miércoles, 9 de noviembre de 2016
HILARIA HIJA DE LA ARCILLA
La susceptibilidad por saberse distinta afloraba en ese inmenso océano de soberbia por alcanzar el cielo con montones de cemento y fierro, animales de lámina que sólo andan cuando les dan choques de electricidad tan distantes a los de su tierra que aletean por el simple soplar del viento, que corren por el gusto de hacerlo y comen lo que la generosa madre naturaleza les provee sin reserva.
Hilaria, trenzaba sus hebras de carbón avivando la envidia de finas faldas y a friolentos mozos incitaba por sus carnes cerradas, su sal al andar y doncellés actitud ¡Ay Hilaria! ¿A quién culpar de tu prendente hermosura?
Le era difícil cruzar calles en vez de arroyos frescos, cristalinos, insinuantes por beberlos, humedecer la tela delgada aferrarsele a sus gruesos muslos presentando sus pechos coronados de vida.
Qué difícil era para esa mujer de tierra jugosa esquivar inútiles rodantes a sus peces que acariciaban sus pedestales.
"Si todos somos iguales qué diferencia encuentran con su misterio al mirarme"
Hilaria, no sucumbas a la infecunda labia amañada ni permitas abatirte por lenguas biperinas, más bien la prudencia triunfe equiparable a tu beldad hasta que ancle el amor y deshile tus carbonadas catiras que adornan tu cardar.
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ANHELANTE
Me miras y finges indiferencia ¿Dé qué sirve fingirla si no la sientes?
¡Ingrata tu vida por despreciarme! Y sin embargo me tienes sin poseerme; me tienes presente en tus oscuros sueños, claros y tormentosos despertares.
Me añoras a solas, al descanso de tus deseos y al despertar a la vida mueres por de frente tenerme. ¡No te culpo! Aunque por un solo ademán tuyo... ¡Te otorgaría mi vida entera para tenerme!
TU AUSENCIA
¿Por qué te mueres cuando duermo?
¿Por qué no existes cuando sueño?
¿Por qué desapareces cada noche?
Cada noche no te veo,
te vas cuando no te pienso,
te ausentas cuando mis ojos se cierran.
Y aún cuando somnoliento sueño...
No veo.
En todas mis noches mueres,
mueres con mis anhelos.
Con mi cansancio descansas
de tanto nombrarte.
Te vuelves humo, te vuelves nada.
¿Dónde te escondes, en las estrellas o dentro de mi alma?
¡Oh mi alma, habitas en el espacio infinito de mi pensamiento!
Tan estrecho y amplio sufrimiento.
Tú que creaste el tiempo,
suficiente ha sido para adorarte
e insuficiente en mis noches para
abrazarte.
¿O es qué tranquilas mis noches
me regalaste?
ANHELO DE SER
Te abracé, mis manos
rodearon mi vientre
y sin querer fuiste
prisionero mi niño
inherte.
Mi anhelo fue tenerte
mis entrañas no fueron
tan fuertes, prisionero
mi niño por quererte.
Cautivo te deseaba
por besarte, sueño
extinto por lactarte.
Mi niño perdona
por desearte
por no encontrarte
y no tener la fuerza
de guardarte.
PLATA
Santa Prisca tan
pobre de ornamento
pues su fachada se
ha manchado por el
narco.
Eres blanca
y negra de avaricia
digna de orfebres
y caricias.
Eres luna de luz
y reflejo de río
diamantina regada
en mi camino.
Luces fina en
piel morena
resaltando a la
trigueña.
Plata que te tengo.
Plata que te doy.
Plata pavonada de
filigrana y amartillada.
miércoles, 22 de junio de 2016
ALIENTO
¿Qué me das a mi sed?
¿Qué me das a mi hambre?
¿Qué le das a mi mirar?
¿Qué le das a mi sentir?
¿Qué al percibir el aroma del encino?
¿Y al escuchar tu voz en mi camino?
... ¡Que ahíta mi alma!
¿Qué me das a mi hambre?
¿Qué le das a mi mirar?
¿Qué le das a mi sentir?
¿Qué al percibir el aroma del encino?
¿Y al escuchar tu voz en mi camino?
... ¡Que ahíta mi alma!
EL HOSTAL
Él le pidió que le diera hospedaje en su depa, pero a ella le parecía problemático aceptar, ya que su espacio era reducido para todo lo que él traía y no exactamente se refería a sus maletas, que ya eran suficientes para la recámara que Mía utilizaba como bodega y closet; sino por los recuerdos que muchas veces eran abrumadores. Lidiar con sus encuentros y desencuentros amorosos, le parecía, ya demasiado. Yahir, traería consigo amargas experiencias, melancolías y enormes deseos de retornar a su país, que al sol de hoy, ya es mucho afirmar que estaba peor que Cuba.
Mía, se había percatado por sus experiencias de algunos viajes, que la gente trae su propio aroma, por ejemplo, en Canadá, los hindúes despiden un humor a vaca, no, no es broma, en un programa de televisión explicaban que los habitantes de la India, como consideran a las vacas sagradas, es de buena suerte perfumarse con su aroma. Jahir despedía incredulidad, decepción, tristeza, impotencia, coraje e incertidumbre, eso significaba a oler a loción de siete machos.
- A bañarte entra sin sandalias para que no salgas con ellas chorriando y se haga un atascadero, no cierres con fuerza las llaves del agua porque se barren y se dañan, el boiler no es automático, aquí se recicla el agua...
- En tan corto tiempo me vi obligado hasta racionar el arroz sin desperdiciar uno solo. Figurate, el costo de un kilo de arroz nos sale a 1500 Bolívares Fuertes que vendrían siendo unos $750 cuando aquí el precio es de $16.
De esta manera pusieron los puntos sobre las íes.
Con el pacto llevan, sin haberse dado cuenta, nueve meses, algo así como una gestación, dónde Mía era su confidente en el proceso de adaptabilidad de su room, Jahir.
Él aprovechó el tiempo sin miramientos trabajando en un restaurante de comida venezolana y en una tienda de convenincia, hasta el día que le llegó correspondencia de la Universidad que lo aceptaba como catedrático de filosofía y letras.
Jahir debió dejar la recámara que le había brindado su ángel de la guarda para mudarse a las inmediaciones de su nuevo empleo.
Al principio de la partida de Jahir, Mía hacia sus actividades con generoso gusto al ver liberado su espacio vital, ya no se vería presionada a cancelar citas con amigos o en el mejor de los casos postergar pláticas íntimas con ellos. Retomaría por fin su régimen alimenticio y eructar el agua mineral que acostumbraba.
Si es cierto que podía volver a pisar su terreno a sus anchas, sin embargo empezó a sentir un vacío, no de espacio en su departamento, si no en ella, las ojeras por la lectura de su ex room mate, el color de la piel de chocolate, la apariencia de un cactus de su cabello que la irritaba cuando él era cariñoso, ahora como una caricia de plumas lo añoraba.
¿Volvería el extranjero a pedirle ayuda humanitaria? Como estaba deseando que "su" migrante - ahora se refería como "su" cuando antes le decía: "el migrante"- le pidiera asilo político.
¿El tiempo achicaría el vacío que él olvidó en su corazón de ella y lo que sentía? Tenía de dos sopas, ir a pedirle posada o quedarse tan aislada a cómo estaba acostumbrada, dé cómo está sociedad está educando a sus generaciones, al aislamiento por el miedo de no comprometerse.
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