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jueves, 7 de noviembre de 2024

MADUREZ


Abrir la puerta de la luz, compartir la sapiencia a los que se encuentran en la oscuridad de la ignorancia es preservar el bien del hombre.

La madurez llega con los años, lástima que llega demasiado tarde, dicen algunos, pero la vejez debe tener el encanto que no puede tener el tesoro de la juventud.


domingo, 12 de junio de 2022

DICE MI MAMÁ QUE TE VAS A MORIR DE VIEJO

Cada vez que nos peleábamos mis hermanos y yo íbamos a acusarnos con mi mamá y ella siempre nos consoloba diciéndonos "Dile que se va a morir de viejo/a".

Yo, no entendía del todo esa frase, pero si mamá lo decía, era un castigo de verdad. Así cada vez que me peleaba con mis hermanos les decía "Te vas a morir de viejo" y les fruncía la nariz y les sacaba la lengua. 

Ahora entiendo la terapia de arreglar los pleitos, los desacuerdos, los enojos, las pataletas entre mis hermanos y yo que, en vez de castigo "Te vas a morir de viejo" era una bendición.

Claro, el tiempo pasa y ahora las palabras pasan de esa a otras más fuertes y quizá ya no veamos muy convencidos esa sentencia cuando has llegado a viejo, porque, pues ya nada es igual. Sin embargo siempre, a pesar de que ahora las discusiones son diferentes es una bendición llegar a viejo, ver y conocer a quien no existía, conocer nuevos lugares, disfrutar infinidad de momentos hermosos, si, otros no tanto pero, aprender de ellos.

Ahora que han pasado los años he disfrutado más esa frase y otras como "Como te ves me ví, como me ves te verás", me he dado tiempo de preguntarme ¿Cómo fué la vida de niño de mi papá? Y me la imagino para entender muchas cosas.

Ese recuerdo de mi mamá hace que la viva con más intensidad y decir qué, nos lo cumplió, ahora Cata, Martha, Aida, Vicky, Toñin (porque sigue siendo nuestro hermano chiquito) y Yo llegamos a viejos.

No sé a quién de nosotros no se nos ocurrió, enojados, seguirle diciendo esa frase mágica a nuestro hermano Miguel, porque él si que no llego a viejo, pero me consuelo que si llegó a ser un ángel en nuestras vidas.



martes, 18 de diciembre de 2018

EL VIEJO



Era necesario, urgente retirar las jergas de las habitaciones para que el abuelo no terminara limpiando el piso como ellas porque un día de estos se iba a caer pisandolas y resbalarse.
Dijo Eustacia, de la que era evidente que el abuelo Eusebio le importaba. El abuelo aunque se sabía de pies a cabeza el teje y maneje de esa casa y que podía andar a ciegas en ella, estamos de acuerdo que no tenía ojos en los pies y por lo tanto sus movimientos ya no eran tan ágiles como para darse el lujo de contar una de esas caídas.
Don Eusebio era un viejo muy querido y aunque era muy testarudo, sus nietos e hijos lo procuraban; esperanzas que lo vieran como un mueble.
-Abuelito, tómate tu medicina
-¡No y tres veces no! dejen de jorobar, la medicina a ustedes los tiene drogados.
Caminaba aletargado arreglaba esto, acomodaba lo otro; con el solo toque de su bastón le devolvía la luz a un foco que se había apagado cuando su familia lo creía fundido, removía la tierra de las plantas y recogía la basura con el mismo bastón.
Muchas veces sentados a la mesa Don Eusebio hacia gala de su sabiduría y les compartía su particular punto de vista a su prole, "Sean firmes en lo que yo les he inculcado, si es cierto que yo no tengo la verdad absoluta, pero es lo que me ha hecho vivir tanto, recuerden que el único pecado en esta vida es: no ser felices, el peor sentimiento que alguien te puede dejar es: la culpabilidad..." Y así día a día les demostraba su amor.
-Abuelito, eres todo para mí
-Y ustedes son lo único para mí, lo único que voy a dejar, son mi herencia- le respondió a Eustacia que siempre la dejaba con algo en que pensar mientras retiraba las jergas que pudieran cruzarse en el camino del abuelo.

Adolfo Delgadillo Padilla

martes, 4 de septiembre de 2018

DOÑA CUQUIS



Me parece curioso que la muerte de un persona sea como un reloj de arena que nos recuerda que desde que nacemos comenzamos a morir y, si es así, ¿porque le tememos tanto a la muerte? ¿No sería mejor cambiar nuestra actitud y modo de ver la vida? Sí alguien nos hace una reflexión filosófica, algún día vamos a morir, porque no contestarles, si, pero los otros días no y, vivir la vida que con tanto trabajo nos hemos empeñado en buscarle conflictos en donde no los hay y cuando los hay nos ahogamos en un vaso de agua; se supone que ya deberíamos de estar entrenados a pelear con los problemas y vicisitudes que la vida nos presenta por tanta necedad de estar, reitero ver problemas donde no los hay.
Cuquita partió sin aspavientos, no le aviso a nadie y no acostubraba quejarse de nada, no, esperanzas que yo me esté midiendo con la comida, si me he de morir, me he de morir de algo y ni tiempo tengo de enfermarme ¡Qué va! Nadie va a venir a barrer mi casa ni a darme de comer, yo soy quien a paso lento voy al mercado, me decía. El marido la había dejado cuando ella, mujer chapada a la antigua, lo seguía amando, pero con dignidad, no lo buscó. Se la encontrará más chichona, pero más lechona, no.
Ella fue la primera que me dió la bienvenida al edificio de departamentos, echándome bronca y leyéndome las reglas del lugar, era escandalosa al hablar y por eso uno sentía que estaba regañando, no tenía pelos en la lengua, mi boca no paga renta, quizá porque sabía que ya no tenía que perder, lo que perdió la fortaleció y al saberse con una afección cardiaca, lo único que le quedaba hacer era ser la dueña y señora de su vida.
¿Qué pensaste? que me quedé callado cuando me dió tal recibimiento, claro que no, escuchó mi boca de la que salen mis mejores golpes y, desde ese momento me vio como su igual y de allí pal' real nuestra relación se hizo tan cordial como franca.
Un día me enseñó una foto de joven, ciertamente me sorprendió su belleza tan minada por el paso del tiempo. Un vecino le puso "Cuquita doña Pedos" por tener la facultad de señalar las cosas incorrectas que deberíamos de evitar para una sana convivencia en un condominio donde no faltan los que no pagan las cuotas y estar, lamentablemente, viviendo a expensas de los que si cumplíamos con las reglas.
¿Qué aprendí de mi vecina que vivía tan cerca de mi? A medir mi ímpetu, a ser tolerante, a deberle respeto a las personas y convivir con gente que ni de mi familia era, pero que al final la terminas viendo como tal, a ser más humilde viendo pasar los problemas del otro, las perdidas del vecino del departamento 2, las dificultades económicas de la vecina que a nadie saluda sin siquiera ponernos a pensar las batallas que todos y cada uno luchamos; le aprendí a callarme porque ella no lo hacía y a escucharla por toda su sabiduría que me empapó, ummh mira, te voy a decir como nos decía mi papá: ¿Qué hace en esa ventana rolléndole el culo a los vecinos? ¡métase a su casa a hacer algo de provecho!
Quizá alguien tome su lugar porque el que ella dejó no conviene que quede vacío, ya que esta unidad necesita gente como ella.
No sé preocupe Cuquita, haremos bulla, levantaremos la voz, y barreremos su lugar para que nuestro dolor sea menos y nuestra conciencia nos aleje de ese reloj de arena que nos recuerda que tarde qué temprano el último grano de arena no dejará de caer, pero mientras, vivir los otros días que no hemos de morir.

Adolfo Delgadillo Padilla

miércoles, 9 de noviembre de 2016

SABIDURÍA


¿Quién dice que las tristezas no se viven? qué nos sirven para aquilatar lo que tenemos y lo que no debemos de acumular.
A la tristeza hay que observarla de manera diferente a como nos la han mostrado: con una oportunidad de renacer, de tomar fuerza, de aprendizaje.
La vida no es más de lo mismo, la vida nos procura diversidad a los sentimientos para que ninguno de ellos envejezca.
El carácter que nos forja la tristeza es para los que hemos aprendido que la tristeza es para vivirla, para sacarle todo el jugo de enseñanza, no para aquellos que se quedan a disfrutarla sin soltarla.
La tristeza une y está visto que la tristeza tiene hijos: como la amargura, la soledad, el aislamiento, el propio abandono.
La tristeza es un sentimiento que tenemos que verla con ojos diferentes, con una mirada inteligente, como una aliada para salir fortalecidos de esos momentos nada deseables.
Desde hoy conciliar con la tristeza será nuestra tarea de vida.

RESCATE


La arena de la playa le hacia sentir un bienestar al caminar, hundir sus pies en ella, dejar sus huellas que al instante eran borradas por las volubles olas espumosas como el champán, el grato aroma del mar y el suave sabor a sal le saciaba el alma.
Desafiar sus desavenencias, de las cuales no tenía el control porque no dependían de él, en momentos le atosigaban su paz interior, muy a menudo desasosegado y cuestionandose si hacía lo correcto o no.
Conservar su último resquicio de libertad, la adquirida sabiduría de niño, la que se otorga por pureza, que le pertenece a todo aquél que la disputa por derecho, la que se traspapeló y contaminó por su mundo exterior, a causa de miedos, prejuicios, conciencias sociales y culpas.
Las piedras desnudas, las conchas arropadas por la playa cuando varan a ella y el sutil maquillaje de la brisa en su piel le dan ánimo para enfrentar el mayor obstáculo: Él.
Saber defender la individualidad, mudarse de la ropa ajena, descabezar al miedo y no ceder por un mendrugo de pan de hoy en adelante sería su objetivo.