Mostrando entradas con la etiqueta perdido. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta perdido. Mostrar todas las entradas

lunes, 6 de abril de 2026

INMERSIÓN


Entré y no me encontré, solo estabas tú. 

Te ví con la ropa que me gusta que vistes.

Esperando por mí, deseando verme para besarme. 

Acariciando el deseo no consumado con tan solo verte. 

Me he saciado de tí y no termino. 

Y tú ahí aguardando mi regreso. 

Yo estoy ausente en mi mente y tú siempre presente. 

Perdido soy en tí, extraviado de mí.

sábado, 17 de mayo de 2025

PERDIDO EN MÍ

Descubierto escondido con ojos azorados te miro.

En mis sueños duermes,


sueños compartidos.

Salgo a tu encuentro y descubro a un desconocido.

Penetro en tu mente porque en la mía me extravio.

Es tan extenso mi mundo que he perdido lo pensado.

Inmensa soberbia que tan pequeño me veo.

Verdad erosionada cuando yo mismo me encuentro.

¡Perdido en mi mismo!

domingo, 28 de noviembre de 2021

PERDIDO


Estoy perdido y no me encuentro ¿Cómo encontrarme en la inmensidad de este mundo desconocido? Le pregunto al aire que respiro sí es vital que me mantenga vivo, si el ver la naturaleza me elevara el ánimo, si los amigos se atreverán a márcame mis errores hoy en día en donde nadie quiere comprometerse por evitarse problemas.

¿Quién se ha sentido como yo? Perdido, ajeno, extraño, raro; ya no sé si vivo o sobrevivo ¿Se han preguntado lo mismo? Qué razón tiene el seguir luchando y pelear ante los embates que la existencia nos pone, las vicisitudes cada día son más empeñosas a que uno se detenga y decir "¡hasta aquí!".

Me he perdido y no me encuentro. Ya todo es tan diferente y me dicen que el cambiar es el camino, la incongruencia de amar a un animal y tener que comer carne; entonces no debería de cuidar plantas para poder alimentarme de ellas y no sentir remordimientos. 

Si se legaliza el derecho a morir, se legaliza el derecho a no nacer. Ya todo está al revés. 

Tengo todo para encontrarme pero miedo me da el salir a buscarme, el mayor laberinto está dentro de mí: mi apatía, inseguridad, desconfianza, lo indigno que me siento.

Cuando grito ni el eco escucho, solo sandeces; el afán de encontrar vida en el universo mientras le llevamos ventaja el destruir al mundo que habitamos, no, no le encuentro razón.

Hemos borrado de nuestros valores el amor, la humildad de aceptar que estamos equivocados, que podemos enmendar nuestros errores y corregir el camino.

¿Es soberbia pensar que lo aprendído es correcto y que los demás no apreciaron los valores inculcados? O quizá ni los tuvieron. He cambiado el rumbo, la marcha, la forma, el ritmo. Si, he cambiado pero veo que hay muchos que se obstinan a llevar la contraria a un mundo mejor.

Es por eso que digo que me he perdido, que no me encuentro, que mis derechos han sido violentado llevados al límite de la falta de respeto y que han perdido la dimensión de una lucha auténtica a una manipulación atroz. Ya no hay barreras para una convivencia armoniosa.

No es lo mismo faltar al respeto que perder el respeto, así como amar y amar demasiado, entre tu derecho, el mío y del otro están las obligaciones, los compromisos y el deber. El egoísmo es la forma más cómoda de "amar" de "vivir".

No me encuentro y quizá ya no quiero encontrarme, al mundo no voy a cambiar y ahora el mundo me ha perdido. Ya me perdí en mi extravagante manera de ver la vida, de vivir, de luchar, de creer, de pensar; soy ajeno, me resulto ajeno.

Si me encuentro ya no seré el mismo, ya no seré yo y de nadie.


Adolfo Delgadillo Padilla

lunes, 20 de abril de 2020

EL DÍA EN QUE DIOS PERDIÓ



Hoy es el día en que Dios perdió y si Él perdió perdimos todos.
De nada nos ha servido esta calamidad mundial.
Nos hemos vuelto más animales, más crueles con los nuestros.
Nos estamos olvidando de donde vinimos o será porque lo sabemos, somos así.

Ya hemos acabado con nuestra tolerancia, con nuestra fe, con nuestra confianza en nosotros.
Ya somos extraños, ya somos de otro y no del mismo.
No nos importa pasar sobre el otro ¡Qué importa, si ni nosotros nos amamos! ¡Qué nos importa que el otro sea nuestro yo!.

Ya no valen los valores, ni las imágenes, ni la imagen materna; mucho menos la de Dios.
Por eso hoy Dios perdió a uno de nosotros, a cada uno que no ve en el otro a su semejante.

No hay cruz, no hay estrella, ni pez ni luz en nuestras vidas.
Sólo existe la consigna de destruirnos en vez de habernos armado como el rompecabezas en el que nos habíamos convertido.

Rapaces, ladrones, violentos, amantes del poder sin importar el daño que hacemos, que nos hacemos; lo vacíos que quedamos cuando debimos habernos llenado.

De nada sirvió esta experiencia en la que pudimos haber renacido, ser otros, para otros, para nosotros mismos.

Nos hemos convertido en peor que indigentes, nos hemos prostituido, devaluado y hoy en este instante me queda una esperanza...

De que se nos eleve el alma, de que nuestro corazón se exponga y en nuestra mirada limpia poder ver lo que representamos.
Que podamos tocar con las manos sin sentirlas sucias y sin ensuciar lo que tocamos.

El día en que Dios perdió a uno de nosotros, ese día habremos perdido a uno de los nuestros y quizá no nos encontremos a nosotros mismos porque en realidad los que habremos perdido somos nosotros.