, comento las cosas de las que me entero.

-Totalmente de acuerdo, de aquí no sale nada.

-Me acabas de quitar un peso de encima comadre Fide, sabemos que estamos en la casa del jabonero, el que no cae resbala o como dicen por ahí, estamos en el mismo barco.

-Nosotras, aprendemos de los demás, por eso hay que seguir echando chal, no dejar nuestra costumbre de alimentar nuestra amistad que muchos no entienden... A todo ésto supiste que falleció el maestro de la esquina y que Justinita, dice que tu marido anda de coscolino con la desabrida de la tienda... Y que siga el fino arte del chisme porque sino ¿Dé qué vamos a hablar?


Moraleja: Practiquen el chisme es un buen pasatiempo pero no inventen cosas a la gente, comadres ¡No sean gachas!



jueves, 6 de abril de 2023

EL LEGADO


Toque la madera apolillada tres veces, del otro lado de la puerta corroída por el tiempo contesta a mi llamado una voz con carraspera "Voy".

El chirrido de la madera denota el tiempo, como llorando y extrañando cuando se abría para recibir en sus tiempos de buena moza, bien cuidada y barnizada a personajes de buena cuna, deja ver a una mujercita empequeñecida, canosa, con reboso raído por el uso, pies cenizos ya curtidos por la falta de mimos.

-Buenos días, diga.

-Buenos días, Doña Micaela, soy La Chata, su vecina la que vivía aquí a la par de su casa.

La mujer, dueña de esas líneas definidas en el rostro se quedó por un momento sorprendida tratando aclarar su mente cuando en antaño no era ella la que abría la puerta, sino Teofila, una de las criadas de esa casona del ilustre doctor del pueblo, Don Zacarías. Se llevó la mano a la cabeza, luego a los ojos cubiertos por las cataratas y con el dedo índice encorvado asintió.

-¡Chata, chamaca de mi vida! -Emocionada, duda en invitarla a pasar a esas ruinas en las que a ella le costó tiempo acostumbrarse -¡Ay mija, pasa, que el sol está por amenazar. ¿Qué aires te trajeron por acá? 

-Vine a visitar a mi tía Eduviges que se ha quedado sola desde que sus hijos migraron y su esposo falleció ¿Que ha sido de usted?

-Esa pregunta te la hago a ti ¡Tanto tiempo, mira ya nada es lo mismo! -Con un dejo de nostalgia, caminando con paso lento pero segura por donde caminaba a pesar de no distinguir ya ni las siluetas de los muebles, con una soltura, de en valde los años de conocer esa casa de memoria, en la que jugaba con sus hermanos a recorrerla a ciegas sin tener que tropezar-. ¡Has de estar sedienta! -Toma un jarro de barro y le sirve agua de la jarra y se lo ofrece-.

-Muchas gracias, -agradecida, La Chata, comienza a recordar la capirotada hecha por Justinita, la madre de Doña Micaela, ¡Cómo olvidar el dulce de tortilla de leche! ¡Cuántos recuerdos! -Exclamo La Chata-. Y ahora usted sola-.

-El tiempo es implacable, mija, ya no queda nada, pero mírame, no me doblo. Me acompañan los recuerdos que llegan  aunque aveces no sean bienvenidos jajajaja -Siempre sin haber perdido el optimismo y mecánicamente se lleva la mano para cubrir la ausencia de dientes, bueno, aún teniéndolos era un gesto discreto femenino que hacía cuando de joven- Ahora me queda tener paciencia ¡Cuidado con lo que pides! Ya ves, siempre dije que quería vivir muchos años y, aunque Dios parece no estar y no escuchar ¡Si lo hace y cumple! A algunos nos hace los huevos al gusto-.

La Chata escuchaba a  Micaela, su vecina, amiga a pesar de la diferencia de edades ¿20? Se llevaban tan bien y se sentían un cariño indescriptible-.

Micaela, deja la silla, abre un enorme mueble de madera que a pesar del tiempo no deja de presumir e imponer su majestuosidad, toma una bolsa que guarda un sobre amarillento muy bien conservado, con la manos ya no tersas ni flexibles; cuidadosa, lo sacude del polvo que no tenía por lo bien resguardado, se lo da a La Chata y le dice: "Temia ya no volver a verte para entregarte ésto, nadie mejor que tú. Uno ofrece por amor y otro debe aprender a recibir para corresponder a qué lo dado tenga continuidad y que no se pierda en el vacío de quién no lo merece más que tú.

La Chata sin responder, lo toma, se incorpora y con un fuerte abrazo se despide de sus recuerdos. Micaela, feliz, tranquila le sonríe y la encamina sobre ese pasillo que seguramente verá el renacer de lo muy bien guardado por mucho tiempo; ver florecer una nueva generación adecuada a la generosidad.

En el pueblo se abrían ventanas, puertas para atisbar sin dejar ver las caras curiosas a su paso.

Todos, menos ella sabían que Doña Justinita, una sumisa esposa, era su abuela y el doctor un hombre educado estrictamente en su época no logró acallar el secreto a voces que empañó su reputación. Tampoco Doña Micaela iba a violentar la vida ya hecha de Isabel, a la que nadie sabe por qué le decían La Chata. Se quedó con su secreto, que a estas alturas la llenaba solo a ella, ese secreto tan bien custodiado como el testamento entregado en las manos de quién no era posible decirle: "Hija, soy tu madre".