En esta Navidad la sobriedad en el corazón debe hacerse a un lado, es momento de echar rienda suelta a la alegría, gozo, esperanza, perdón y a la reconciliación con uno mismo para los demás.
La única sobriedad que debe penetrar en uno es en la soberbia, orgullo, pedantería, el trato con los débiles, los pobres.
Es tiempo de recordar sin olvidar que festejamos el nacimiento de Jesús, hijo de Dios, nuestro salvador; quien trajo para todos el amor incondicional de su Abba, nuestro Papito. Estas fechas son una oportunidad de abrir nuestro corazón para dejar salir el rencor y permearlo de esa generosidad por lo cual fue creado.

