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sábado, 25 de enero de 2025

ANTES DE TI NADA


Antes de ti nada.

Todo parecía vacío, pero me acompañaban las diversas formas aglomeradas que en el cielo se dibujaban y ocultaban el sol.

El mar coqueteaba con mi piel, se acercaba y cantaba delicadas melodías a mis pies.

La playa susurraba en suave poesía al caminar, pero faltabas tú.

Aún el destino no dibujaba tu silueta en el mío y toda esta belleza no tomará sentido hasta que te materialicen en mi camino.

domingo, 10 de noviembre de 2024

DESPERTAR


Desperté y no ví tus ojos, por tu mirada ví el amanecer.

Amanecer semejante al color del iris del mar.

Yo vivo, me dejó vivir, dejo que vivan por mi. 

Que hablen, murmuren, que se cansen mientras sigo mi camino sin aún mirar tus ojos.


martes, 4 de septiembre de 2018

EL CAMINO DE PAPAS NEGRAS



Pasear por un camino de papas negras húmedas en medio de una vegetación exhuberante adornado con flor de lavanda, que lo encierran a uno, cobijan y aíslan de una rutina caótica, llamada ciudad. Aspirar profundamente la humedad que huele diferente en cada hoja, en la lavanda, en el camino de papas negras, en la madera de los árboles, en la tierra y en el granero que acabo de pasar y que se confunde con la leña de las chimeneas de las casas, las cuales están distantes y respetando su espacio una de la otra.
Su puente de piedra y al fondo acantilados que permiten visualizar un azul infinito y distinto del cielo del que cuelgan figuras como si fueran palomitas de maíz, el mar las distorsiona queriendolas borrar por su inquietante personalidad de querer arribar en ese pueblo placido y desconocido, pero ya no para mí.
Entro a la posada y me dirijo a mi habitación que invita a la sencillez de la vida pero que promete una rica experiencia, en el buró con una lámpara de gas pongo el libro que he postergado  por más de dos años, con esta tranquilidad, a la luz de la lámpara y de luz de la luna que asoma en la ventana, pienso concluirlo. La habitación es fría, pero acogedora, bien equipada con colchas de lana y con un té con crema que pienso acompañar mi descanso.
La sencillez de sus costumbres, la banca de madera que permite sentir a veces una brisa fresca del mar, invita con imaginación a cambiar el paisaje cuando me abandono al pasatiempo mejor hecho por mi, cerrar los ojos y perderme en la voragine de aromas y susurros de este lugar.
Abrí los ojos y frente a mí una niña con mandil de muñequita me preguntó:          -¿Cómo te llamas?
-Natalia ¿Y tú?
-Valeria ¿Tienes novio? Vaya que me despabiló su inocente pregunta y sólo pude responderle-No, ¿Por qué?
-Porque yo te puedo conseguir uno aquí, no pude más que sonreírle, le dí la mano y un beso en sus cabellos rojizos encendidos por el ocaso del día.
A la mañana siguiente me despertó las campanillas de las vacas ¡Qué delicioso despertar! me asomé a la ventana y un hombre joven con el sombrero en mano me saluda levantando la mirada y siguió con su labor de llevar a las vacas al establo despues de pastar. Ciertamente el olor a pan recién horneado con un toque de manzana y la figura del gentil hombre que respetuosamente me saludó, abrió mi apetito.
Las caminatas, los asados de berengena y cordero, la hora del té, las líneas brumosas de las olas que rompían sobre las rocas dibujadas apenas por la tenue luz indigo que el mar reflejaba por la noche y... Si, la inesperada amistad del papá de Valeria que acompañó mis recorridos a la playa que por poco me estaban haciendo olvidar que tenía que regresar a la rutina del trabajo de una pujante ciudad. No tenía opción, mi opción fue ésta, vivir al máximo mis días de asueto a un lugar que nadie hubiera podido pensar en visitar, pero yo sí. El pueblo, llámalo como te gustaría que se llame, me encendió las ganas de volver, no a mi lugar de origen, sino de volver a vivir, de sentir con todos, valga redundancia, mis sentidos, la vida, la simplicidad con la que se me había olvidado vivir.
Llegué de mi viaje con una frescura en mi rostro, con un ramillete seco de lavanda entre las hojas del libro terminado de leer, con el sabor a campo, mar y el aliento de Gerard que perfumó mis arduas horas de trabajo y me dió fuerzas de esperar a volver a andar el camino de papas negras húmedas que llevan al acantilado y al mar.

Adolfo Delgadillo Padilla

sábado, 17 de octubre de 2015

CAMINO A LA IGLESIA


Me levantaba a las seis y media de la mañana a lavarme la cara y echarme agua en el cabello para peinarme. Me dirigía a la iglesia del pueblo por el camino engarzado de piedras humedecidas por las nubes que paseaban aquellas callejuelas adornadas de macetas coloreadas por flores que al igual que yo lavaban sus pétalos y peinaban sus ramas para comenzar el día.
A la par de mi casa hay otra con un árbol tan grande que se sale de ella regalando en la banqueta el cobre y oro que nacen de él aprovechando el sereno que las ayuda volar un poco más lejos. De esa casa que es de los papás de mi amigo Agustín, sale primero la criada con falda blanca almidonada a comprar la masa para las picadas.
Los burros, caballos y vacas que rumiando caminan creando una melodia con los cascos y sus patas; apurados por los perros que ladran, se dirigen al campo a degustar con sus hocicos los cristales adheridos en la sabana verde que sirve de cobijo a los grillos.
Rumbo a la iglesia voy jugando con mis pies a patear piedrecillas sueltas, piñitas que golpean mi cabeza al descolgarse de las ramas, tamarindos, tejocotes y limones que alimentan a centenares de hormigas que seguramente se despiertan antes que yo.
El aroma a epazote, hoja de aguacate para los frijoles, los chiles y tomates verdes asados, las tortillas al comal, chocolate y café se cruzan en mi andar matinal, al igual que la leña en anafres vivos los rubíes, obsidianas y acerinas crean el calor.
Ya falta poco para llegar a la iglesia, la misa comienza a las siete de la mañana, voy con tiempo para ayudarle al padre Jacinto a acolitar; mi mamá me cuenta que no todos en el pueblo van a misa, incluso me confesó que esas personas (me dijo los nombres, pero debo guardar el secreto) aún les queda leña de confesionarios y santos para cocinar. Yo me hago el desentendido y cuando me cruzo con estas señoras las saludo amablemente.
- Buenos días Angelito.
- Buenos los tenga usted doña Queta... ¡Chin, ya se me salió uno de los nombres! Tendré que confesarme, les pido me guarden mi indiscreción porfis.
Las señoras asisten a misa con rebozo cubriendose la cabeza, faldas abajo de la rodilla y zapato bajo, sin medias, salvo los domingos y dias de fiesta; libro y rosario en mano, que cuando oran, sesean. Los hombres, menos sobrios, al entrar al templo se quitan su sombrero para persignarse, acompañados algunos de sus nietos somnolientos con el moco seco de ayer.
En el atrio de la iglesia ya es abitual Don Federico, el limosnero del pueblo, que dicen que vive en Pueblo Grande, dueño de una casota. A mi eso no me interesa, el padre Jacinto me enseñó que la misericordia debe ser un compromiso personal.
Suenan las campanas dando la segunda llamada, la neblina se aleja y siento el reflejo que encandila la mirada, vislumbro los cerros que resguardan mi pueblo como una olla de mole.

lunes, 26 de enero de 2015

EL SENDERO


Las hojas descansan en la tierra bañada, vestida por el cesped y flores de manzanilla. Camino sobre los durmientes adornados por diamantes pulidos que encandilan para camuflagear la sencillez de su estadía.
El pasado es para unos fatigante para otros motivador, para mí significan ambas. Hipnotiza el sendero persistente del tren ¿Cuántas cosas he dejado por mi inmadurez y soberbia? Me obligo a preguntarme esto al avanzar.
He restado personas a mi vida por mi intolerancia, he renunciado a oportunidades y por omisión no sume esperanza de amor.
Ahora sé que el estrecho camino de la vida como la vía que ahora recorro, tiene una terminal.
Me cuestiono ¿La muerte es joven o lleva a cuestas los años que tiene de experiencia? Se burla de nuestra condición mortal o ¿envidia lo que nunca ella ni por un instante nosotros acumulamos en experiencia? ¿Ésta es su venganza? Ser la que le corresponde, arrebatarnos de las nubes de la vida y de esa manera, aunque no lo logre, soñar (si es que le es lícito dormir); vivir un fragmento del don que a ella le ha sido negado.
Sigo aspirando el rocio, observo como las mariposas exploran el polen de las flores, vivo la experiencia, retomo el poder, una, para no cometer los mismos errores y dos, buscar a la gente que dejé ir porque hoy por hoy me es claro que existen dos pecados: el no ser felíz y el no cuidarse.