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miércoles, 15 de marzo de 2017

VISITA DE MAMÁ GRANDE


Cuando no llega la inspiración ¿Con qué me quedo para escribir? ¿Con el alma, espíritu o el sentimiento?
La razón es tan fría que no me permite soñar, volar, crear fantasías difíciles de creer. Cuando la apatía se instala en mi ser, no hay máquina de imaginación. ¿Pero la vida no es parte de la imaginación? Muchas veces he soñado vivir y vivo soñando, entonces ¿Por qué no permitirme crear los sueños sin soñar?
Recuerdo a mi abuelita que en las noches cuando sus hermanas llegaban se ponían a platicar sobre fulano, sutano o merengana, sus platicas eran sobre sus recuerdo, giraban las historias en la revolución o de espantos; estás charlas me mantenían al hilo hasta que el sueño me vencía.
Cualquier día, quizá de lluvia que ayudaba arrullar o como sedante de todo un día ajetreado se me quedó grabado el ritual del saludo entre vecinos y, digo vecinos cuando los separaban muchas veces maizales eternos. Hoy por hoy ni el saludo de mano quiero dar, mucho menos con esta tecnología en dónde por saludo es un Whatsapp.
Si el pinole fuera tiempo de un reloj de arena, el tiempo en mi ya no existiría, todo me lo comería, pero vino a mí, me recordó las sencillas tortillas con frijoles y salsa roja de molcajete, atole de masa y las manos rugosas de mi tata Martha.
Y me pregunto si la ciencia es un sueño o sueño con la ciencia, pero no se me presenta real en mi acción porque vivo de mi pasado y, dicen que quien no tiene pasado no tiene derecho a vivir el presente.
No recuerdo cuándo me abandono mi abue ni tampoco si ella sigue acompañándome ¿Quién sabe si la muerte no es la misma, de estar o no estar en esta vida? Que no es como la creemos, eterna, que muere; la muerte para siempre por siempre pero no eterna, porque la locura pasajera por la vida misma es un don que debemos exprimir hasta lo amargo de lo vivido.
Es por eso que cuando la inspiración no entra, debo muchas veces de abrir el cuaderno de mis recuerdos.

viernes, 3 de octubre de 2014

LA MUÑEQUITA


La Ciudad de México estaba limpia, los días contaminados quedaron atrás gracias a las nuevas energias descubiertas por la U.N.A.M.,extraidas del maíz, plantas y deshechos orgánicos. Susana caminaba por la parte peatonal que era más ancha que la consignada a bicicletas y vehículos. Tenia que ir a hacer unas compras a dos de los muchos centros comerciales, erróneamente llamados "malls" (porque estamos en México pero con esto de la globalización nuestra identidad está en amenaza) construidos en subterraneos -por eso de extenderse debajo de la tierra y no utilizar más espacio-.
Escuchó de un transeúnte exclamar: ese car-fly es del Secretario de Defensa y ese otro que viene por el oriente es de la hija -por cierto muy bella- del dueño de la fabrica de los coches voladores. Subió la mirada ¿cuánto tiempo llevaba desconectada por el ajetreo de su profesión y por su indiferencia al mundo, éste que a pesar de que estabamos en el año 2040 se le sigue señalando?
Percibia las miradas y deseo de los hombres y admiración de las mujeres o, la envidia y desconfianza que despertaba al pasar, a pesar de que se esmeraba, exactamente, de ser desapercibida.
"¡Cierre las piernas!" -ordenó la "miss" educada a la antigua a una niña en el salon de clases, (otra vez el anglosajismo). "¡Abra las piernas!" -con una regla pegándole a mi amigo Keneth, el cuál le conflictuo en su orientación sexual y a mi me resultó como un presagio en mi vida-. ¡A que tiempos aquellos! -suspiro Susana, ahora llamada Carolyn-, (tanto que se quejaba de los nombres extranjeros) por la exigencia de su trabajo.
Una tarde de verano de aquel año 2000 cuando sólo contaba con diez años, su abuelita, llegaba del mandado en un "mercado de sobre ruedas", (que ya no existen) les gritó a ella y a sus amigas Aida "la flaca" y a Sofia "la piojosa" -¡Órale pa' dentro, que tanto se la pasan rrollendole el culo a las vecinas!". Su abuelita que era como su mamá y de paso de sus amigas, aprendió a no temerle al abandono de los hombres cuando la escuchaba decir: ¡Pues se la encontrará más chichona, pero más lechona, no! Y con esta sabiduría popular familiar, creció ¡Y como creció!
Perdió la noción del tiempo, entró a un café que tenía un cristal donde le pareció ser la maniqui del escaparate; suspiró, miró lasciva a todo aquel que la veía, los enfrentó como en una confesión, con voz interior, pero firme y consciente. "Sólo les ruego no verme como lo que soy, ni como lo que jamás quise ser, más bien como alguien que ha sabido mitigar los anhelos frustrados del amor de otros y el propio".
Un día cumplió con su jornada, se dirigió al espejo y lo vio diferente, mas bien ella era otra. Regresó a su departamento, decidió simplificar su vida así como su maquillaje; salió sin disimular su atractivo y percibió el cambio en los demás.
Siempre se le quedaran grabados los dichos de su "ma' grande" - Las sirenas no abren las piernas para evitar a los pelafustanes-, pero yo las abrí porque aprendí a descamarme de la indigencia, de la ignominia e ineptitud; si no lo hubiese hecho así, hubiera muerto de inanición, aunque ahora esté resucitando de esta realidad de ser luciérnaga de la noche.