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sábado, 20 de marzo de 2021

EL CONFESIONARIO

 


Padre, me siento mal porque me robo las servilletas de la cafetería a donde voy. Mucha gente toma servilletas porque las ponen para que uno agarre las que necesita, pero yo necesito más que ellos porque en mi casa no hay.

El otro día padre, descubrí a mi prima teniendo relaciones sexuales con su novio. No vaya a creer que ví todo, pero se que estaban en la movida, claro que estaban. Me hice el enojado y creo que por la sorpresa interrumpieron "aquello" que estaban haciendo y mi prima fue a buscarme para suplicarme que no dijera nada porque no quería darle mortificación a mi tía. Ah pero si le dije: y tú tanto que me juzgas por ser gay, hasta puto me dices, para que veas que tú no eres una santa. Mire padre, ni para un hotel tienen ¿Por qué faltarle el respeto a la casa? ¿Con qué clase de hombre se va a casar mi prima que ni para pagar un hotel tiene?

Yo arrodillado trás la reja de donde está el padre escuchando mi confesión. Me dijo un amigo que eso no era una confesión, que más bien le sonaba a reclamo o chisme.

Padre, el otro día discutí muy fuerte con una tía que quiero mucho porque no me pagó ni me regresó un anillo de oro con una esmeralda. Mi tía me reclamó que no era esmeralda ¿Pues qué quería por el precio del anillo? A mí me lo vendieron por esmeralda, yo lo vendo como tal.

Siempre que mi tía llega del norte a mis hermanos y a mi nos da gusto pero yo digo que le da más gusto a mi estómago porque es seguro que vamos a comer muy bien porque nos compra comida.

Yo no sé padre que ideas tienen mis hermanas, son unas tontas porque se arreglan para el marido pero ni amigas tienen y ni salen, se la pasan atiende que atiende al hombre y a los chamacos. Deberían de irse al gimnasio, irse a tomar café, socializar; digo yo, no.

El padre me escuchaba en silencio nomás con la mano en la boca, después se la pasaba en las sienes y no me decía nada. Me escuchó hasta que yo me harté y ya no tenía nada que decir.

De las servilletas me dijo que no me preocupara, que si las ponen allí es para que nosotros las tomemos, pero que procurara no abusar. Todo iba como yo esperaba, el padre comenzó a hacerme sentir bien.

Sobre mi prima me dijo, mira, ese es un momento íntimo y lo mejor es retirarse y decir: "Lo siento, no se preocupen". Cerrar la puerta e irte, claro, ser como una lapida. Pues si que me quedé frío como la lapida de panteón, yo esperaba que me respondiera: "Ave María Purísima, eso es un pecado, dile que se venga a confesar".

Referente a mi tía me invitó a que le pidiera perdón ¡Cómo jijos de la chingada le iba a pedir perdón, pues nunca me pagó, y del anillo ni hablar! Claro, esto no se lo dije al padre pero ganas no me faltaron para levantarme e irme. Al percibir mi silencio en el tiempo que pensé lo que les digo, prosiguió: "En ella tendría que caber la madurez de acercarse a ti pero tú vas a aprender dos cosas, la humildad y vas a poder utilizar las puertas para que la relación de familia no se cierren, eso es lo que importa". Quiero decir que me costó uno y la mitad del otro y si, le pedí perdón a mi tía a la que más amo.

Sobre tus hermanas hay personas que tienen mucha amargura. El padrecito iba por muy buen camino, me estaba dando la razón a mi, bueno con lo de mi tía me puso a parir chayotes, pero con esto de mis hermanas, estaba de mi lado. Continuó: "te decía, hay persona que tienen mucha amargura, tanta que quieren arreglarle la vida a los demás". ¡Zaz! Me calló la boca, no le pude contestar nada y me fuí con la cola entre las patas ¡Me dijo amargado! Sin decírmelo como tal, pero lo entendí. 

Qué manera del padrecito en poner a uno en su lugar con tres palabras.


Adolfo Delgadillo Padilla

sábado, 22 de junio de 2019

CONVERSACIÓN



Para hablarle al silencio hay que hacerlo en su idioma, tendré que callar todo aquello que he deseado gritar, dejaré correr mis lágrimas, apretar los puños, relajarlos y dejarlos descansar al lado.
Para hablarle al silencio hay que hacerlo así de simple, escuchar su vacío y esperar el mío.
Saturado llego, mi intención es al hablarle retirarme ligero.
Para hablarle al vacío dejaré mis prejuicios, mis pecados, dejaré que hable mi cuerpo, mente, espíritu y emoción tendrán que llegar honestos.
Sin caretas, con todo lo cierto y pecaminoso que soy, llegaré humilde a escucharle y entenderé que nada soy.
Para hablarle al silencio mimetizaré mi bullicio y aún mi vacío callará, no esperaré nada, sólo aguardar.
Para hablarle al vacío bajaré mi mirada, la llevaré a lo más alto, me daré cuenta que sólo estoy que ni él conmigo está.
Para hablarle al silencio entenderé que no es tan callado como creí, aguardaré la noche, esperaré mi fin.
Para hablarle al vacío comenzaré a no verme tan aislado.
Para hablarle al silencio es entender como te amo, sólo callado... Vacío.


SOY DIVORCIADA



En divorcio jamás pensé porque me uní convencida, hablaré por mí, al amor, por los hijos que deseaba tener; pensé en una vida llena de retos, pero en divorcio, nunca.
Confieso que por mi mente pasó la idea de quitarme la vida y también hice lo que una persona entregada al amor puede darse el lujo, de luchar, a lo que otros le llaman perder la dignidad.
El divorcio afectó a mis hijos los que también suplicaron, pero cuando una parte decide irse, lo mejor, ahora lo entiendo, es dejar ir con la misma naturalidad que lo deje llegar.
¿Dónde queda el amor? Queda en lo que nos dimos, en las luchas, las alegrías, pero sobre todo en los hijos que perpetúan ese amor y en mí.
La fortaleza tarda en construirse para que sea infranqueable a los comentarios ociosos, amargados de otros.
Soy divorciada y permitiré que de nuevo la vida me sorprenda, soy divorciada en espera de otra oportunidad de vida.


miércoles, 16 de noviembre de 2011

CONFESIÓN

Esta es una confesión, cuando viniste al mundo me creí con la autoridad divina de pedirle a Dios que te acogiera porque pensaba que ibas a sufrir y representarías una carga para tus padres, que equivocado estaba, porque inmediatamente me di cuenta que la carga sería para mi inmadurez que el divino nos mandaba.
Pasado el tiempo me percaté del regalo que estaba rechazando y de mi propia vulnerabilidad humana, cuando en carne propia por mi condición de homosexual he sufrido, no sé si tú la has padecido tanto como yo.
Desde el principio al verte crecer, tu ejemplo de superación y adaptabilidad me ofrendo el entendimiento de que todos tenemos una discapacidad y no necesariamente física, como en tu caso y de la que muchos no nos damos cuenta. Con humildad fui aprendiendo de ti “Mi chiquita” que la discriminación a las personas con discapacidad, homosexuales, al pobre, al indígena etc., se gesta en la educación del seno de la familia.
Deberíamos  de ser todos más conscientes de la enorme disfuncionalidad educacional que sufrimos los mexicanos, al no tentarnos el corazón y darnos cuenta del gran daño emocional que causamos a “aquellos” que creemos inferiores cuando, en efecto, nosotros los “normales” poseemos todas nuestras extremidades y facultades no logramos ni siquiera un ápice de lo que has logrado tú y todos “aquellos” que se levantan con el coraje (no sé de dónde sacan fuerzas) de una tragedia accidental, pero peor aún es permitir en lo particular que se nos discrimine,  quedarnos en el anonimato y ver la vida pasar y no luchar cada uno de los que somos llamados “anormales”.
Siempre es tiempo de recapacitar y ser más considerados con aquellos nuestros hermanos, vernos como somos, iguales y que por aras del destino todos nacemos en y con condiciones  diferentes; esto es lo maravilloso de una sociedad tan plural y enormemente enriquecedora. Luchemos, tú con tu pasión que es la natación la que te ha convertido en una campeona para panamericana y yo con el poder de la escritura, que no existe discapacidad mas que en la imaginación mediocre e ignorante de cada uno.