En un mundo donde nos parece que el silencio de Dios es agobiante, los seres humanos tenemos la obligación de tomar la palabra y al tomarla nos daremos cuenta que lo agobiante era estar callados sin decir nada.
El silencio era nuestro.
El silencio era nuestro.
Por esta razón es razonable aseverar que un mundo nació con la venida de Jesús y nosotros resurgimos por ello.
Entender que la vida es un regalo, que muchas veces despreciamos pero que con el tiempo valoramos; entonces vivamos plenamente mientras podamos y no calculemos el precio de la felicidad, no escatimemos en ella.
Vivir convencidos y saber lo afortunados de ser elegidos para esta maravillosa experiencia.
En ésta época de Navidad, que todo lo bueno sea un pretexto para echar a andar el amor.
El mundo se renueva cuando encontramos a Dios ¡Imposible pensar diferente!